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Definiendo el flamenco

Se puede aplicar el vocablo “flamenco” a cualquier cosa, pero con la portería cambiada de sitio, los que añoramos su peculiar aroma, ahora no tenemos más opción que acudir a nuestras grabaciones.

Sería lógico pensar que después de 57 años involucrada en esto del flamenco (en 1960 estuve tocando la guitarra y cantando para clases de baile), yo sea capaz de definir lo que es el flamenco. Sin embargo, sólo se me ocurre lo que el gran guitarrista Juan Maya “Marote” me dijo hace tantos años: el flamenco tiene un aroma inconfundible, dijo él, y arrugó la nariz para indicar un olor fuerte, casi tirando a desagradable. Puede ser complicado precisar cómo se logra ese perfume tan especial, aunque sólo sea porque existen tantos caminos, y esa misma versatilidad es uno de los puntos más fuertes del género. El aroma característico es la constante, y hasta los intérpretes más vanguardistas detectan su presencia.  Tema aparte es si tienen o no interés en reproducirlo, o incluso existe la posibilidad de que huyan de él.

Recuerdo cuando Paco de Lucía comenzó discretamente a emplear algunas armonías contemporáneas en su toque todavía clásico y convencional. A todos nos encantó. Aportó el aroma, a la vez de actualizar el sonido de forma juguetona. Hizo que la música del flamenco fuera más relevante, más interesante.  Luego, aparecieron más armonías, y más, y fueron incorporados instrumentos que asumieron protagonismo hasta llegar a un sedoso sonido euro-pop. Para entonces, era música que la mayoría llamarían “jazz”, y el aroma flamenco se convirtió en algo similar al ambientador floral que las amas de casa rocían por casa.  El cante flamenco también fue arrastrado con la marea musical, y el baile, a su vez, partió hacia territorio desconocido.

La ausencia del aroma característico se está convirtiendo en una nueva identidad, lo cual explica por qué muchos de nosotros, los veteranos, nos sentimos decepcionados con la actual evolución del flamenco. El gran mar de la música popular ha adquirido algunas gotas de flamenco, mientras que el género flamenco parece estar yéndosenos de las manos. Evidentemente, se puede aplicar el vocablo “flamenco” a cualquier cosa, pero con la portería cambiada de sitio, los que añoramos su peculiar aroma, ahora no tenemos más opción que acudir a nuestras grabaciones.

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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