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Los Tomasa, el cante pegado a la sangre

Arranca en Sevilla el ciclo Flamenco Viene del Sur con un recorrido por tres generaciones de la saga cantaora de los Torre.

Por Luis Pérez. Sevilla, 13/2/2019. Fotos: Vereas Negras

Es cierto que para degustar un buen vino basta con aclarar la nariz y el paladar, acercarse la copa a los labios sin prejuicio alguno y disfrutar del momento. La mayoría de las personas que cultivan una afición lo hacen de esa manera, sin pretender ir más allá. También los que asisten a un espectáculo flamenco. Pero a poco que nos interesemos por el tipo de uva, la crianza en la bodega o los posibles maridajes en la mesa, el placer que el aficionado siente ante ese vino se multiplica. También ocurre con el cante, sin duda, y en mayor medida.

Lo que vivimos anoche en el Teatro Central de Sevilla es muy difícil que se vuelva a repetir. Con motivo de la apertura del ciclo Flamenco Viene del Sur, organizado por el Instituto Andaluz del Flamenco, tres generaciones de una misma familia se unieron en el escenario para rendir tributo a sus ancestros y reivindicar la vigencia de su herencia cantaora. No es una saga cualquiera. Es la casa de Manuel Torres, el que mejor ha cantado por seguiriyas de todos los tiempos. Su hermano Pepe Torres, que conservó para nosotros los cantes de El Planeta. Su hija Tomasa, que se casó con Pies de Plomo para tener a José, a don José de la Tomasa.

Y ahí está José, patriarca en vida de los Georgio, abriendo la noche por livianas:

Y el cante a mí me viene,
junto a la sangre, junto a la sangre,
hecho de fantasía, fatigas y hambre.

Bueno, y mi sangre, dónde están, venga, al tajo. Se refiere a su hijo Gabriel y a su nieto Manuel. Con ellos, entran en escena dos pedazos de guitarristas muy diferentes: David de Arahal, todo juventud y sensibilidad, y Paco Cortés, veteranía y clasicismo.

 

José de la Tomasa. Foto: Vereas Negras

José de la Tomasa. Foto: Vereas Negras

 

Manuel de la Tomasa tiene solo diecinueve primaveras. Hace poco más de un año cambió la guitarra por su pasión por el cante jondo. Desde entonces, no ha parado de cantar por toda España. Las tablas que otros tardan lustros en alcanzar él las ha adquirido en pocos meses. Su cante de inspiración y de pellizco es una especie en extinción, por lo que se ha convertido en poco tiempo en un motivo ilusionante de los verdaderos aficionados.

Mano a mano con su tío Grabié, las sonantas marcan aires de soleá por bulerías bajo la atenta mirada del abuelo y maestro. Juaniquí de Lebrija y Rosalía de Triana, elige Manuel. Gabriel de la Tomasa (Sevilla, 1980) prefiere a Ramón el Ollero para piropear a su barrio de la Macarena por soleá de Triana, y acaba homenajeando a Manuel Torre por el estilo de Frijones.

Escucha, escucha, es el Romance de la Mora Moraima. Tío y sobrino nos transportan a Lebrija al alimón, subidos en la elegante bajañí de David de Arahal. Manuel se mira en el espejo de su tío, ambos dan su perfil al público y alzan sus brazos escenificando el diálogo entre Moraima y el Moro Mazote. Fuérame para la puerta y abrila de par en par. Menudo comienzo.

Qué pasa con el telón, diez minutos bajado. Esto seguro que va a enfriar el ambiente.

Pues sí. Las dos tarantas de Manuel Torre bajo una pésima iluminación no ayudan a recuperar el pulso alcanzado. Una de las mejores cualidades de Manuel es su capacidad de transmisión, lo que en lenguaje flamenco llamamos doler. Si te sientas frente a él sabrás de lo que hablo. Ese fuego en sus ojos convierte al cachorro en león fiero. Esta noche no le veo los ojos, esa mala iluminación le sombrea toda la cara. Tras un recorrido por soleá de Alcalá, Cádiz y Triana, comenzaron los pellizcos al abordar el macho, lo que permitió al respetable disfrutar de su viajecito a Jerez por bulerías, pasadas de compás, galatería y empaque.

 

Manuel de la Tomasa. Foto: Vereas Negras

Manuel de la Tomasa. Foto: Vereas Negras

 

Es el turno de Gabriel de la Tomasa, que demostró su veteranía en el trato directo con el público. Luego vamos a rifar una paletilla de bellota, dijo, tras bordar unas cantiñas de Cádiz y de Córdoba, que no alegrías, acompañado por el toque magistral de Paco Cortés. Eso fue después de la malagueña de la Trini y las jaberas. Y después de la tanda de soleares apolás de Triana, la alfarera y la del Charamusco. Mira cómo crea a medida que está cantando, igual que el abuelo. Igual que el sobrino. Qué difícil es encontrarse con esto últimamente.

Y qué decir de don José. Con sus cualidades intactas en plena madurez de su arte. Nadie va a descubrirlo ahora, pero parte de la juventud ni siquiera ha oído hablar de él. Un cantaor que te coge el antiquísimo cante de La Caña, le da la vuelta y lo pone del revés, para servírtelo en una copa de balón hasta arriba de modernidad. Menos mal que los niños me han dejado la seguiriya, el himno nacional de los Tomasa. Cante en estado puro. De aquí al final nos van a doler hasta las pestañas.

Porque tras dos martinetes de esos que quitan las tapaeras del sentío, aparece su nieto Manuel. Este no se va a dejar hoy nada en los bolsillos. Mira su cara, perfectamente iluminada en el proscenio. Los ojos fieros, la figura de matador de toros. Carceleras para el recuerdo y la toná del cerrojo, que pusieron bocabajo el teatro durante un minuto largo. Dice Panseco que este niño será primera figura del cante, que se lo ha escuchado ahí, en el ambigú. Magister dixit.

 

Gabriel de la Tomasa. Foto: Vereas Negras

Gabriel de la Tomasa. Foto: Vereas Negras

Ficha artística:

Espectáculo: Genes – Trilogía
Ciclo: Flamenco Viene del Sur
Lugar y fecha: Teatro Central de Sevilla. 12/2/2019
Al cante: José de la TomasaGabriel de la Tomasa y Manuel de la Tomasa.
A la guitarra: Paco Cortés y David de Arahal
Palmas: El Pirulo y Marcos Carpio

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Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

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