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Dúos y tríos en el baile flamenco

Un hombre y una mujer bailando flamenco como pareja es probablemente la imagen más estereotipada del género jondo. Hoy en día, la norma es el baile en solitario, mientras que el baile de pareja puede parecer anticuado.

Un hombre y una mujer bailando flamenco como pareja es, probablemente, la imagen más estereotipada del género jondo, y antiguamente los bailaores profesionales se prestaban a aquella fantasía con coreografías que podían representar un cortejo o seducción, quizás una riña, incluso “diálogos” de taconeo, que alimentaba la creencia popular de que “el baile flamenco siempre cuenta una historia”. Pero hoy en día, la norma es el baile en solitario, mientras que el baile de pareja puede parecer anticuado.  Los intérpretes actuales disfrutan con poder expresar sus personalidades, y reaccionar con libertad a la inspiración del momento. Cualquier tipo de baile al unísono, con dos o más individuos haciendo los mismos pasos, incluyendo por supuesto el típico cuerpo de baile de una compañía, además de las sevillanas y los bailes folklóricos, tiene el efecto de congelar las coreografías en formas fijas, y la creatividad individual queda sofocada.

 

A lo largo de la mayor parte del siglo XX, abundaban las parejas de baile flamenco, y algunos alcanzaron gran fama. El bailaor Vicente Escudero (Valladolid, 1885 -Barcelona, 1980) presentó sus ideas vanguardistas en numerosas obras con su pareja, Carmita García, en una colaboración que duró más de 40 años, aunque fue más reconocido por su trabajo en solitario. En los años treinta, Frasquillo y la Quica formaban una famosa pareja que llegó a hacer giras con don Antonio Chacón, y cuya hija, Mercedes León, también hizo de pareja con su esposo. Conocidos como Mercedes y Albano, llegarían a fundar una de las academias de baile más conocidas de Madrid.

 

 

Otra pareja pionera fue Susana y José. Suiza y catalán, respectivamente, ambos nacieron en 1919, y llegaron a cumplir más de noventa años. Entre 1948 y 1970, además de coreografiar y enseñar, viajaban por el mundo con sus presentaciones de alta calidad, y un repertorio variado de baile flamenco y danza española.

 

Pero la gran colaboración de figuras fue la de Antonio y Rosario “Los Chavalillos”.  Con siete y diez años, respectivamente, cuando bailaron juntos en público por primera vez, giraban por el mundo durante más de tres décadas, sentando una forma de bailar en pareja que fue adoptada por otros. Cuando terminó aquella etapa, Rosario (Sevilla, 1918 – Madrid, 2000) continuó sola con un éxito discreto, mientras que Antonio (Sevilla, 1921 – Madrid, 1996) llegaría a realizar durante años su trabajo más notable.

 

 

Pilar López y Alejandro Vega.

 

En el documental Duende y Misterio del flamenco (1952) se pudo ver a la gran dama del baile, Pilar López (San Sebastián, 1912 – Madrid, 2008), en un baile a dúo por caña con Alejandro Vega. Pero es más recordada por sus interpretaciones individuales, y su capacidad de inspirar y formar bailaores jóvenes. En el mismo documental, vemos a los mexicanos Roberto Ximénez (México D.F., 1922 – 2014) y Manolo Vargas (Jalisco, 1912 – México D.F., 2011), conocidos como Ximénez-Vargas, que formaron una pareja de éxito que duró décadas.

 

«La colaboración de Antonio Gades y Cristina Hoyos es recordada gracias a las películas de Carlos Saura. Pero en realidad el dúo más famoso de Gades es la extraordinaria escena a cámara lenta de una pelea con navajas con Juan Antonio Jiménez en el final de Blood Wedding (1981)»

 

Carmen Amaya (Barcelona, 1918 – Bagur, 1963) tenía un largo repertorio de bailes y danza a dúo con Antonio Triana, pero su gigantesca personalidad artística hace imposible pensar en ella como la pareja de nadie. José Greco (Italia, 1918 – Pennsylvania, 2000), otra megafigura, bailaba con sus tres esposas –por separado, se entiende– Nila Amparo, Lola de Ronda y Nana Lorca, pero en la pantalla de la mente, las imágenes que recordamos son del trabajo elegante en solitario del Greco.

 

A partir de los años cincuenta y sesenta, la pareja madrileña de Toni El Pelao y su esposa La Uchi viajaba por el mundo y actuaba en los mejores tablaos de la capital, defendiendo el flamenco más clásico, vistiendo camisa de chorreras y traje corto, con un baile intenso y poderoso.

 

Rosario y Antonio – Los Chavalillos Sevillanos. Foto: DEIF

 

La colaboración del gran Antonio Gades (Alicante, 1936 – Madrid, 2004) y Cristina Hoyos (Sevilla, 1946) es recordada gracias, en gran parte, a las películas de Carlos Saura, pero el dúo más famoso de Gades, en realidad, es la extraordinaria escena a cámara lenta de una pelea con navajas con Juan Antonio Jiménez en el final de Blood Wedding (1981). 

 

También ha habido conocidos tríos de bailaores. El inolvidable Trío Madrid, compuesto por Mario Maya (Córdoba, 1937 – Sevilla, 2008) con Carmen Mora (Madrid, 1930 – México, 1981) y El Güito (Madrid, 1942), proporcionó una sobriedad y precisión geométrica, para un tipo de elocuente minimalismo que era más potente que el estilo dinámico de otros intérpretes de la época. Otro trío de éxito fue Los Bolecos, compuesto por Matilde Coral (Sevilla, 1935), Rafael el Negro (Sevilla, 1935 – 2010) y Farruco (Madrid, 1935 – Sevilla, 1997), dos bailaores tremendos con la dulce escuela sevillana de Matilde.

 

El Nuevo Ballet Español, con inclinaciones contemporáneas, fundado hacia finales de los años 90 por el dúo de Ángel Rojas y Carlos Rodríguez, es otra pareja exitosa del baile masculino. Durante años, montaban alternativas creativas a conceptos trillados, sin perder de vista los valores del pasado.

 

En tiempos actuales, aún podemos ver al bailaor Andrés Peña actuar con su compañera Pilar Ogalla, o quizás pillar a Andrés Marín en un “paso a dos” con Concha Vargas, una colaboración tan brillante como breve que fue merecedora del Premio Giraldillo para el “Momento Mágico” de la Bienal de Flamenco de Sevilla del año 2010.

 

Imagen superior: Cristina Hoyos y Antonio Gades

 

Mercedes y Albano. Foto: DEIF

 

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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