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Juan Pinilla: «La etiqueta ‘protesta’ encaja más con los que arriesgaron su vida»

Juan Pinilla o el compromiso social desde el arte jondo. Alguien le definió como «cantaor con conciencia de naves hundidas». El 3 de junio canta en Sevilla (Plaza de Armas), la tierra de sus admirados Carbonerillo, Vallejo, Tomás, Pastora, El Pinto…

Ganador de la Lámpara Minera 2007, investigador, traductor, entrevistador, columnista… El cantaor Juan Pinilla (Huétor-Tajar, Granada, 1981) es algo más que un artista del cante. De entrada, es el cantaor de flamenco más coherente de la amplia nómina actual. Y uno de los más preparados, por no decir el que más. No da bandazos, ni políticamente ni desde el punto de vista flamenco. Su compromiso con el flamenco recuerda el de otros grandes artistas que, como Morente, Menese o Gerena, entendieron que había que arremangarse y estar con el pueblo, mojarse, meter el hombro. En este sentido, Pinilla es todo un ejemplo. Este jueves canta en Sevilla, en Plaza de Armas, donde presenta su último disco, Humana raíz, a la venta el 4 de junio. Es su primera entrevista en ExpoFlamenco, y se ha explayado.

 

– ¿Quién es Juan Pinilla?
– Soy un muchacho andaluz, de Huétor-Tájar, un pueblo regado por el Genil en el extremo occidental de la provincia de Granada. Me he criado en una familia trabajadora de aficionados al flamenco. Estudié en la universidad y la mitad de los años que llevo cotizados a la Seguridad Social han sido en medios de comunicación. De adolescente me aficioné a la literatura, y leer me llevó a un interés mayor por las cuestiones que atañen a los seres humanos. Así, fui tomando conciencia política y social, y procuré, en la medida de mis posibilidades, ser coherente con lo que pienso y con mis actos. El flamenco forma parte de mi vida desde que tengo uso de razón, aunque nunca me propuse ser cantaor hasta que un amigo me apuntó a un concurso, fui por hacer la broma y gané el primer premio.

– ¿Qué pasó a partir de ahí?
– Comenzó mi rodaje por esta música, cuestión que alterné con el periódico y los estudios. Cuando gané la Lámpara Minera me volqué más si cabe en el cante de forma profesional. A partir de ahí se abrió en mi vida un periodo reflexivo, viajero, muy interesante, que me llevó por medio mundo y me permitió conocer a personas que admiro. Por lo demás, soy alguien sencillo que disfruto con la familia y los amigos. Nada del otro mundo.

 

«Subirse a un escenario es una oportunidad maravillosa para sensibilizar las mentes y los corazones. Creo que el arte no solo debe servir para hacernos sentir, sino por encima de todo para hacernos reflexionar»

 

– ¿Canta por el mensaje que quiere transmitir o porque le gusta cantar?
– Creo que el flamenco tiene algunos de los textos poéticos más bellos y mensajes mejor condensados de la literatura. Los mejores poetas de nuestra tierra, antaño, hundieron sus raíces en la poesía popular andaluza, como es el caso de los Machado, Lorca o Hernández. El mensaje importa y ha importado siempre, hasta que la ordalía del presente ha acabado por quemar el buen gusto y ha impuesto otras modas. Jamás podría cantar A un anciano le pegué/ porque me faltó en la calle, porque yo no pego a ancianos. Tampoco podría cantar Con un puñal la maté o letras a las candelas y dormir bajo los puentes, porque sencillamente serían mentira. Pero vamos, yéndonos a otras lides, tampoco cantaría jamás a un banco que desahucia a familias, y algún compañero lo ha hecho.

– ¿Es de familia flamenca, entonces?
– En mi familia cantaban todos, desde mi padre a mi abuela, los hermanos de esta, que eran marcheneros, alguno de mis tíos. Una prima hermana de mi padre tiene un disco con Juan el de la Vara. Mi padre canta muy bien por Vallejo, El Pinto y El Sevillano. Además, escribe letras muy bonitas. Partiendo de esta base, canto porque me gusta, porque es la música que he interiorizado en mi familia desde niño. Además, pongo cuidado en seleccionar los textos por una cuestión de conciencia poética y también social, ya que subirse a un escenario es una oportunidad maravillosa para sensibilizar las mentes y los corazones. Creo que el arte no solo debe servir para hacernos sentir, sino, por encima de todo, para hacernos reflexionar. De ahí al panfleto, cuestión que no comparto, hay mucho trecho.

– ¿Le gusta que le llamen cantaor protesta o se considera otra cosa?
– Creo que la etiqueta de protesta les encaja más a los que arriesgaron su vida, como el caso de mi buen amigo Gerena, Menese, mi maestro Paco Moyano o de El Cabrero, que cantaron en momentos muy difíciles. Algunos como Luis Marín fueron asesinados directamente por cantar letras protesta. El flamenco también puso sus mártires en la Transición. Los nombres de Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía, Antonio Gades y algunos más aparecían en las listas que confeccionó la ultraderecha para ser fusilados tras el 23 F. Que no se nos olvide. Por todo esto, no me atrevería a reclamar para mí esa denominación por una cuestión de respeto y reconocimiento hacia todos ellos. Me gusta más aquello que decía Javier Egea: cantaor con “conciencia de naves hundidas”.

 

«El compromiso que hubo en otras épocas está casi desaparecido en la actualidad. Ahora hay compromiso con los ceros de la cuenta bancaria»

 

– Dígame una voz, un cantaor en el que se haya mirado.
– Permítame que sean varios. El primero fue Manuel Ávila, de Montefrío, por una cuestión de cercanía geográfica. Ese cante en estado natural que tenía Manuel me llevó a Vallejo, al que había escuchado mucho en mi infancia, y a Pastora, que son para mí los dos más grandes. Con mi aplauso y respeto a tantísimos otros, son los dos cantaores totémicos. Pero, por ejemplo, Mojama es también un imprescindible bajo mi punto de vista. Nadie supo aunar a Chacón y Manuel Torre como él. Luego soy mucho de la escuela sevillana. Escuchar al Carbonerillo, y lo digo así, me hace ser más sensible, mejor persona. No sé, yo me he criado en un ambiente muy abierto musicalmente. Nunca me han gustado las filias y las fobias. A Mairena le he dedicado muchas horas de escucha atenta y todavía no he conseguido que nadie me explique a qué se refieren con eso de que era “frío”. A ver si el mercurio de sus termómetros está mal ya desde la fábrica, porque creo que esas cuestiones tienen que ver mucho con el conocimiento. Enrique Morente, Camarón, Carmen Linares, La Paquera, Diego Clavel, Juanillo El Gitano, Cobitos, Mayte Martín… La lista es muy grande.

 

 

– Es autor de Las voces que no callaron. ¿Está convencido de que los flamencos son artistas comprometidos en general?
– No. De hecho, yo diría que el compromiso que hubo en otras épocas está casi desaparecido en la actualidad. Ahora hay compromiso con los ceros de la cuenta bancaria. La idea de escribir ese libro parte más bien de una afirmación que me resultó hiriente: “Los flamencos son del sol que más calienta”. De acuerdo, puede que hayan existido casos muy poco edificantes, pero pretendí hacer una especie de ensayo que demostrara que han existido mujeres y hombres en el mundo del flamenco con un compromiso y una dignidad encomiables. Para ello eché mano de los estudios que existían sobre el tema y recopilé los suficientes datos como para refutar tales afirmaciones. Hubo gente que vivió su tiempo, que vivió el momento y que tomaron partido. La historia es triste y apasionante, cargada de anécdotas, muertos en fosas comunes, desaparecidos, dolor y exilio. Y también es la historia del flamenco, pero una historia que han pasado por alto algunos tratadistas. Yo creo que se deben conocer todos esos datos, porque sitúan a los flamencos en el plano en el que estuvieron los grandes artistas del siglo XIX y XX en otros países.

– ¿Por qué al actual Gobierno de izquierdas le gusta tan poco el flamenco? O a lo mejor cree que le encanta…
– Es que no conozco a ningún gobierno que le guste el flamenco, por desgracia. Yo fui muy crítico con el Ministerio de Cultura cuando vino el confinamiento. No me duelen prendas en alzar mi voz para decir que han dejado morir de hambre a todo un sector. Pero tampoco creo que sea exclusivo de este gobierno. Si tiro la vista atrás no veo muchos flamencos en el de Rajoy, ni el de Zapatero, y el de Aznar era el gobierno más antiflamenco con todos aquellos señores de la guerra. Recuerden a los ministros de cultura de entonces. Creo que es algo sistemático y que cabría explicar bien, porque ¿han sido flamencos los gobiernos de la Junta de Andalucía? Las etapas de Manuel Chaves y Susana Díaz han sido terribles. Se perdieron más del 80 por ciento de los festivales flamencos. Y además, ¿qué ocurría con el dinero público destinado al flamenco? ¿Qué ocurría con las contrataciones de la Agencia Andaluza? Con todos los respetos a las cuestiones artísticas de los compañeros, estoy opinando sobre un modelo de gestión. Quiero recordar que una famosísima bailaora se levantó preguntando si debíamos tener el carnet del PSOE para trabajar en Andalucía. Y desgraciadamente, hubo una época en la que esto fue así. Yo no viví esa época, pero la puedo valorar en función de las informaciones que hay publicadas. Es decir, creo que la gestión política con respecto a esta música y esta cultura tan genuinas, en términos generales, ha sido nefasta por parte de todos. Nadie se ha preocupado por mejorar la situación de un sector tan precario. ¿Dónde están los mecanismos de control para asegurarse de cuánto perciben los artistas flamencos y cuánto se queda en intermediarios? No sé, son muchas cosas, muchos detalles turbios que muy pocos se atreven a denunciar por cobardía e ignorancia fundamentalmente.

 

«El flamenco tiene algunos de los textos poéticos más bellos de la literatura. Antaño, los mejores poetas de nuestra tierra hundieron sus raíces en la poesía popular andaluza, como los Machado, Lorca o Hernández»

 

– Le recuerdo algo que se decía hace medio siglo: el flamenco no se puede politizar. ¿Qué piensa de esto?
– Pues estoy absolutamente de acuerdo. Como lingüista me veo en la obligación de explicar lo que significan las palabras, porque la gente confunde politizar con política, y no es lo mismo. Dedico un capítulo entero a esto en el libro. La politización en el flamenco y sus nefastas consecuencias las hemos hablado en la anterior pregunta. Pero cabe explicar que nada ni nadie escapa a la ideología y a la política en términos generales, ya que todo, hasta la acción más inmaculada de un ser humano, está determinada por la política. Desde el precio del combustible de los coches hasta las letras del flamenco. Es decir, la visión del amor que observamos en las letras del flamenco está determinada por una ideología predominante en la época. Esto ya se ve en los juglares, incluso en la música clásica. Todo responde a una concepción ideológica. Está explicado en numerosos estudios y tratados que lo desgranan mucho mejor que yo. A quien tenga interés en el tema, le recomiendo Teoría de la producción ideológica, de Juan Carlos Rodríguez. Por lo tanto, politizar un género musical como el flamenco es un crimen, pero no podemos evitar que exista ideología en todo lo que atañe al mismo.

– ¿Qué es para usted cantar en Sevilla?
– Yo tengo una visión muy romántica de las cosas. No puedo abstraerme de esas escuchas flamencas infantiles y todo lo que significan para mí, ni paso por Sevilla sin darme una vuelta por la Campana, por el bar que fuera del Pinto, o visitar la Alameda e imaginarme a Tomás, El Gloria, Caracol y todos su moradores, o frecuentar los sitios de Mairena o pasear Triana y acordarme de todos sus personajes. Más de una vez he recorrido Sevilla con libros en la mano donde explicaban la calle en la que vivía Pastora, y todos los demás. Ha sido mi particular peregrinación. Sé que más de un buen aficionado va a entender esto que digo. Por lo tanto, para mí cantar en Sevilla es eso. Ir a la tierra de mis admirados Carbonerillo, Vallejo, Tomás, Pastora, El Pinto… Además, por una serie de vicisitudes, no me he prodigado mucho por allí, así que la alegría y la responsabilidad es mayor aún.

– ¿Qué quiere hacer cuando sea mayor?
– Bueno, nunca me planteo el futuro, quizá porque desde adolescente he padecido de arritmias y estoy tocado de la caja de cambio. Esos continuos sustos, ingresos y demás te dan otro sentido de las cosas, un sentido más inmediato. Pero si la salud me lleva hasta la vejez, quizá de mayor se abra de nuevo un tiempo de laxitud en el que pueda estar de nuevo al lado de un tocadiscos tantas horas como pasaba de adolescente. Eso por un lado, pero por otro también me gustaría echar la vista atrás y ver que tanta lucha ha merecido la pena, que tanto trabajo y sacrificio no han sido en vano. Sé que los jóvenes de hoy no cobraremos pensión por mucho que coticemos, así que me imagino trabajando, porque mi ética no me permite tener un fondo de pensiones, y enredado en cantes, en libros y en manifestaciones. O sea, exactamente igual que ahora, pero con más años.

 

El cantaor granadino Juan Pinilla. Foto: Raquel López

 

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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