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Cantes que fueron canciones (2)

Segunda entrega del tema que comentamos en nuestro anterior artículo –ver enlace al final del texto– en el que repasamos el repertorio flamenco indicando los cantes que fueron canciones.

Empezamos con los fandangos. El complejo genérico de los fandangos lo forman un buen número de estilos con muchas variantes cada uno de ellos: rondeñas, fandangos personales, fandangos locales, malagueñas, granaínas y cantes de Levante. Todos ellos formaban parte en su día del acervo del folclore musical de cada provincia flamenca. Fueron canciones que a partir de los años sesenta del siglo XIX, y ante la popularidad que iba adquiriendo el nuevo género musical, el flamenco, no quisieron quedarse fuera y se adaptaron a la estética jonda para reconvertirse en música flamenca. Primero fueron las rondeñas y malagueñas, fandangos de Málaga. El cantaor Juan Breva fue el pionero cuando llega a Madrid y llena los cafés con su especial forma de interpretar los fandangos de su tierra. Tras él vinieron El Mellizo, El Canario, La Trini, Chacón, Fosforito… Todos contribuyeron a enriquecer el repertorio de malagueñas creando un corpus de variantes que servirían de modelo a los estilos que vinieron después, preferentemente las granaínas y las tarantas, y todos los estilos que de estos se desprenden.

Así se hizo también en Huelva, una provincia que atesora una gran riqueza en cuanto a variantes de fandangos que, principiando el siglo XX, reconvirtieron al melos flamenco integrándose en el repertorio, con su aire característico, su particular rítmica que tan popular se ha hecho en el flamenco contemporáneo. Ese paso de canciones a cantes, de fandangos tradicionales a fandangos flamencos, ha situado las más de cien variantes conocidas de fandangos de Huelva, locales y personales, entre las preferidas de la afición.

 

«Los fandangos fueron canciones que a partir de los años sesenta del siglo XIX, y ante la popularidad que iba adquiriendo el nuevo género musical, el flamenco, no quisieron quedarse fuera y se adaptaron a la estética jonda para reconvertirse en música flamenca»

 

Además el fandango de Huelva sirvió, a partir de los años veinte del pasado siglo, de modelo para que muchos artistas del cante flamenco crearan su fandango personal, también conocido como fandango natural, volcando en el armazón del fandango alosnero sus inspiraciones y creando un repertorio que alcanza dos centenares largos de variantes. Poco después de las primeras variantes este modelo decidió prescindir del compás propio del fandango de Huelva y se hizo libre de compás, como ocurrió con las malagueñas, que tras las versiones acompasadas de Juan Breva, para restarles la rítmica folclórica que proporciona el compás abandolao, que así llaman los flamencos a la rítmica del bolero, de la seguidilla bolera, sobre la que se interpretan la mayor parte de los fandangos del folclore andaluz, y que aun hoy conservan estilos como las rondeñas, los fandangos de Lucena, los verdiales. Un rítmica que no es más que el aire del bolero español, tan popular durante un siglo en toda España y más allá.

Otro de los estilos flamencos que fue canción y se hizo cante son las alegrías gaditanas. Las alegrías son jotas que adoptaron el compás de la soleá y se transformaron en estilos flamencos. Así lo hicieron muchos otros jaleos que se hicieron cantiñas y forman hoy un grupo de estilos muy apreciados por la afición, tanto en el cante como en la guitarra y el baile. Las cantiñas también fueron canciones que se hicieron cantes.

Los polos y cañas, las serranas y livianas forman el estrato más antiguo del repertorio flamenco. Antes de que surgieran incluso las soleares y seguiriyas ya se cantaban los polos (por ejemplo los de Manuel García de la primera década del siglo XIX, que tanta fama nacional e internacional tuvieron) y cañas. Estos no eran flamencos, para entendernos, aun eran canciones. Formaban parte de un estilo novedoso que podemos bautizar como gitanesco, canciones de valentones y contrabandistas que tan de moda estuvieron en la primera mitad del siglo XIX, y que sirven de antecedente al género flamenco propiamente dicho, que hasta 1847 no aparecerá nombrado como tal.

El primer polo netamente flamenco será el nominado de Tobalo, que ya en los años veinte del siglo XIX aparece en el repertorio de pioneros del cante jondo como es el caso del gaditano Antonio Monje El Planeta. Considerado rey de los polos, también cantará el de Ronda, el de Cádiz y el de Jerez, variantes de polos que seguramente iban dando forma al cante flamenco que años después cristalizaría en los cantes de su sobrino Lázaro Quintana o su alumno El Fillo.

Las serranas y las livianas fueron seguidillas serranas y seguidillas de Pedro Lacambra, respectivamente. Cuando se hicieron estilos flamencos en el repertorio de Silverio Franconetti en los años sesenta del XIX, se siguieron cantando como seguidillas, es decir, con las estrofas de 7-5-7-5 sílabas o seguidillas. La conversión al flamenco viene cuando adoptan el compás de las seguiriyas, las también llamadas playeras y seguidillas gitanas. Así fue como las serranas y las livianas pasaron de ser canciones a ser cantes, al adoptar la rítmica de las seguiriyas, incluso las melodías en el modo flamenco, pero conservando la estructura de las letras, seguidillas.

Otro ejemplo paradigmático del tema que nos ocupa son dos canciones americanas que fueron muy populares en la metrópoli española y que también dieron el paso para convertirse en cantes flamencos. Nos referimos a la petenera mexicana y la guajira cubana. Ambas tienen en común que se hacen sobre un compás de amalgama de un binario+ternario, y la transformación no fue más que a nivel melódico (en las guajiras se invirtió además el marco armónico). Las melodías originales del son huasteco llamado petenera y el punto de la Habana conocido en España como guajira, se les otorgó el adecuado aroma jondo de queja y rico en melismas, y pronto entraron a formar parte del repertorio de ciertos artistas flamencos.

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Musicólogo de Vigo (Galicia). Investigador y profesor. Amante de la música. Enamorado del flamenco. Y apasionado de La Viña gaditana.

1 COMMENT
  • Francisco en Paris 11 mayo, 2021

    Este es el Nuevo Testamento flamenco! 🙂
    grande Faustino Nuñez

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