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Recuerdos de Casa Pepe, Morón de la Frontera

El típico local humilde que hubieras podido ver en cualquier pueblo del interior. Personas de fuera llegaban impulsadas por los libros del norteamericano Don Pohren. Había una especie de desván donde a veces tenían lugar las fiestas improvisadas. Recuerdo haber estado allí con Fernanda, también Miguel Funi, Joselero, Anzonini y muchos otros. Diego del Gastor casí vivía allí.

Dedicado a los amigos jóvenes de Morón que no alcanzaron los tiempos de Ca’ Pepe.

 

Casa Pepe, un sencillo bar del barrio que durante décadas ocupaba un rincón de la plaza San Miguel en Morón de la Frontera, un pueblo tranquilo donde no llega el tren. La localidad donde el legendario Silverio Franconetti vivió su juventud hace casi dos siglos, frecuentando las fraguas para beber el cante de aquellos tiempos a grandes sorbos. Es lo que nos dicen los historiadores.

El bar de Pepe, abierto en 1956, fue el típico local humilde que hubieras podido ver en el siglo veinte en cualquier pueblo del interior. Andalucía profunda, inconsciente del turismo de playa que rápidamente estaba haciendo España “diferente”, como decía el famoso eslogan de Fraga. El suelo estaba lleno de servilletas de papel y huesos de aceituna, un orinal apenas disimulado decoraba un rincón, al lado de una ventana los hombres jugaban al dominó y se servían tapas sencillas con vino peleón, cerveza y otras bebidas para los que podían costearlas.

Tiempos de privación que duraron mucho más allá del final de la Guerra Civil, con secuelas en forma de una aplastante pobreza… Agua del grifo sólo en días alternos, garbanzos cocidos todos los días. Pepe instaló lo que para muchos fue el primer televisor que habían visto. La gente habitaba ese mundo adusto con dignidad, era cariñosa y amable, filosófica, optimista, siempre dispuesta a reírse por na’ y menos, o un poquito de compás de nudillos sobre la barra de madera, y siempre un sentido surrealista del humor que sube a la superficie con tanta naturaleza en esta parte del mundo.

No había hielo en las bebidas en Casa Pepe, ni refrescos lite, pero la mujer de Pepe hacía las mejores espinacas guisadas que probé en la vida. Un plato tradicional muy andaluz, especialmente popular en la provincia de Sevilla, y que ofrecía una buena alternativa a los pucheros en aquellos años flacos.

 

ESPINACAS CON GARBANZOS al estilo Casa Pepe:

En una sartén grande, sofreír cebolla y ajo en abundante aceite de oliva. Agregar espinacas picadas y un puñao de garbanzos cocidos, sal y pimentón a gusto, un chorro cortito de vinagre y un poco de tomate frito. Cocer unos quince minutos hasta obtener una mezcla caldosa espesa de espinacas con unos garbanzos salpicados. Pan nuevo para acompañar y marchando.

 

¿Qué estaba yo diciendo? Ah, sí… Hacia finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, personas de fuera llegaban continuamente, impulsadas por los libros del norteamericano Don Pohren. Salían del autobús desvencijado allí abajo donde los Sindicatos, cogían habitación en la Fonda Pascual y se dirigían directamente cuesta arriba a Casa Pepe. Allí a menudo había un tipo que se acercaba a los recién llegados:

 

– Alo… ¿chu laik di flamenco? Ay tich di flamenco, ¿chu laik?

– No, gracias.

 

Al día siguiente en la plaza de abastos, esos mismos recién llegados descubrirían que el hombre vendía tomates e higos chumbos en un puesto cerca de la entrada, y de hecho no sabía nada del flamenco.

A menudo los que regresaban a las tantas de fiestas o reuniones, acababan en Casa Pepe para desayunar, y ocasionalmente había un poco de cante, o incluso Anzonini del Puerto despachando sus pellizcos. En aquellos tiempos los flamencos disfrutaban cantando y bailando entre amigos, y los vecinos no se quejaban a las autoridades. Pepe tenía una especie de desván donde a veces tenían lugar las fiestas improvisadas. Recuerdo haber estado allí con Fernanda, también Miguel Funi, Joselero, Anzonini y muchos otros. Diego del Gastor casí vivía allí, y las pocas tapas que consumía a diario eran la totalidad de su alimento.

La última vez que estuve en Morón, había una tiendita de electrodomésticos en el local que había sido Casa Pepe. Abrí los ojos y oídos al máximo, pero no había rastro de compás ni ange ni risas ni el clac-clac de las fichas de dominó. Una ventana había sido anulada y una pequeña placa conmemorativa del local colocada años antes, se colgaba medio caída, como reflejo simbólico de la marcha del tiempo que tragaba una forma de vida que a estas alturas sólo perdura en la mente de algunos de nosotros los mayores.

 

Foto superior: Imagen tomada en 1968 delante de Casa Pepe. Diego y Juan del Gastor posan el cuarto y quinto por la izquierda, respectivamente. Archivo particular de Estela Zatania.

 

Diego del Gastor en Casa Pepe. Foto: Steve Kahn.

Diego del Gastor en Casa Pepe. Foto: Steve Kahn.

 

Pepe, en la puerta de su establecimiento. Foto: archivo particular de Estela Zatania

Pepe, en la puerta de su establecimiento. Foto: archivo particular de Estela Zatania

 

Anuncio de Casa Pepe en 1956. Recorte de Jacobo Vega.

Anuncio de Casa Pepe en 1956. Recorte de Jacobo Vega

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

1COMENTARIO
  • José María 20 agosto, 2019

    Madre mía qué recuerdos. Cada vez que íbamos a Morón a visitar a la familia nos gustaba pasar por casa Pepe.. siempre había en el bar buen ambiente..

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