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Año de transición en el Cante de las Minas

Los concursos de la 58° edición del Festival Internacional del Cante de las Minas ya tienen ganadores en las diferentes modalidades de cante, baile, guitarra e instrumentista flamenco. No suele ser usual que alguno de los primeros premios quede desierto.

Texto: Joaquin G. Zapata García

 

Los concursos de la 58° edición del Festival Internacional del Cante de las Minas ya tienen ganadores en las diferentes modalidades de cante, baile, guitarra e instrumentista flamenco. No suele ser usual que alguno de los primeros premios quede desierto, como tampoco es extraño que haya ocasiones en las que, por el nivel de los premiados, uno se pueda aventurar a vaticinar que se trata de un año de transición, uno cualquiera del que dentro de poco tiempo ya no quede recuerdo alguno.

La disciplina que tiene mayor relevancia en el certamen es sin duda alguna el cante. De hecho, es la modalidad donde más premios se otorgan y de donde ha de salir, salvo en las escasas ocasiones en las que queda desierta, la Lámpara Minera.

Tal y como adelantamos en nuestro artículo previo al inicio del Festival, resulta absolutamente demencial que se clasificaran veinte cantaores, de los cuales al menos once tenían verdaderas aspiraciones a la Lámpara Minera. El desarrollo del concurso vino a darnos la razón, pues finalmente tan sólo fueron tres las mineras clasificadas para la final y de las cuales únicamente dos servían para la obtención de la Lámpara Minera. Asimismo, era palpable que la actuación de algunos semifinalistas no era digna de haber llegado hasta las tablas del antiguo mercado.

Recordemos que el sistema de puntuación para la consecución del premio más importante del mundo del flamenco es tripartita, es decir, se tienen en cuenta los puntos otorgados en los dos cantes por mineras, los que se obtengan en otro cante de levante y los de otro cante no de levante. Manteniendo a su vez la siguiente proporción: cincuenta por ciento las mineras, veinticinco el otro cante de levante y veinticinco el otro cante no de levante. Por ello, si no se pasa con al menos tres cantes de los mencionados es absolutamente improbable que se pueda conseguir el preciado carburo de plata.

En resumidas cuentas, a la hora de la verdad tan sólo quedaron Evaristo Cuevas y María José Carrasco con verdaderas opciones.

Huelga decir que ninguno de los dos aspirantes finales son figuras del cante, ni siquiera pueden razonablemente esperar a serlo aun con la ayuda de la Lámpara Minera. Quizá por eso las voces pidiendo la declaración del galardón como desierto fueron creciendo conforme avanzaba la noche. Lo anterior no es baladí. No es habitual que entre el público de Las Minas se exija la no entrega de un galardón, mas acabó convirtiéndose en el objeto de conversación más extendido por los corrillos de aficionados entre las intervenciones de los artistas.

Terminó por hacerse con la Lámpara Minera María José Carrasco, quien sin duda aprovechará el tirón mediático y laboral que el trofeo ofrece al menos durante el primer año, pero nos atrevemos a decir que no mucho más allá.

 

El concurso de guitarra ha sido, en la historia reciente del Festival, en el que más dificultoso ha resultado vencer. Los jurados de las diferentes ediciones anteriores lo habían llegado a dejar sin otorgar en dos ocasiones consecutivas. El pasado año se hizo con él Alejandro Hurtado, quien ha sabido hacer valer su galardón y se ha consolidado ya como un guitarrista de primera plana, acompañando sobre todo a Mayte Martín.

En esta ocasión no había novedad en los participantes, pues eran prácticamente los mismos que en la pasada edición. Agustín Carbonell El Bola se alzó con el Bordón Minero, consiguiendo por segunda vez consecutiva el segundo premio el cordobés Luis Medina. Independientemente de que la trayectoria de uno y otro no son comparables, y pese a que compartimos criterio con el jurado respecto de quienes debían de ser los finalistas, no lo estamos en el hecho de que el veterano guitarrista madrileño superase en ninguna de las facetas del toque al joven Luis Medina, ni en semifinales ni en la final.

Por primera vez en la historia del Festival la competición de baile se separó en categorías por razón de sexo. La iniciativa, que parte de una recomendación de la bailaora Blanca del Rey, ha sido acogida por la afición con cierto recelo. Las críticas han sido de lo más variado, desde considerarse sexista hasta incluso oportunista.

En la categoría masculina se impuso el cordobés Hugo López y en la femenina Mónica Iglesias.

La final femenina se vio truncada por el hecho de la descalificación de la bailaora Clara Gutiérrez, quien excedió el tiempo máximo permitido para las dos actuaciones que por velada se exigen, que es de veinte minutos. Por lo que Mónica Iglesias disputó la final en solitario.

En último lugar, el premio para el mejor instrumentista flamenco del Festival fue a parar a manos del utrerano Andrés Barrios. Entre pianistas anduvo la cosa, pues el segundo premio fue para el cordobés Juan Antonio Sánchez de la Torre. El concurso de instrumentistas ha vuelto a estar enormemente disputado. Merece destacar la presencia en el mismo de Laura de los Ángeles, pianista sevillana que pese a su juventud ha desarrollado una dilatada trayectoria, pero los avatares de los concursos llevaron a que quedara fuera de la final.

De esta forma se pone punto y final a la 58° edición del Festival de flamenco más relevante del mundo, un verdadero superviviente en su especie, que cada año tiene que salvarse incluso de sí mismo.

 

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