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Carlos Ledermann: «Tocar difícil es lo que se lleva»

Entrevistamos al chileno Carlos Ledermann, maestro de la guitarra flamenca, concertista, profesor y compositor. «Para mí Paco de Lucía nunca se ha ido: sigue aquí con todos nosotros, más vigente que nunca», dice.

Carlos Ledermann (Santiago de Chile, 1955), durante más de cuatro décadas, maestro de la guitarra flamenca, concertista, profesor y compositor. Su capacidad de trabajo y sensibilidad, constancia, intelecto, honradez y muchos más adjetivos por el estilo son las cualidades que le hacen el guitarrista flamenco más destacado de su país, y probablemente del continente de América del Sur. Tiene cuatro grabaciones, ha estudiado con Manolo Sanlúcar y alternado con Paco de Lucía en numerosas ocasiones. Sinfín de recitales por todo el continente, además de haber tocado en el 30° Festival de la Guitarra de Córdoba, y ha sido ganador de importantes premios. Dirige su academia de guitarra flamenca y su fundación, que defiende las artes musicales en Chile, y es autor del libro Identidad propia. Apuntes y sugerencias para la composición en la guitarra flamenca.

 

– Carlos, en otra entrevista dices: “El flamenco ya no es de los españoles, es del mundo entero”. A primera vista, parece que estás comentando lo obvio, que el flamenco es conocido y admirado en todo el mundo. Pero yo leo un subtexto, detecto tu decepción/protesta contra los intérpretes y aficionados españoles que quizás te han ninguneado en alguna ocasión por el hecho de ser forastero.
– Todos los forasteros estamos expuestos a esa mirada por el solo hecho de serlo. No olvidar que también experimentan ese trato muchos de allí solo porque no son andaluces, pero con los años eso se asimila y ya pierde importancia, uno sigue haciendo su trabajo. No obstante, se hace flamenco en gran parte del mundo occidental y de pronto muy bien y sin “pedir permiso” a nadie. Por eso dije y sostengo que el flamenco ya no es solo de los españoles. Lo mismo que Bach hace mucho dejó de ser solo de los alemanes.

– Sé que empezaste con la guitarra clásica. ¿Qué te hizo cambiar de equipo?
– La maravillosa posibilidad de hacer y tocar mi propia música. Eso, y la relación tan diferente que los flamencos tienen con la guitarra en este caso y con la música. La guitarra clásica me encanta, pero yo no tenía nada que hacer ahí, es para otro tipo de músicos a los que admiro sin reservas.

– ¿Hay cantaores o bailaores en Chile? En caso afirmativo, ¿los acompañas? ¿Se podría decir que en Chile hay afición al flamenco, por reducida que sea?
– No creas que la afición aquí es tan reducida. Hoy existe un buen público para el flamenco que hace cuarenta años no existía. Por supuesto, gente que baila es lo que más hay, como en todos los países. Cantaores, poquísimos, también como en todos los países. Yo he acompañado en diferentes etapas de mi carrera, pero no es a lo que me dedico porque yo primero me enamoro de la guitarra, luego de la manera flamenca de tocarla, y luego de la música que se hace tocándola de ese modo y eso no ha cambiado.

 

«Yo primero me enamoro de la guitarra, luego de la manera flamenca de tocarla, y luego de la música que se hace tocándola de ese modo»

 

– ¿Cómo conociste a Paco de Lucía, y cómo fue tu relación con él?
– Ese año, 1980, a Paco lo trajo una agrupación que organizaba temporadas de conciertos importantes, y gracias a una gestión de su director fui a dar al hotel en que estaba. Tuve que hacer tiempo por un par de horas porque estaba durmiendo, pero ya después me recibió, no sin antes preguntarme si yo era periodista. Estaba comiendo con el grupo que lo acompañaba en esa gira y luego nos quedamos solos conversando más de una hora. Eso fue lo que más hicimos cada vez que venía a mi país: conversar. Siempre recuerdo una de esas conversaciones, pocos años después, que duró como cuatro horas en que nos vaciamos el minibar de la habitación y hasta discutimos acaloradamente un par de temas. Nunca he entendido por qué Paco me brindó su amistad, que duró hasta que se marchó. Fue un privilegio invaluable y para mí él nunca se ha ido: sigue aquí con todos nosotros, más vigente que nunca.

 

El chileno Carlos Ledermann, con Manolo Sanlúcar y Serranito. Foto: Archivo Ledermann

 

– Manolo Sanlúcar ha sido importante en tu carrera. Háblanos de él. ¿Sigues en contacto con el maestro? ¿Cómo te ha influenciado en tu forma de entender la guitarra, y en el flamenco en general?
– Manolo… claro que fue importante, diría fundamental para mí. Estuve con él en ese curso irrepetible del 82 y lo que aprendí –digo, esa vez porque nunca terminé de aprender de él– fue un mundo, una concepción del flamenco y de la guitarra que no conocía, una mística especial. Si ya pensaba que el flamenco era una música que también se baila, después de esa experiencia reafirmé del todo ese concepto. Con Manolo también nos hemos tirado muchísimas horas de conversación, y siempre han sido nuevas clases para mí. Él es, o así lo siento yo, como alguien de mi familia, un tío tal vez, alguien muy cercano que quiero mucho, lo mismo que Ana. No tenemos contacto desde hace años, pero eso no cambia nada.

– Vicente Amigo estaba en aquel curso…
– Claro, Vicente era “Vicentito”, tenía solo 15 años y ya era un monstruo. Estuvimos 23 años sin vernos y cuando nos volvimos a encontrar parecía que nos habíamos visto dos días atrás, que el tiempo solo había pasado para hacernos ver mayores. Un gran tipo, sencillo, amistoso, que no se da aires de nada y no vive en ningún olimpo. Creo que Vicente ha creado, sin pretenderlo, una escuela. A Paco se le sigue imitando, pero a Vicente hoy más aún. Su manera de tocar y de entender y sentir todo esto es muy personal, y eso lo señaló como camino alternativo. Yo escucho a Vicente en la música de muchos guitarristas jóvenes que hoy están sonando en las primeras filas.

 

«Veo manos izquierdas que parecen arañas veloces y hambrientas, pero a veces no sé hambrientas de qué, porque no encuentro la música, o la que hay yo no la entiendo. Y para mí, el flamenco es música»

 

El chileno Carlos Ledermann, con Paco de Lucía. Foto: Archivo Ledermann

 

– Acerca de la enseñanza del flamenco.
– Si hay un tema al que le he estado dando vueltas este último tiempo y en algunas cosas breves que he publicado es a la enseñanza del flamenco acá en Latinoamérica, tanto en la guitarra como en el baile. Porque se cumple con dar las clases, pero de pronto veo que no se enseñan cosas tan importantes como son las características de los estilos, un poco de su historia, sus precursores, su evolución, y veo muy poco afán didáctico en ese aspecto. Se enseñan falsetas o temas completos de tal o cual guitarrista, pero no se fomenta la creación personal. No quiero generalizar, pero eso ocurre en la mayoría de los casos. Yo he recibido alumnos que vienen de otros profesores a cuyas clases llegaron sin saber nada, y lo primero que les pusieron fue una falseta de Diego del Morao, y ya me dirás tú quién puede partir desde ahí. No sé con qué criterios y en función de qué mérito a una chica la suben de nivel en su academia de baile, porque normalmente no saben de flamenco, solo los pasos que les enseñaron, y son muy pocas las escuelas que se preocupan de esto.

Hay gente que toca bien, que baila bien, pero no sabe enseñar porque una cosa no implica la otra. No veo programas de estudio. Los habrá, no digo que no. Pero en general no veo una planificación docente bien pensada. En la guitarra, opino que los profesores deberían tomar el instrumento al revés, como si fueran zurdos, y si quieren incluso le cambian el orden de las cuerdas, pero que vean qué de lo que ellos mismos enseñan pueden tocar de ese modo. A lo mejor así entienden lo que siente el que quiere partir.

– ¿Sigues el día a día del flamenco en España? ¿Cómo ves la dirección que ha tomado la guitarra flamenca?
– Ese tema es largo y no me voy a extender por tema de espacio, pero claro que estoy lo más al día posible de lo que pasa allí. En cuanto al rumbo que ha tomado la guitarra flamenca, siento que ahora se toca que no se puede creer, pero veo que el virtuosismo tiende a imponerse sobre el contenido. Tocar “difícil” es lo que se lleva y con frecuencia la línea melódica o desaparece o nunca estuvo. Veo manos izquierdas que parecen arañas veloces y hambrientas, pero a veces no sé hambrientas de qué, porque no encuentro la música, o la que hay yo no la entiendo. Y para mí, el flamenco es música.

 

Todas las imágenes son del archivo particular de Carlos Ledermann

 

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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