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¿Es «música» el flamenco?

Es sorprendente el gran número de aficionados al arte jondo que valoran la presunción de que el flamenco, de alguna manera, está “por encima” de la música, en un plano más elevado. Una forma superior de expresión que resiste ser escrita.

Aquella pregunta puede sonar frívola. Ya veo a Faustino, nuestro maestro musicólogo, llevarse las manos a la cabeza ahora mismo. Pero es sorprendente el gran número de aficionados al arte jondo que valoran la presunción de que el flamenco, de alguna manera, está “por encima” de la música, en un plano más elevado. Una forma superior de expresión que resiste ser escrita. Sigue circulando la antigua historia de que “el flamenco no cabe en el pentagrama”, una metáfora poética que algunos románticos toman literalmente.

 

La música del flamenco está en la voz y la guitarra –o cualquier otro instrumento ocasionalmente incluido: el violín, la flauta, el bajo, etc.–, además de las combinaciones percusivas ejecutadas por bailaores o percusionistas. Todos estos elementos pueden ser representados gráficamente, incluso a pesar de cierto grado de improvisación habilitada por la naturaleza del flamenco.

 

Para los guitarristas, la música escrita –incluyendo los sistemas alternativos de tablatura o cifra– puede ser una herramienta importante del aprendizaje. Después de clases de guitarra con mi maestro Mario Escudero, en el tren de regreso a casa solía estudiar sus apuntes antes de que la memoria auditiva se desvaneciera. Mario no escribía la música de la manera más convencional, pero fue más que suficiente para respaldar la memoria. La función principal de la música escrita es esa, la de documentar las notas para poderlas conservar intactas. Nunca, en ningún género, sea o no flamenco, puede una transcripción convertirse en una interpretación significativa, ni siquiera la música clásica cuidadosamente escrita con instrucciones verbales –allegro, andante, etc.–, sin la intervención del artista. Ante la ausencia de la transmisión directa persona a persona, mucho menos habitual al día de hoy, la música escrita adquiere un papel importante en la guitarra flamenca. La dimensión de una interpretación se aumenta cuando el intérprete, siguiendo un tema escrito, aporta un aire a Jerez, un sonido de Paco, quizás de Granada, Morón o una expresión original. La pulsación del guitarrista, el fraseo, la técnica, picado, arpeggio, etc., en un momento determinado… Estas son las sutilezas aportadas por el artista que enriquecen el resultado final. Pero sin duda, si a un guitarrista que conoce el flamenco y lee música le das una partitura correcta de Paco o de Sabicas, el resultado de lo que toca sonará a flamenco, cada uno con el color de su personalidad. No debemos esperar más que eso de una transcripción musical.

 

 

«La música del flamenco está en la voz y la guitarra, además de las combinaciones percusivas ejecutadas por bailaores o percusionistas. Todos estos elementos pueden ser representados gráficamente, incluso a pesar de cierto grado de improvisación habilitada por la naturaleza del flamenco»

 

 

Los apuntes referentes al baile son muy poco frecuentes o estandarizados. Recuerdo a un veterano bien intencionado al que conocí en los años 70 en el original Amor de Dios que no terminó de comprender la función de los números en el baile, y pensaba que tenías que seguir contando hasta el final de un paso o frase…13, 14, 15… lo que hiciera falta, un ejercicio de inutilidad. El baile se presta mejor a las grabaciones de vídeo.

 

Es más complicado representar el cante flamenco de forma gráfica. ¿Cómo cometes a papel el grito pelao del cantaor con todos sus microtonos, glissandos y demás detalles expresivos, además de la diversidad de la colocación de la voz? ¿Y cuántas maneras hay de contar la seguiriya? O más al grano: ¿por qué un cantaor querría o necesitaría contarla? El natural ir y venir de la voz, recorriendo con arte el itinerario rítmico, nos aporta las emociones y vello de punta que hacen que el flamenco sea tan especial.

 

Las notas escritas de los diversos palos pueden definir la diferencia entre los estilos de soleá, seguiriya y otras formas. Sin embargo, lo que comienza como un atajo útil para el aprendiz puede acabar siendo una molesta muleta a la que hay que resistir en momentos de inspiración cuando el intérprete desea específicamente seguir sus propios instintos y desviarse de lo escrito. Como mucho, parece apropiado transcribir las notas principales (sin adorno), y la resolución de cada frase, dejando un espacio vacío donde el intérprete puede moverse con libertad entre esos puntos. El no tener las notas exactas de una pieza determinada conducirá, inevitablemente, a mayor creatividad e individualidad, animando al artista a expresar su propia identidad, a la vez que se conserve la intención original.

 

La obra rompedora de compositores contemporáneos no flamencos como John Cage, dedicado a la investigación del sonido, cantos de pájaro, los chirridos de los insectos, el silbido de una olla a presión, etc., con instrucciones escritas, se acepta como válida. Sin duda la sublime música del flamenco también puede ser representada aceptablemente para generaciones de aficionados, actuales y futuras.

 

Imagen superior: José Menese y Antonio Carrión. Foto: Estela Zatania

 

 

Apuntes de Mario Escudero 1964-1966. Foto: Archivo Estela Zatania

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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