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Siempre Capullo el de los Jereles

Crónica del recital del cantaor Capullo de Jerez en el Hospital de Santiago, de Úbeda (Jaén). El artista armó el taco.

Siempre, y en casi todos los festivales, habría que llevar a un artista como Capullo de Jerez. Persona humilde, pero con una personalidad arrolladora de las que hoy faltan en el flamenco. Esto no quiere decir que haya malos cantaores o cantaoras, que los hay, pero también hay buenos y con conocimiento de cante.

El 22 de mayo de 2021, el lugar era ideal, el Hospital de Santiago de Úbeda, proyecto artístico de Vandelvira que acogió arte en estado puro, el de Capullo de Jerez, con Niño Jero (hijo) a la guitarra, y el compás de José Rubichi y Jesús Flores.

Desde el comienzo y a pesar del poco valor que le da a la fama, de la que tanto reniega, se mereció esta, ya que es artista desde que sale al escenario. Desarrolló sus conocimientos no solo del cante jerezano, hecho difícil debido a la cantidad de buenos maestros que dio la tierra del vino, sino de otras músicas que Miguel Flores sabe darles ese sostén y eco flamenco santiaguero, el barrio donde nació y se crió.

 

«Capullo de Jerez entró cantando por martinetes, recordando aquellos viejos estilos jerezanos y trianeros, de Mairena y Tomás Pavón»

 

Comenzó la noche con un solo del Niño Jero, que demostró ser un artista completo, conocedor y trabajador incansable de la guitarra. Guitarra que sonó en el puro estilo jerezano del toque flamenco, con innovaciones, pero recordando a los viejos maestros del toque jerezano. Tras este preámbulo, Capullo entró cantando por martinetes, recordando aquellos viejos estilos jerezanos y trianeros, de Mairena y Tomás Pavón, por lo que se pudo ver el conocimiento de este artista. Siguió con la soleá para bailar de jerez, donde los ecos de la Calle Nueva supieron enganchar a un público que se deleitaba con el arte del jerezano. Continuó con fandangos atribuidos a Enrique el Almendro, recortados, pero con sabor a vino de González Byass, siguiendo con unos fandangos al estilo que grabase Manuel Torre, con lo que su estilo jerezano rondó el círculo a los viejos maestros de la campiña de la Baja Andalucía.

 

 

Y se armó el taco. Bulerías y rumbas muy personales, en las que Capullo es un fiel dominador del compás, sin salirse ni un momento, con un compás endiablado que resonaba en las casas y tabernas de Santiago.

El público supo recoger ese entusiasmo y transmisión que el artista pone siempre sobre las tablas, con su personalidad, que como en tantas otras facetas de la vida hace falta, hecho que te da el sello distintivo, de su convicción de ser cantaor flamenco y saber llegar a las masas, para ponerlas al pie de casi bailar, teniendo en cuenta incluso que las medidas de seguridad impedían tal acción.

Por sus enormes conocimientos, compás y cómo debe trasmitir el cante hacia el público que tiene delante, Capullo es un artista de los que saben por dónde anda el flamenco, por dónde debe actuar. Tuvo frente a él un auditorio lleno, que se quedó sin entradas, en el que se respetaron todas las medidas de seguridad. El arte entre Vandelvira y el artista se unieron hasta el punto de que, si volviese mañana mismo, me quedaría de nuevo y sin duda con la unión del arte renacentista de Andrés de Vandelvira y el de Capullo el de los Jereles.

 

 

 

 

 

José Ramón Checa Medina

 

 

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