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Consuelo Haldón, la paymoguera del tablao

Crónica del recital de Consuelo Haldón La Canastera y Antonio Dovao en la Peña Flamenca de Huelva. «Es imposible no tener la mirada puesta en el futuro con esperanzas. Su voz suena flamenca, ella es flamenca».

Paymoguera… / Por donde quiera que voy / presumo de paymoguera. / Y nací en un tablao, / pregono que soy gitana / por to’ los cuatro costaos

 

Difícilmente una cantaora puede definirse mejor y con más sencillez. Así lo hizo en el último fandango de la noche Consuelo Haldón La Canastera. Nació en 2007. Sus maneras cantaoras están en construcción y para ello se forma en la actualidad en la escuela de Manolo Sierra, cantaor y gran aficionado de Huelva cuya desmesurada afición lo hace trabajar transmitiendo sus conocimientos en el Aula Flamenca de Paymogo.

 

Fue el viernes día 10 de diciembre. Confieso que acudí ilusionado a la Peña Flamenca de Huelva al encuentro con esta cantaora adolescente. Después de algunos meses de recitales semanales por peñas y asociaciones flamencas de la provincia sevillana y de llevarse el primer premio en Coria del Río (entre otros), asistíamos a su puesta de largo en Huelva. Y para ello contó con un respaldo absoluto. La noche era fría, y después de exprimir el puente de lo que venimos denominando Inmaculada Constitución era el momento de calentarnos en una buena mecía de cante.

 

La Peña de Huelva presentó una asistencia de las que hacía tiempo no se vivían. Aficionados y aficionadas cabales de la ciudad, así como una nutrida representación de Paymogo, el pueblo del Andévalo alto onubense, fuimos testigos de las posibilidades que atesora La Canastera.

 

 

«El frasquito de esencia que quieres guardarte para recordarlo en venideros días, aquello por lo que te alegras de ser uno de los presentes y no haber sucumbido a la desidia que el frío y la pandemia te meten en el cuerpo: el cante por taranto»

 

 

Comenzó la noche, Consuelo, cantando por alegrías. Nos llevó al cante gaditano con una fuerza algo impropia de la edad y con un manantial de buenas maneras. Recorrió algunas letras de las de siempre –cosa que particularmente me agrada, sobre todo en aficionados de corta edad– y los remató con aires camaroneros. Prosiguió con la soleá apolá, templándose con ‘desde el principio del tiempo / antes que tú nacieras / ya te estaba yo queriendo’ nos trajo aires del maestro Fosforito, Pepe Marchena, Morente y Charamusco, para luego marchar a la malagueña, donde acompañada magistralmente por la guitarra de Antonio Dovao abordó los cantes de La Trini rematando con el fandango de Frasquito Yerbagüena. Aquí no hay imposturas y mece el cante cuando debe y echa la voz al vuelo en el cierre abandolao. Para cerrar la primera parte nos hace un ramillete de tientos y tangos. Quizás, bajo mi punto de vista, lo menos acertado de la noche.

 

Como si de un deporte se tratara en donde te juegas el ser o no ser, el segundo envite de la noche lo empezó cantando por siguiriya: ‘Delante de mi mare / no me digas ná / Que me naqueras (porque me dices) cositas muy malas / cuando tú te vas”. Y después de irse a la sierra de Armenia, remató con la cabal de Silverio, donde nuevamente quiso decirnos que venía a compartir con nosotros los veinte reales del duro. Poco que reprochar cuando a pesar de no estar en plena forma de voz entregas lo que tienes dentro en forma de cante. Prosiguió por soleá y de ahí marchó a los cantes de taranta y taranto, donde a fuerza de arremangarse los machos nos dijo lo que sería, en mi opinión, lo mejor de la noche. El frasquito de esencia que quieres guardarte para recordarlo en venideros días, aquello por lo que te alegras de ser uno de los presentes y no haber sucumbido a la desidia que el frío y la pandemia te meten, a veces, en el cuerpo: el cante por taranto. Música en las seis cuerdas del maestro Dovao y flamencura en la voz de La Canastera: ‘Y es que ya no pueo más / Y las fuerzas me están faltando / y es que ya no pueo más/ y ni siquiera este taranto / voy a poder terminar / y por eso lo canto llorando’. Para terminar, un ramillete de fandangos, entre los que no podían faltar las variantes de Huelva.

 

Consuelo tiene por delante un bonito camino que recorrer. Es imposible no tener la mirada puesta en el futuro con esperanzas. Su voz suena flamenca, ella es flamenca, su entorno y principalmente su maestro Manolo Sierra y su guitarrista Antonio Dovao son dos flamencos sin aditivos y con una afición y amor desmesurado al cante. Por tanto, podríamos decir que blanco y en botella. Pero todos sabemos que esto no funciona así. Por ahora, me quedo con esa esperanza y con las ganas de que la perspectiva se convierta en una realidad que llegue más temprano que tarde. Me ilusiona hacerme eco de “los triunfos” de jóvenes voces con grandes posibilidades. Soy flamenco de afición y de peñas, y el recital de Consuelo el pasado viernes en la Peña Flamenca de Huelva me motiva a pensar que el Flamenco seguirá siendo una realidad en la generación nacida el siglo XXI. Ahora queda saber gestionar las posibilidades y entender que el cante es un largo camino real por el que transitar con trabajo y esfuerzo constante. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto y foto: Jesús Naranjo

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

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