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Con una copla de más: acuérdate cuando entonces…

'Acuérdate cuando entonces / bajabas 'escalcita a abrirme / y ahora ya no me conoces'. Qué joya, qué belleza, qué profundidad. Por soleá, por favor.

Con estos tres versos morimos, nos encantan. Una soleá y por soleá (pongan ustedes al cantaor que les guste):

 

Acuérdate cuando entonces
bajabas ‘escalcita a abrirme
y ahora ya no me conoces.

 

De ella escribíamos en nuestro libro La madre y la compañera en las coplas flamencas.

Una de las letras más conseguidas, formal y temáticamente, del cancionero. El amante invita a la amada a recordar los buenos momentos de sus relaciones, cuando no eran precisamente unos desconocidos. Empieza la copla con un verso ejemplar, un tercio con tres palabras –el verbo en imperativo y los dos adverbios temporales cuando y entonces– de referen­cias temporales. El segundo es una estampa íntima de amorosa amistad, de mutuo conocimiento y confianza, con una diminutivo afectivo central que presta todo su encanto y su ternura al verso. El tercero se abre con el adverbio temporal ahora, para contrastar el presente (ruptura del amor) con el pasado (aquel entonces del primer tercio).

Una joya literaria que recoge toda la emoción del que ha perdido las relaciones con su amada:

                                    

Acuérdate cuando entonces
bajabas ‘escalcita a abrirme
y ahora ya no me conoces.

 

Por orgullo e indiferencia se pierden muchos amores. Las coplas flamencas están llenas de amores acabados, de olvido más imposible que posible, como en esta de la Serneta:

 

No se me daba cuidao,
me hago cuenta que ha sío un ensueño
y lo pasaíto, pasao.

 

De amantes despechados que, como este, se precian de haber olvidado todo, de no sufrir más por la ruptura amorosa. Pero no siempre puede llegar el bálsamo del olvido. Tantas veces, el amante rememora aún el fuego que existió y reconoce que su amor fue profundo:

 

No niego que te he querío,
pero en el alma me pesa
el haberte conocío.

 

Ahora con referentes naturales –el mar, con ese juego de palabras con la expresión la mar de muchos/as, y el viento, personificado como en los poemas becquerianos–:

 

La mar puse yo por medio
para ver si te olvidaba,
pasé la mar de fatigas
y el olvido no llegaba.

///

M’asomé a la muralla,
me respondió el viento;
¿pa qué vienen tantos suspiritos
si ya no hay remedio?

 

Ante el desengaño también cabe el humor, el desenfado, juego de palabras incluido:

 

Yo me enamoré de noche
y la luna me engañó:
otra vez que me enamore
será de día y con sol.

 

“Acuérdate cuando entonces…”, qué joya, qué belleza, qué profundidad. Por soleá, por favor.

 

José Cenizo

 

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1 COMMENT
  • Francisco en Paris 25 abril, 2021

    Bonita poesía flamenca
    Sencilla y profunda a la vez
    Gracias

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