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Niño de Pura: «La nueva generación sitúa a la guitarra flamenca en un lugar privilegiado»

El guitarrista sevillano Niño de Pura reflexiona sobre el presente del toque flamenco y, de puntillas, sobre su regreso al profesorado del Conservatorio Superior de Córdoba, con dos sentencias iguales pero distintas. «La guitarra siempre ha sido lo menos valorado en el flamenco», dice.

De aquel affaire, del que reflexiona con cuentagotas, dice que habrá que esperar un poco más para conocer su final. Ya saben, lo del Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco, Córdoba. En septiembre de 2019, los guitarristas Daniel Navarro Cruz – Niño de Pura (Sevilla, 1966) y Manolo Franco, profesores con quince años de bagaje en la institución, fueron expulsados por no poseer la titulación adecuada para ejercer su profesión. Los jueces han fallado a favor de ambos, pero no está claro aún si Daniel volverá a aquellas aulas cordobesas. No será por la endeblez de su currículo, que incluye, entre otros, un Giraldillo del Toque (Bienal 1990), el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología de Jerez o el Premio del Festival Nacional del Cante de las Minas en La Unión, además de acompañar a primeras figuras y editar una amplia discografía –Capricho de bohemias (1986), Caliente (1991), Más allá de la luz (1993), Maquida (1996), Pozo y caudal (2002)…– que refleja su evolución en la concepción contemporánea de la guitarra flamenca.

En esta entrevista con ExpoFlamenco, Niño de Pura afirma que al toque flamenco está llegando la otra generación, fruto de las anteriores, que pone a la guitarra en un escenario privilegiado. Sobre el aprendizaje de este instrumento en los conservatorios, reconoce que hay materias incompletas o no del todo apropiadas que podrían ser sustituidas por otras que aportarían mucho más a los alumnos. De los clásicos, cita a Manolo Sanlúcar y Paco de Lucía. El primero, porque es el espejo al que siempre le ha gustado mirar. El segundo, porque de pequeño soñaba con poder ejecutar su picado. De los nuevos, menciona a Antonio Rey. Sobre la guitarra de concierto, dice que allí es donde este instrumento alcanza su mayor esplendor, aunque no todo el mundo puede alcanzar ese estatus. Y respecto a si la nueva generación mantendrá el pulso de la tradición y el clasicismo, «ojalá sea así».

 

– Su nombre ha salido a la palestra en los últimos tiempos por asuntos burocráticos. Pero hablemos de guitarra flamenca.

– Por desgracia, sí. Pero en estos momentos prefiero no hablar mucho de este asunto, ya que el proceso judicial aún está en curso.

– Defina el momento que atraviesa la guitarra flamenca en la actualidad.

– Para mí esta en su mejor momento, porque después de la generación Paco de Lucía – Manolo Sanlúcar llegó una generación de seis o siete guitarras con colores muy distintos. Eso es lo más importante, la personalidad. Y ahora está llegando la otra generación, fruto de las anteriores, que pone a la guitarra en un lugar privilegiado.

– ¿Siente el reconocimiento de público y medios hacia su gremio? ¿Quizá en mayor grado allende fronteras?

– Pues sí, sigue siendo cierto que nadie es profeta en su tierra. En el extranjero me siento más arropado y querido, la gente me muestra más su admiración y cariño. Con esto no quiero decir que en mi país no pase lo mismo, pero sí es cierto que ocurre en menor escala.

– ¿Y hacia la guitarra flamenca de concierto?

– La guitarra flamenca de concierto es una modalidad muy sacrificada, ya que para estar a un buen nivel hay que dedicarle muchas horas de trabajo.

 

«Mi sentencia ha salido favorable, al igual que la de Manolo Franco, pero él va a ser readmitido y yo no. Siendo el mismo caso formulado de la misma manera, cada juez ha tenido un criterio distinto. Aún está abierto el proceso, así que no sabemos cómo va a acabar»

 

– ¿Por qué todos los guitarristas flamencos quieren ser concertistas, con lo difícil que es plantarse en un escenario con la única compañía de una guitarra?

– Creo que todo el mundo aspira a ser concertista de guitarra porque es donde la guitarra alcanza su mayor esplendor. Allí el guitarrista tiene libertad absoluta para mostrar su forma de entender la música y mostrar sus capacidades. También es cierto que no todo el mundo puede alcanzar esto, porque es difícil aguantar la presión que conlleva ser guitarrista de concierto.

– ¿Qué guitarrista de la nueva generación llama poderosamente su atención?

– Bueno, para mí hay varios guitarristas con un gran nivel. Si tengo que decir uno, diría Antonio Rey.

 

 

– ¿Qué guitarrista de los clásicos ha influido más en usted, ya sea a la hora de crear su estilo o de despertar su pasión? Sospecho que me va a citar a Manolo Sanlúcar.

– Indudablemente, la figura de Manolo Sanlucar ha sido para mí el espejo donde siempre me ha gustado mirar. Eso no quiere decir, por supuesto, que no me haya fijado también en el maestro de maestros, Paco de Lucía. De hecho, de pequeño siempre admiraba su picado, su técnica en general, y yo soñaba con poder ejecutarlo como él algún día.

– ¿Cómo valora los estudios oficiales de guitarra flamenca en la actualidad, especialmente en conservatorios, que es lo que Ud conoce más a fondo?

Bueno, creo que se puede mejorar. Bajo mi punto de vista, hay materias incompletas o no del todo apropiadas que podrían ser sustituidas por otras que aportarían mucho más a los alumnos.

 

«En el extranjero me siento más arropado y querido, la gente me muestra más su admiración y cariño. Es cierto que en mi país ocurre en menor escala»

 

– ¿Por qué el toque aparece en los carteles en menor cuerpo de letra?

– Eso normalmente ocurre en los festivales de flamenco porque lleva siendo así toda la vida. La guitarra siempre ha sido lo menos valorado en el flamenco. Sin embargo, gracias al auge de la guitarra en este momento, tiene el lugar que le pertenece en eventos importantes.

– A nivel personal, ¿cómo ha vivido el confinamiento? Ante la ausencia de conciertos, ¿ha podido avanzar, componer o redescubrir a algún autor olvidado?

– Mi confinamiento ha sido para reflexionar sobre muchas cosas que no te paras a pensar en el día a día. No he compuesto mucho, porque la situación, que ha sido muy preocupante, no ha dejado que mi estado de ánimo estuviera óptimo para crear.

– ¿Cómo vislumbra el futuro de la guitarra flamenca? ¿Mantendrá el pulso de la tradición y el clasicismo? ¿Se decantará por el coqueteo con otros sonidos? ¿Seguirá despertando el interés de las nuevas generaciones?

– Seguirá despertando en interés de las nuevas generaciones, eso seguro. En cuanto si se mantendrá el pulso de la tradición y el clasicismo, ojalá sea así.

– Recientemente, decía, usted y Manolo Franco protagonizaron un litigio con el Conservatorio de Córdoba, institución que inicialmente prescindió de los servicios de ambos por no poseer la titulación adecuada y ahora se ha visto obligada a readmitirles. ¿Quiere compartir con nosotros una reflexión sobre esta circunstancia tan surrealista que asombró a todo el mundo del flamenco?

– En realidad, el Conservatorio de Córdoba no es el culpable de nuestro despido. Ha sido la Junta de Andalucía quien ha tomado la determinación. Ahora mi sentencia ha salido favorable, al igual que la de Manolo Franco, pero con algunas diferencias que hacen que Manolo tenga que ser readmitido y yo no, siendo el mismo caso formulado de la misma manera, pero cada juez ha tenido un criterio distinto. Aún se encuentra abierto el proceso, así que no sabemos cómo va a acabar. Tendremos que esperar un poco más.

Fotos de Niño de Pura: Aneta Ludwig

 

 

 

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Periodista andaluz de intereses etéreos y estrofas cabales. Tres décadas de oficio en prensa musical y cultural. Con arrimo y sin arrimo, para seres de cualesquier afecto.

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