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Manuela Laíno o la voz dulce de Huelva

Crónica de la actuación de la cantaora onubense Manuela Laíno en la Peña Femenina Carmen Linares (Linares, Jaén).

Esta vez le toca a Linares la actuación del Circuito Andaluz de Peñas Flamencas. A pesar de tener cinco este pueblo exminero, una barbaridad, la noche del sábado 27 de noviembre siguió el circuito que todos los años y con mucho esfuerzo realiza la Federación de Peñas de Jaén. La Peña Femenina Carmen Linares requirió los servicios artísticos de Manuela Laíno, cantaora onubense de Almonte, que ya tiene en su haber tres discos, acompañada a la guitarra de Antonio Dovao, guitarrista de La Carlota (Córdoba) y con una preparación académica no muy común debido a la cantidad de títulos universitarios y másteres que posse.

 

La noche era fría, a eso añadimos el problema de la Covid-19, pero unas 25 personas acudimos para poder escuchar en directo a una cantaora que posse una voz melódica, veloz y con muchos melismas. Melismas que a pesar de todo no pudieron ser bien escuchados debido a un fuerte resfriado que le había dejado la voz muy tocada. Esas voces en esas situaciones sufren mucho, ya que se basan en la musicalidad. Además, suelen tener vibrato y buenos formantes, pero son voces claras, por lo que los achaques de una enfermedad las descubren mucho.

 

A pesar de todo, Manuela hizo que pensar, y en el buen sentido. Cantaora que se acuerda de cantaores que tuvieron matices, cualidades y voces, salvando las distancias, como Marchena, con el que empezó la Rosa. Se asomó a otros cantes poco cantados, como este anterior, aires gaditanos, lentos, que entona muy bien, con personalidad, aplicándoles una voz llenísima de matices, al igual que hizo con la farruca y los campanilleros, estos muy personales, haciendo un guiño a la Niña de la Puebla, aunque improvisando ciertos matices, con musicalidad un tanto diferente, pero que sonaron flamencos, lentos y con toda una saga de colores que deleitaron al valiente público que fue capaz de ir a escuchar flamenco.

 

La actuación siguió sin descanso, para no terminar muy tarde y recogerse pronto de la fría noche otoñal en Linares. Poco después interpretó los cantes mineros, mineras de Pencho Cros, cartageneras de aquel genio del cante llamado Don Antonio Chacón, y tarantas de Rogelio Beltrán el Puebla, cantaor de Huelva que siempre tuvo una especial admiración por Linares y en los que Manuela fue un fiel espejo de esas tarantas que Marchena popularizó en tantas ocasiones con el nombre que al momentico lo hiciera. Por tango se fue a Extremadura, reviviendo aquellos que hizo Porrina de Badajoz y que tanta fama le dieron. Tangos vivos, a compás, y con unos matices que si el compás te cubre fallos por tener que ir medido, quien los haga debe ser capaz de darle lo que tienen que tener.

 

Terminó por fandangos, como buena onubense, los cantes de su tierra. Hizo un ramillete de aquellos fandangueros como Rengel, Rebollo, Cané, Alosno, Huelva y fandanguillo de Huelva, Paco Toronjo y otros tantos de puro sabor de la sierra y de la mar, que pusieron al público de pie y demostraron la afición y los conocimientos de esta cantaora onubense.

 

Siempre acompaña por Antonio Dovao, guitarrista sobrio, con conocimientos, sin excesos en el toque con lo que es exclusivo al acompañamiento. Fácil en las falsetas y mejor aún en dedicarse a la cantaora, por lo que la noche salió con buenos resultados y la gente salió satisfecha en lo que al espectáculo se refiere.

 

 

 

 

 

 

 

Texto y fotos: José Ramón Checa Medina

 

 

 

 

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