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«El flamenco ni es catalán, ni andaluz, ni extremeño: hay flamenco bueno y flamenco malo»

Miguel Poveda sigue marcando un sendero particular, llevando flamenco de calidad a nuevos públicos gracias a su versatilidad, su amor al arte jondo y su afición sin límites.

Hace 21 años, el 18 de noviembre de 2000, cogí el Talgo hacia Zaragoza para ver a un joven cantaor del que sólo había oído hablar. En la Peña Unión Flamenca, Miguel Poveda, de Cataluña, iba a dar un recital. En aquel entonces, tenía él 27 años, y habiendo ganado en 1993 la Lámpara Minera, codiciado premio del Cante de las Minas de La Unión, estaba construyendo una carrera a base de su personalidad, constancia y amor sin límites por el flamenco. Otros cantaores nacen en el seno de una familia flamenca en el barrio flamenco de ciudades o pueblos flamencos. La comunicación de Miguel con este género fue, inicialmente, mediante la radio de su madre, la música típica que escuchaban los inmigrantes andaluces en las décadas 1960-80: copla clásica, rumbas y fandangos interpretados por figuras dinámicas como Lola Flores, Bambino, Manolo Caracol y otros con un pie en el flamenco y otro en la música popular aflamencada. Más tarde, acaparó vivencias mediante su contacto con el ambiente flamenco de Jerez.

 

A pesar de los obstáculos, el catalán saboreó y cultivó esta música con el mayor respeto, logrando subir a las alturas por mor de su talento, inteligencia y sinceridad, aquel atributo que puede escasear entre intérpretes de cualquier género.

 

 

«En cierto modo, Miguel Poveda es el más flamenco de todos. No una fachada, sino flamencura genuina y una feroz individualidad. De su generación, fue el primer cantaor figura en apartarse de la estética camaronera»

 

 

La semana pasada, Miguel Poveda se hizo cargo del jerezano Teatro Villamarta durante cuatro noches seguidas, una hazaña de proporciones mayores en esta plaza difícil donde los seguidores del arte jondo no suelen tolerar a los de fuera. Y me acordé de la conversación que había tenido con Miguel aquella noche hace dos décadas. Entre otras cosas, dijo: “El flamenco no es catalán, ni andaluz, ni extremeño: hay flamenco bueno y flamenco malo”. Y el producto de Poveda figura entre lo mejor. Las caras entre el público en el teatro eran de personas de clase media alta que vitoreaban y aplaudían con el menor detalle a lo largo del recital variado que incluyó a la admirada cantaora veterana María Vargas para las bulerías finales.

 

En cierto modo, Miguel Poveda es el más flamenco de todos. No una fachada, sino flamencura genuina y una feroz individualidad. De su generación, fue el primer cantaor figura en apartarse de la estética camaronera, a pesar de la admiración que siente por aquel que tan indeleblemente marcó el flamenco. Ocasionalmente escuchas comentarios que Poveda no es más que un “showman”. ¿No es, acaso, el Capullo de Jerez un expansivo showman?  ¿No lo fue Chano Lobato con sus anécdotas surrealistas que dejaron al público rendido a sus pies? Del Beni de Cádiz, ni os cuento… Pensándolo bien, ¿no es el flamenco, por definición, un emocionante show musical?

 

Miguel es también purista creyente cuando se lo propone. En el 2006 en la Bienal de Sevilla, para la presentación de su grabación Tierra de Calma, tuvo el valor de terminar el recital con unas siguiriyas y cabal francamente impresionantes. En el 2009, en el Baluarte de la Candelaria de Cádiz, presentado por la conservadora Peña Flamenca Enrique el Mellizo, retiraron todas las mesas para poder acomodar a las 1.400 personas que acudieron a la amplia terraza al aire libre para el recital de Miguel Poveda, con centenares haciendo cola a lo largo de la Alameda esperando poder conseguir una entrada. Sólo un año más tarde, cuando inauguró la Bienal en la plaza de toros de Sevilla con un público de 7.000 personas, Miguel nos mantuvo cautivados durante tres horas basándose en el flamenco clásico en todas sus facetas.

 

 

«Escuchas comentarios que Poveda no es más que un “showman”. ¿No es acaso el Capullo de Jerez un expansivo showman?  ¿Y Chano Lobato y el Beni de Cádiz? ¿No es el flamenco, por definición, un emocionante show musical?»

 

 

Aquella noche hace veinte años en la peña de Zaragoza, Miguel Poveda terminó con un largo bis por bulerías a palo seco, sin palmeros ni apoyo de ningún tipo. Solo y de pie en medio del escenario, marcó su propio compás, igual que sigue marcando un sendero particular, llevando flamenco de calidad a nuevos públicos gracias a su versatilidad, su amor al arte jondo y su afición sin límites.

 

 

Para más información acerca de Miguel Poveda, recomiendo esta gran entrevista grabada recientemente por Juan Garrido para Expoflamenco:

 

 

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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