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Al maestro Esteban de Sanlúcar, semblanza a su memoria

Breve ensayo sobre la vida y obra del guitarrista Esteban Delgado Bernal, Esteban de Sanlúcar (Sanlúcar de Barrameda, 1912 - Buenos Aires, 1989). Un sello de autenticidad influyente en gran medida en la guitarra de concierto de hoy.

Fue tras escribir mi primer artículo sobre el maestro Mario Escudero cuando sentí la curiosidad de conocer e investigar sobre la vida y obra de otras figuras, sobre todo en la disciplina guitarrera. Grandes figuras que por diferentes circunstancias o motivos no han tenido el reconocimiento merecido.

 

Esteban Delgado Bernal, Esteban de Sanlúcar, nace en la gaditana localidad de Sanlúcar de Barrameda el 21 de febrero de 1912, acunado por una familia marinera. Pasa su primera infancia junto a sus padres Manuel Delgado Alba y Carmen Bernal López, y sus hermanos Manuel y Antonio Delgado Bernal. Este último, Antonio de Sanlúcar, también se dedicaría a la guitarra flamenca y sería clave en los comienzos artísticos de su hermano pequeño Esteban.

 

La vida artística de Esteban de Sanlúcar está marcada por dos etapas. Una primera etapa en España durante las décadas de los años veinte, años treinta. Ya en 1944 recala en Buenos Aires, Argentina. Esta segunda etapa en Hispanoamérica transcurre entre Buenos Aires, Caracas, México y Uruguay. Es en Monterrey donde conoce a Zélika Poggio Vargas, se casa en enero de 1950 y tendrían una hija, Ana María Delgado Poggio, aunque el matrimonio se separaría años más tarde.

 

En esa primera etapa, Esteban de Sanlúcar, contado por él mismo, tuvo varios trabajos pero decidió centrarse en el estudio de la guitarra. Es a la edad de 13 años cuando se establece en Sevilla junto a su hermano Antonio de Sanlúcar, ya que éste tenía un lugar de importancia entre los guitarristas de la época, trabajando en importantes tablaos y acompañando a importantes figuras como La Niña de los Peines, Manuel Torre o Antonio Chacón. Esteban comienza a visitar y a conocer los ambientes en el flamenco enclave de la Alameda de Hércules, donde solicitan su asistencia en fiestas privadas y diferentes colmaos. A la edad de 16 años debuta en El Kursaal Internacional, un café de variedades inaugurado en 1914. Allí conoce al guitarrista jerezano Javier Molina y acompaña a figuras como La Macarrona, La Malena, Niño Gloria, Niño de Lucena o La Jeroma. No obstante, Esteban también tendría una presencia importante como guitarrista en diferentes ventas y cafés cantantes como el nombrado Kursaal, la venta El Charco de la Pava, el Pasaje del Duque o el Tablao Olimpia. Es en su etapa en el Kursaal Internacional donde conoce a Antonio Mairena, con quien tendría una buena relación tanto personal como profesional. Una relación que les llevaría a realizar las primeras grabaciones del maestro Mairena en discos de pizarra durante el año 1941.

 

 

«Esteban de Sanlúcar fue asentándose como el referente de guitarra flamenca en Hispanoamérica por su técnica, conocimientos y su saber estar, con lo que todos los artistas que llegaban de la madre patria española solicitaban sus servicios»

 

 

Así, su carrera como guitarrista de acompañamiento seguiría creciendo. Importantes figuras como La Niña de los Peines, Pepe Pinto, Manuel Vallejo, Manolo Caracol, Antonio El Sevillano, José Rebollo, Paco Mazaco, el Cojo de Huelva o El Gloria solicitaban sus servicios. Durante esta etapa como guitarrista de acompañamiento, entre 1933 y 1934, trabaja con la compañía de Pepe Marchena  y Angelillo junto al guitarrista madrileño Luis Yance Fernández, recorriendo diferentes enclaves geográficos e incluso actuando en su Sanlúcar de Barrameda con diferentes compañías, a destacar las actuaciones con Manuel Vega El Carbonerillo. Su guitarra también sería solicitada para diferentes grabaciones discográficas, como las que realizaría con Juanito Valderrama, Canalejas de Puerto Real, Pepe Valencia, Chiquito de Triana, así como por numerosas e importantes figuras del panorama flamenco de la época.

 

Entre los años 1935 y 1936 se incorpora a los espectáculos de La Niña de los Peines y Pepe Pinto, y Canalejas de Puerto Real. Destaca en 1936 su presencia acompañando en el Certamen Nacional de Ópera Flamenca que organizó el Circo Price en Madrid, donde el cantaor gaditano Pericón de Cádiz, Pepe el Culata y Manolo Fregenal se proclamaron ganadores.

 

El repertorio guitarrístico del maestro Esteban de Sanlúcar, en esta primera etapa, se componía principalmente de toque de acompañamiento al cante y al baile. No obstante, su toque se presenciaba enérgico, dotado de una  técnica completa en las diferentes ejecuciones con el instrumento, con personalidad y un nivel contemporáneo igualado a la calidad del toque de los maestros Melchor de Marchena, Ramón Montoya o Niño Ricardo, a los que Esteban personalmente los denominaba como “guitarristas de teatro”, refiriéndose a guitarristas profesionales. En sus actuaciones, Esteban introducía sus propias falsetas en el acompañamiento, e incluso se atrevía con algún toque en solitario, pese a su juventud, y el propio Niño Ricardo le denominaba  “el niño de los solitos”.

 

 

 

 

Resonando los ecos de su toque por toda la flamenca patria, en el libro Arte y Artistas Flamencos, escrito a mediados de los años 30 por Fernando Rodríguez Gómez, Fernando el de Triana, que sería el presidente del jurado del Certamen del Circo Price, lo describe así:

 

«¿Qué no le conocen ustedes? No me extraña, pero ya le conocerán, porque este guitarrista estudia mucho y domina más. ¡Qué facilidad! ¡Qué ejecución! Y, caso raro, desde los principios de su afición, le entró el compás en la cabeza, del cual no se separa un átomo, por difícil que sea la variación o falseta que ejecute. No hace muchas noches me invitó a que le escuchara tocar un rato. Nos metimos los dos solos en el cuarto de estudio del Pasaje del Duque, y confieso que salí de allí con una borrachera de toque que me vi negro para digerirla.

Yo creo que ya este año se decidirá a salir por las grandes capitales. O mucho me equivoco o quedará consagrado para poder figurar entre las grandes figuras de la guitarra flamenca»

(pág. 194).

 

 

Argentina, punto de inflexión

 

Esteban fue acumulando experiencia como figura de la guitarra flamenca, trabajando con diferentes e importantes compañías. La propia Juanita Reina lo contrata en 1943 y luego es contratado por Doña Concha Piquer para trabajar en su espectáculo Retablo Español. Y el 1 de septiembre de 1944 embarca con destino a Buenos Aires, Argentina.

 

Este viaje supone un punto de inflexión en su carrera, ya que prendado de la ciudad, de sus gentes y del ambiente flamenco que se respiraba en Hispanoamérica, una vez cumplido el contrato firmado con Doña Concha Piquer, decide quedarse allí para empezar una segunda etapa en su vida como guitarrista. Trabaja en los enclaves flamencos más importantes: Colmao Sevilla, El Tronío y el Teatro Avenida. Establecido en la capital argentina, decide que su madre Carmen Bernal y su hermano Manuel se fueran a vivir con él, puesto que su padre falleció siendo niño. Allí trabaja con numerosas figuras tanto del cante como de la copla: Carmen Sevilla, Paquita Rico, Joselito, Lola Flores, el Niño de Utrera… Con Imperio Argentina en su espectáculo Recital Español, con la bailaora La China, con el bailaor Curro Terremoto (hermano de Fernando Terremoto). Y se vuelve a encontrar con Angelillo, pero resaltar una gran relación amistosa y profesional con Miguel de Molina, destacando una actuación de ambos ante el presidente Perón y su mujer Evita.

 

Aparte de todo esto, poco a poco Esteban fue asentándose como el referente de guitarra flamenca en Hispanoamérica por su técnica, conocimientos y su saber estar, con lo que todos los artistas que llegaban de la madre patria española solicitaban sus servicios. Claros ejemplos son los de Naranjito de Triana, que lo llama tío, y la íntima amistad que tuvo con Luis Caballero, que escribió de él “plañidero creador de glorietas flamencas que un día decidió regalar a Hispanoamérica medio siglo de la más equilibrada, auténtica y jonda guitarra andaluza”. Pero no solo esas, incluso cultivó una gran amistad con los grandes maestros Mario Escudero y Paco de Lucía. Ambos grabarían temas creados por Esteban de Sanlúcar, como Mantilla de Feria o Panaderos Flamencos. Incluso el maestro sevillano Rafael Riqueni grabó dos toques del maestro de Sanlúcar. En Buenos Aires conoce asimismo a los también guitarristas Camilo Salinas, Pepe Monreal y Manolo Yglesias. Este último sería su discípulo e íntimo amigo, y años más tarde realizaría una transcripción de sus toques para su posterior publicación junto a una entrevista del propio Esteban de Sanlúcar.

 

Aparte de Buenos Aires, trabaja dos años en México en el Tablao Gitanerías y un largo periodo en Caracas, trabajando en el Café de Chinitas y Los Tarantos. Durante la década de los setenta abre en la capital venezolana una academia de guitarra, pero debido a las circunstancias que se viven durante esos años convulsos decide en 1984 regresar a Buenos Aires, y adquiere un apartamento cercano a la playa argentina de Mar de Ajó, puede que por sus recuerdos de Bajo de Guía. Es en Buenos Aires donde a los 77 años de edad, tras los cuidados principalmente de una sobrina, fallece a causa de unas complicaciones en su salud un 27 de octubre de 1989.

 

Esteban estuvo a punto de volver a España tentado por Lola Flores en 1960, pero volvió en 1973. Fue la única vez. Realiza una visita a su Sanlúcar natal y pasa por Madrid, donde se entrevista con Manolo Sanlúcar y aprovecha para comprar una guitarra Sobrinos de Domingo Esteso de la famosa guitarrería Hermanos Conde, apuntando que su primera guitarra fue una Santos Hernández.

 

 

«El toque del maestro Esteban de Sanlúcar presentaba un toque mecido entre lo ortodoxo y la modernidad de la época. Una guitarra pura, jonda, llena de verdad, cargada de esencia andaluza, flamencura navegante entre los toque libres y la veracidad del compás, que llama al duende para acomodar el cante entre sus cuerdas»

 

 

Cuenta Jose Luis Vargas Quirós, en su libro La Casa de los Vargas, que el maestro Esteban de Sanlúcar era un hombre educado, respetuoso, alegre y tenía fama de buen comer. Y cuenta que «su padre lo invitó a comer una berza en mi casa. Cuando la madre pone en la mesa el primer plato, se le saltaron las lágrimas. Pero su padre, que sabía de su fama de comilón, le dice a mi madre si podía ponerle un plato más grande y la madre ni corta ni perezosa le dice: “Si quieres le pongo una palangana que acabo de comprar. Está sin estrenar”. Esteban no la dejó terminar, y le dijo: “Paquita, me parece muy buena idea la suya”. Yo nunca había visto ni veré a nadie comer tanto y además en una palangana. Esteban, se puso “ciego” de berza».

 

El toque del maestro Esteban de Sanlúcar, sobre todo en el apartado como solista de concierto, presentaba un toque mecido entre lo ortodoxo y la modernidad de la época. Una guitarra pura, jonda, llena de verdad, cargada de esencia andaluza, flamencura navegante entre los toque libres y la veracidad del compás, que llama al duende para acomodar el cante entre sus cuerdas o transmite ese pellizco flamenco en sus composiciones solistas. En sus composiciones solistas se intuyen varias influencias la Escuela Bolera y el querer llevar el clásico español a la esencia flamenca. Puesto que trabajó asiduamente con Ángel Pericet –miembro de la familia Pericet, que definieron las danzas boleras–, se puede apreciar esta influencia en sus famosos Panaderos Flamencos, en su Mantilla de Feria, donde Esteban incluye unas castañuelas como acompañamiento –mismo caso que Mario Escudero, que lo quiso grabar en ese estilo–, Los Caracoles, la Jota con acompañamiento orquestal, castañuelas y piano. Y por otra parte se aprecia una transición de paso hacia el flamenco más clásico. Claro ejemplo el tema Primavera Andaluza, donde alterna pasajes brillantes, rítmicos, con partes más tranquilas y lentas en las que fluye la melodía sin perder la esencia del más puro flamenco, como el zapateado Perfil Flamenco o la farruca Aromas del Puerto. Sin poder olvidar Castillo de Xauen, danza mora que sería referente de muchas zambras y danzas moras venideras. No obstante, la mayoría de los toques del maestro de Sanlúcar son de riguroso estudio en conservatorios y escuelas de guitarra. Un sello de autenticidad influyente en gran medida en la guitarra de concierto de hoy.

 

Espero que este artículo pueda dar mayor visibilidad y reconocimiento a uno de los maestros de la guitarra flamenca, sobre todo en su disciplina concertista. Un maestro admirado por muchos de su generación e imprescindible para generaciones posteriores, y que dentro del mundo flamenco debiera estar más presente por sus aportaciones. No podría terminar sin agradecer la confianza, amistad, lecturas y charlas, imprescindibles para el desarrollo de este artículo, a Servando Repetto, Jose Luis Vargas Quirós y los guitarristas y amigos Niño Manuel y Esteban Gonda.

 

Imagen superior: Esteban de Sanlúcar con Joselito el pequeño ruiseñor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Israel Torres Toscano

 

 

 

 

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