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Juan Luis Manfredi: «El flamenco llega a todo el planeta, pero en muchos casos llega averiado»

El profesor Juan Luis Manfredi es autor del libro 'Flamencos de ayer y de siempre'. Una selección de entrevistas publicadas en ABC de Sevilla entre 1971 y 1976. «Conocer, hablar con ellos y escuchar a tantos artistas me hizo crecer como persona y como periodista».

El periodista Juan Luis Manfredi Mayoral (Espiel, Córdoba, 1948), recientemente jubilado de su plaza como profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, fue crítico flamenco del diario ABC en la década de los setenta. Entre aquellos textos ha seleccionado una deslumbrante colección de entrevistas a artistas flamencos que eran o llegarían a ser auténticas figuras del género. Ahora las recopila en el libro Flamenco de ayer y de siempre, editada por la serie Flamenco y Universidad que auspicia la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Sevilla con el apoyo de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y el Instituto Andaluz del Flamenco. Sus casi cuatrocientas páginas son una ventana a una década dorada del arte jondo. «Cuando los medios apoyan la fusión o el flamenquito, se gana terreno y audiencia pero se pierde calidad en lo que se emite y se malcría a los que escuchan», dice su autor.

 

– ¿Qué le sugiere la lectura de estas entrevistas medio siglo después de ser publicadas? ¿Han envejecido bien?
– Yo creo que sí, porque siguen siendo útiles para saber un poco más sobre esas personas que han significado tanto en el flamenco. Lo que recogí en esas entrevistas eran sus opiniones en un momento determinado, cuando muchos eran muy jóvenes y otros estaban en las postrimerías de su vida y ya no tenían nada que ganar ni que perder diciendo lo que para ellos era la verdad sobre su arte. Hay que leerlas sabiendo en qué momento se escribieron, pero entiendo que siguen siendo interesantes.

– Reconózcalo. Usted se siente orgulloso de aquellos textos publicados en ABC de Sevilla entre 1971 y 1976. Y hace bien. Ya eran joyas cuando vieron la luz, pero la perspectiva del tiempo los convierte en valiosos documentos históricos de una década de oro para el flamenco.
– De lo que me siento orgulloso es de haber sabido escoger a los personajes, ya que casi todos han acabado pasando a la historia del flamenco y la copla. Cuando era estudiante de Periodismo tuve un profesor que decía constantemente que un periodista era un notario de la actualidad, alguien que daba fe de lo que pasaba a su alrededor. Y eso es lo que intenté hacer de la mejor manera posible, utilizando como herramienta a la entrevista, que como se dice en el oficio es un trabajo que uno hace (el entrevistado) y otro cobra (el entrevistador).

– Le he leído que accedió al puesto vacante de crítico flamenco en ABC de Sevilla con la intención de reunir fondos para el casamiento. Pero usted chanelaba y escribía. Ambas cosas por derecho. Para su director debió ser una decisión ciertamente fácil de tomar.
– El director de mi ABC era Joaquín Carlos López Lozano, que sabía de mi afición y me dejaba hacer la sección de Flamenco a mi manera, sin indicaciones ni cortapisas, y que sabía que me venía bien el dinero extra para la boda que tenía a la vista. También sabía que José Antonio Blázquez, que era el redactor de Deportes pero que sabía mucho de Flamenco, era mi ángel de la guarda y me orientaba cuando me surgían dudas. Y que Rafael Belmonte era mi médico y que también me ayudaba con sus consejos.

 

«Decía Pericón de Cádiz que como se cantaba antiguamente no ha vuelto a cantarse más. Una opinión que con otras palabras también suscribieron Pepe Marchena, Caracol o Mairena, citando a personajes como Antonio Chacón, Manuel Torre o Juanito Mojana»

 

– En aquellos años brillaba la Tertulia Flamenca que dirigía Rafael Belmonte en Radio Sevilla. Usted le hacía la competencia desde Radio Nacional de España. Ya casi no hay espacios flamencos de renombre en radio y televisión. En lo referente al flamenco en los medios, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?
– Ahora hay muchos programas con flamenco y pocos de flamenco, lo que tiene cierta lógica en la medida en que hay más medios y más público. Lo que no resulta tan lógico es que se haya reducido el interés por el flamenco más clásico o auténtico, como si diera apuro defender las raíces y fuera más oportuno apoyar a la fusión o al flamenquito. En ese sentido, se gana terreno y audiencia pero se pierde calidad en lo que se emite y se malcría a los que escuchan. Es cierto que el flamenco es ahora un fenómeno que llega a todos los rincones del planeta, pero en muchos casos llega averiado y eso al cabo del tiempo resulta perjudicial.

– Fernanda y Bernarda, Juanito Valderrama, Antonio Mairena, Fosforito, José Menese, Lebrijano, Terremoto, Pansequito, Chiquetete, Rancapino, La Paquera, Naranjito, Matilde Coral, Farruco, Antonio Gades, Cristina Hoyos, Merche Esmeralda, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar… Docenas de estrellas presentes y futuras. ¿Cuál era el criterio para seleccionar los protagonistas de sus entrevistas?
– En principio, solo quien se pusiera a tiro, es decir, que viviera o actuara en Sevilla o el entorno en que se distribuía ABC (Córdoba, Jerez, Cádiz, Huelva), porque más allá no me dejaban. De entre los que estaban a mi alcance, me dejaba llevar por mis gustos, mi intuición y por los consejos o sugerencias de compañeros tan aficionados como yo, como el ya citado Blázquez, Antonio Burgos o José Luis Montoya, que por cierto fue el que me sustituyó como crítico cuando dejé el periódico. En Radio Nacional, Antonio Capilla, que era el técnico de sonido de mi programa y una auténtica enciclopedia de discografía del flamenco y la copla.

– ¿Quién le quedó por entrevistar? Alguno habría que no se le pusiera a tiro.
– Más de uno, desde luego. Pero si he de citar a algunos, que sea Enrique Morente, que estaba siempre en Madrid o Granada, que no actuó nunca en Sevilla –o por lo menos no en esos años– y al que no tuve el gusto de conocer en persona a pesar de saber que era de los que deberían estar en mi lista. O Diego de El Gastor, un guitarrista fuera de lo común con aspecto de emperador romano. O Juanito Villar.

 

«Los medios generalistas se ocupan del flamenco con asiduidad, pero sin continuidad. Por fortuna, los nuevos –portales, blogs, podcasts, videoblogs…– se han pasado a la especialización y la atemporalidad, logrando una audiencia universal»

 

– Por favor, regálenos una buena respuesta de aquellos maestros. Alguna que al leerla de nuevo le haya metido el nudo ahí dentro.
– Decía Pericón de Cádiz que “como se cantaba antiguamente no ha vuelto a cantarse más”. Una opinión que con otras palabras también suscribieron Pepe Marchena, Caracol o Mairena, citando a personajes como Antonio Chacón, Manuel Torre o Juanito Mojana. En el tiempo en el que hice las entrevistas, los artistas siempre miraban hacia atrás buscando referentes. Se sabían eslabones de una cadena que no terminaba en ellos, y respetaban al pasado a la vez que trataban de dejar su huella personal en lo que hacían. Y eso, como decía La Paquera de Jerez, que “el público cada día es más numeroso pero menos entendío”.

– ¿En qué momento el flamenco dejó de ser un arte minoritario para empezar a ser un fenómeno de masas?
– La época que yo recopilo en el libro es seguramente la del principio de ese cambio. Los festivales y concursos, la radio, la televisión y el cine se ocupaban del flamenco porque se dieron cuenta de que había interés y porque las empresas discográficas vieron que era un filón que parecía inagotable. Hubo años en los que se publicaba un disco o un casete casi cada día y no había fechas suficientes en el verano para celebrar todos los festivales que se programaban. Así que en poco tiempo se pasó de un arte para unos pocos a un fenómeno de masas, que además llamó la atención de estudiosos y científicos… y de una clase política deseosa de encontrar señas de identidad para un sentimiento andalucista que en esos años estaba forjándose. En esa década, además, la izquierda trató de señalar al flamenco y a la copla como frutos del franquismo, aunque afortunadamente no prosperó tan descabellada idea (e ignorante de la realidad histórica).

 

 

– Usted interrogó a Manuela Carrasco con 18 años. Tremendo documento. Ella reconoció que era la primera entrevista que le hacían. ¿Cuáles eran esos «peros» a los que se refería el periodista?
– Manuela era tan joven, tan natural, tan salvaje, que era un torbellino sin control, un diamante en bruto. Pero era una artista tan grande que en poco tiempo adquirió técnica y conocimiento y aprendió que no bastaba con intuición, sino que había que ensayar y tener repertorio amplio. Pasó por la academia de Matilde Coral y dejó de ser una aficionada brillante para convertirse en una profesional con estilo propio pero a la que se le notaba su admiración por la propia Matilde, por Rafael El Negro y El Farruco (el abuelo del actual).

 

«En el tiempo en el que hice las entrevistas, los artistas respetaban al pasado a la vez que trataban de dejar su huella personal. Y eso que, como decía La Paquera de Jerez, el público cada día es más numeroso pero menos entendío»

 

– Paco de Lucía le contaba que no sabía cuántos discos llevaba grabados. Su admiración por el Niño Ricardo. Su referencia a Sabicas como el número uno de la época. Su respeto a los flamencólogos honrados y con afición. ¿Qué recuerdo tiene de su charla con él?
– Lo recuerdo como un joven que hablaba como un viejo, prudente, serio, que meditaba lo que decía y que parecía siempre ensimismado. Decía algo que en la época era raro escuchar: que la guitarra no era solo una acompañante del cante, sino que tenía capacidad para tener vida propia. Él quería ser un referente y estudiaba continuamente para alcanzar esa meta, consciente de que era difícil y en ese momento casi una quimera. Me causó la impresión de que iba a ser una figura de gran talla, no solo porque tocaba muy bien, sino sobre todo porque estaba decidido a ser una figura y a trabajar sin descanso para ello.

– Antonio Mairena le contestó a un cuestionario por escrito. Parece que se hizo de rogar, ¿no?
– En mis artículos y críticas se notaba que yo era caracolero y eso le molestaba. Estaba convencido de su papel de dignificador del más puro cante gitano y en ese esquema no entraba un Manolo Caracol que además de cantar hacía copla y ópera flamenca. Además, Mairena estaba imbuido del espíritu de la Tertulia Flamenca de Radio Sevilla, que estaba empeñada en intelectualizar el flamenco, en dotarlo de un armazón académico. Quizás por eso no quiso una entrevista cara a cara y prefirió tomarse tiempo para contestar de la forma que mejor reflejara su manera de ver y entender el flamenco, aunque a ciencia no lo sé, porque me entregó las respuestas en mano y charlamos un buen rato de muchas cosas, menos de esa.

– Impagable la defensa de aquel, a puño y letra, del mairenismo. El reflejo y la continuidad de su obra. La reafirmación y dignificación del cante gitano andaluz.
– Es que Antonio Mairena era, a su manera, un intelectual y un académico con una notable autoestima que no admitía ninguna discusión o controversia sobre aquello de lo que presumía saber más que nadie: el cante flamenco. Yo había entrevistado a artistas de su generación que admitían que no habían oído a los grandes del pasado, mientras él, por lo que decía, los había escuchado a todos y por eso podía recrearlos fielmente. Creía firmemente en lo que decía y estaba imbuido de la autoridad que le daba su indudable calidad como intérprete, así que enseguida se rodeó del aura del maestro, que todo lo sabía y todo lo hacía bien. Al releer ahora la entrevista me doy cuenta de que sabía lo que quería decir y cómo decirlo.

 

«Antonio Mairena era, a su manera, un intelectual y un académico con una notable autoestima que no admitía ninguna discusión o controversia sobre aquello de lo que presumía saber más que nadie: el cante flamenco»

 

– «Sé que soy un mito, que pasaré a la historia y que he sido elegida por la mano de Dios. Cuando salgo al escenario parezco de otro planeta y me crezco una cuarta». No todos los artistas son, como Lola Flores, tan conscientes de su grandeza. Por cierto, qué arte cuando le dice el día y el mes en que nació, pero no el año.
– Lola era mucho más que una artista que cantaba, bailaba y recitaba como nadie, con un estilo inigualable, porque era una diva sin comparación posible, con una personalidad arrebatadora. A mí me dejó hechizado en el rato de la entrevista y desde entonces no he dejado de ser uno de sus admiradores más fieles.

– ¿Se siente un privilegiado por haber vivido esa época en primera línea?
– Desde luego. Conocer, hablar con ellos y escuchar a tantos artistas me hizo crecer como persona y como periodista. Y me convirtió en un aficionado respetuoso con tanto y tan variado esfuerzo para conservar una parte importantísima de nuestras raíces.

– ¿Qué le parecen los derroteros que lleva actualmente la prensa flamenca?
– A mí me gusta ver que los medios informativos han sido capaces de ponerse a la altura de lo que hoy es el flamenco, una música universal que no pierde de vista sus raíces pero que entronca de igual a igual con otras músicas. Han cambiado los soportes, y los géneros periodísticos de la información y la crítica flamenca se han adaptado a los cambios tecnológicos y encontrado nuevos públicos. Los medios tradicionales generalistas se ocupan del flamenco con asiduidad, pero sin continuidad. Por fortuna, los nuevos –portales, blogs, podcasts, videoblogs…– se han pasado a la especialización y la atemporalidad, logrando una audiencia universal. Es un momento dulce, creo yo.

– ¿Es cierto que tras jubilarse ha recorrido el mundo en cien días? Algún rinconcito le habrá quedado por ver, señor mío. Igual que en su momento quedaría algún artista por entrevistar.
– ¡Qué buena información tienes! Efectivamente, mi mujer y yo hicimos un crucero de cuatro meses alrededor del mundo por el hemisferio sur, así que nos queda mucho por ver, igual que por muchos artistas que entrevistes siempre te faltará alguno. Porque no solo hay muchos, sino que hay muchos buenos que a buen seguro van a pasar a la historia.

 

El profesor Juan Luis Manfredi Mayoral, en su residencia de Heliópolis, Sevilla.

 

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Sevilla, 1969. Periodista andaluz de intereses etéreos y estrofas cabales. Tres décadas de oficio en prensa musical y cultural. Con arrimo y sin arrimo, para seres de cualesquier afecto.

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