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Keiko Inoue: «El flamenco es mi pasión y mi misión en esta vida»

Segunda entrega de la serie Flamenco Around The World, con la firma de Jafelin Helten. La bailaora japonesa Keiko Inoue reflexiona sobre su flamencura. «Nací en Japón, me considero flamenca por vocación y devoción», dice.

Keiko Inoue (Tokio, Japón, 1968) echó los dientes en el ballet clásico. Con solo tres años, comenzó su formación en la prestigiosa Tachibana Ballet School de su ciudad natal. Al cumplir los diecisiete cambió las zapatillas de punta por los zapatos de flamenco para estudiar baile bajo la dirección de la gran maestra Yoko Komatsubara en su estudio del barrio de Koenji, en Tokio. Un año después, debutó en las tablas del auditorio del parque de Hibiya, en el centro de la capital japonesa, con la obra La noche de verano flamenco de la Compañía de Ballet Flamenco de Yoko Komatsubara. Todavía hoy asegura sentir el mismo respeto escénico que el día de su debut flamenco. En 1992 obtuvo el segundo premio del Concurso Bienal de Arte Flamenco de Tokio y el premio especial de la sección de Clásico Español. Tres años después, su maestra, la gran Yoko Sensei, le concedió el honor de ser profesora colaboradora en su estudio de Koenji, cuna de tantas bailaoras japonesas.

 

En 2005 llegó a Sevilla como becaria de la Agencia Cultural de Japón para estudiar durante un año con tres grandes figuras del baile: Milagros Menjíbar, Manuel Betanzo e Isabel Bayón. A orillas del Guadalquivir creció personal y profesionalmente con la cariñosa y paciente enseñanza de tan grandes maestros. En 2006 actuó con la compañía de baile de otra grande, María Pagés, en el estreno mundial de su obra Sevilla en Japón (Kobe y Tokio). Todavía hoy no le alcanzan las palabras para expresar lo maravillosa que fue esa experiencia.  En 2009 tuvo el privilegio de participar en el Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión, quedando finalista –la primera de su país en conseguirlo– en el escenario de la Catedral del Cante, arropada por el cante de Pepe de Pura y Jeromo Segura y el toque de Paco Iglesias con coreografía de Rafael de Carmen. Ese mismo año debutó en el Teatro Madrid con el Ballet Flamenco de Yoko Komatsubara en el papel protagonista de Carmen, una de las obras más representativas de su maestra, que fue muy bien acogida por el público madrileño. Después vino el periplo internacional con las giras de la compañía por España –en múltiples ocasiones–, Brasil, México, Nueva York, Israel, Tailandia, Corea, China y Singapur.

 

Yoko Sensei siempre será su maestra, pero en 2011 llegó la hora de volar sola y en 2013 debutó con su recital Agradecimiento en el legendario tablao El Flamenco de Tokio. En la primavera de 2015 abrió su escuela de flamenco Estudio Ramillete en Shinagawa, Tokio. Pese a la pandemia, no ha dejado de trabajar todos los días, con toda su pasión por enseñar a las generaciones más jóvenes de bailaoras por todo Japón. Su referencia es la filosofía de la Ética del flamenco de la que habló y nos enseñó el gran maestro Antonio Gades

 

 

– ¿Quién es Keiko Inoue?
– Soy una persona que ama y vive para la danza española, el flamenco, el ballet y la música.

 

– ¿Qué significa el flamenco para usted? 
– El flamenco es la pasión de mi vida y, como profesora, mi misión en esta vida. Nacida en Japón, me considero flamenca por vocación y devoción.

 

– ¿Cuándo se encontró con el flamenco por primera vez y dónde? 
– Cuando tenía diecisiete años. Yo estudiaba ballet clásico en Tokio y era muy duro. Un día mi madre me descubrió y recomendó el baile flamenco y desde ese mismo día decidí ser bailaora.

 

– ¿Dónde se formó como aficionada? ¿Y cuáles son sus maestros?
– Mi maestra es la famosa bailaora Yoko Komatsubara. Empecé a estudiar baile flamenco con ella en su estudio de Koenji, en Tokio, y con el tiempo llegué a ser profesora colaboradora de la gran Yoko Sensei, una maestra.

 

 

«El mismo día que vi al maestro Maurice Bèjart bailar ‘Eros y Thanatos’ en Tokio me robó el alma y decidí dedicar mi vida al baile. Yo tenía trece años»

 

 

 

 

– ¿Qué artistas le inspiraron a bailar? 
– Son muchos los artistas que me inspiraron a bailar, pero si tengo que elegir uno me quedo con el inolvidable maestro Maurice Bèjart. El mismo día que le vi bailar Eros y Thanatos en Tokio me robó el alma y decidí dedicar mi vida al baile. Tenía trece años. Tampoco podría dejar de mencionar a mis tres grandes maestras como bailaora: Yoko Komatsubara, Milagros Menjíbar y Maribel Gallardo, del Ballet Nacional de España.

 

– ¿Cuál fue su experiencia al participar en el Festival de Las Minas? 
– Fue una experiencia inolvidable. Por una parte, fue muy duro física, mental e incluso económicamente. Pero, por otra parte, me permitió conocer personalmente a muchos artistas flamencos y conocer de primera mano el origen del taranto.

 

– ¿Cuál es su meta?
Mi meta inmediata es, en cuanto se acabe esta pandemía del virus Covid-19, viajar para conocer personalmente a mis alumnas online en varias ciudades de Japón y darles clase en estudio.

 

– ¿Algún mensaje personal? 
¡Viva el amor, viva el baile, viva el flamenco!

 

Imagen superior: actuación de Keiko Inoue en el Festival del Cante de las Minas 2009. Fotos cedidas por Keiko Inoue

 

 

Jafelin Helten

 

 

 

Keiko Inoue, con Milagros Menjíbar.

 

 

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