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Flamencología Playboy, Jet y Bachatosa

Entre los investigadores hay un tufillo a competición y revancha que no es propio de personas que, en principio, debieran perseguir un mismo fin: alcanzar un acuerdo sobre el origen y la evolución del flamenco.

Si hay algo en el estudio del flamenco que debiera ser definitivamente desterrado es la lucha por hacerse un sitio entre los investigadores. Hay un tufillo a competición y revancha que no es propio de personas que, en principio, debieran perseguir un mismo fin, alcanzar un acuerdo sobre el origen y la evolución de la música hasta la definitiva cristalización de los estilos que hoy reconocemos como flamencos.

Me molesta el tono que usan algunos colegas sobre el trabajo de otros en referencia al análisis que se haga acerca de cómo surgieron, por ejemplo, las guajiras flamencas. Aquí nadie está en posesión de la verdad y flaco favor le hacemos a la investigación si publicamos escritos acusando a un compañero de no haber acertado en su diagnóstico. Y mucho menos reclamando su persecución por los compañeros y aficionados en general (el otro día leí una tesis doctoral donde el autor casi llama a la policía acusando a un compañero de haber afirmado algo con lo que el dicho autor no está de acuerdo).

No son muchos pero siempre son los mismos. Pecan de un aire de superioridad que me resulta difícil de entender. Personalmente, cuando no estoy de acuerdo con alguien pues no lo cito, lo ignoro, lo dejo a un lado y a otra cosa mariposa, no dedico páginas enteras a descalificarlo. ¡Es un compañero, carajo! Tendrá hijos que no tienen por qué leer que su padre, o su madre, es un poquito papafrita.

 

«Confieso que me ha molestado, y me sigue cabreando, leer cosas mías en libros de otros sin la correspondiente cita. Pero se me pasa enseguida»

 

¿Y los que creen en el patrimonio de los datos? Son los dueños para siempre de lo que en su día encontraron, a veces por pura chiripa. ¡Esto es mío! ¡Y no me citas! Confieso que me ha molestado, y me sigue cabreando, leer cosas mías en libros de otros sin la correspondiente cita (sobre todo las ideas, más que los datos). Pero se me pasa enseguida. Si me enfadase cada vez que veo un dato hallado en un archivo en el libro de un compañero sin la correspondiente cita no habría siquiatra que me aceptara. Como cantaba la chirigota de El Lobe, creo que eran Los Juancojones:

 

La vida son cuatro días,

cuatro días solamente,

uno de baja, otro de fiesta

y en medio un puente.

 

Y las ideas. ¡Ay, las ideas! No son datos, son reflexiones, por eso no generan derechos. Pero es lo más difícil de lograr. Hay quien tiene treinta libros y no ha aportado nada. Aunque lo peor, lo confieso, es comentarle a alguien una reflexión y a los dos días viene a contártela a ti, el caramármol. La musicología del flamenco cuando empecé en esto, va para treinta años, estaba en pañales. Saqué entre 1989 y 2000 unas cuantas publicaciones, algunas de considerable éxito, como aquel coleccionable de Los palos de la A a la Z que sacaron los delincuentes del Club Internacional del Libro. He visto párrafos enteros de aquellos fascículos en un montón de libros, conceptos musicales traducidos del alemán que se usan mucho hoy como si nada. Y me alegro por ello, aunque reconozco que me rechina un poco cuando vienen a contármelo, sin enterarse de su propia osadía. 

Un maestro mío de los noventa, el musicólogo de Santiago de Cuba Danilo Orozco, doctor por la Universidad de Berlín, describía así los colegas musicólogos de una forma que es aplicable también a la flamencología: “La primera de ellas es la musicología playboy relativa a aquellos que viven muy bromistamente y que utilizan la disciplina para el goce a ultranza, siempre que no se trate de algún interés personal sui generis, porque sólo entonces se ponen muy serios y aplicaditos”. Conozco un montón de este tipo, gente que siempre están de broma cuando hablas de cosas serias, quitándole hierro a la conversación. Y no digo que esté mal, yo soy un coñón, la retranca viguesa, pero hay cosas que no son de broma. Están siempre apostillando por el género supuestamente gracioso para que entiendas que no es tan importante lo que estás diciendo. Algo que no aplican, claro está, cuando les toca a ellos y te comienzan a hablar con los ojos cerrados. La flamencología playboy. Conozco a uno en concreto que es el mejor en lo de reírse de lo que dicen los demás, y después se pone muy serio con sus propias reflexiones.

 

«Después están los pringaos. Los que nos dejamos los ojos en los archivos para que tres listos, un playboy, un jet y un bachatoso, por ejemplo, se lleven la gloria de haber inventado la rueda»

 

Seguimos con el maestro Danilo: “Una segunda categoría es la musicología jet, que se refiere a quienes no conciben su profesión sin un avión hacia todas partes y direcciones, con vistas a proyecciones múltiples no tan científicas que digamos”. De estos hay para dar y regalar en nuestro mundillo flamenco, se dedican al estudio del flamenco para viajar, asistir a congresos, hacer giras. A cualquiera le encanta viajar por el mundo y ganar dinerito haciendo lo que te gusta. Dar cursos y conferencias por todas partes. Qué más quisiéramos que volvieran los años dorados de los viajes. Confieso haber tenido mi época jet, no con el flamenco, más bien con la música clásica. Pero claro, yo no me dedico a esto para viajar. Ya he viajado suficiente con mi maestro Antonio Gades, cinco vueltas le he dado al mundo, visitando los mejores teatros. Estoy curado de jet lag.

Y cierra el doctor Orozco su clasificación con “la categoría más bachatosa y que hace reír a mucha gente: la musicología de corte y costura, que reúne a todos aquellos que sólo proceden dentro de ciertos moldecitos, aun cuando la realidad estudiada les desborde el modelo por todos lados”. Danilo estaba sembrao. Estos más que dar conferencias montan un show. A mí me han dicho en más de una ocasión: ¡Qué bien me lo paso en tus charlas! Soy bachatoso porque me gusta quitarle hierro a lo que cuento, pero siempre he intentado hablar con criterio y no contar milongas, aunque hacer reír con la ciencia no creo que tenga nada de malo. Pero entiendo que Danilo se refiere a los que se basan en la demagogia para convencer a su público. Ahora tenemos uno que es un gran ejemplo de flamencólogo bachatoso, demagogía 4.0. Esto suele ocurrir cuando los intelectuales se vuelve funcionarios, cuando los horarios, vacaciones etc, son consustanciales a la propia investigación. Así reflexionaba Danilo respecto de la musicología y he querido aquí aplicarlo al flamenco.

 

«Otra cosa muy distinta es apropiarte de las reflexiones de los demás para construir una teoría y pregonarla a los cuatro vientos como propia. Además de ningunear a quien la aportó»

 

Después están los pringaos. Los que nos dejamos los ojos en los archivos para que tres listos, un playboy, un jet y un bachatoso por ejemplo, se lleven la gloria de haber inventado la rueda. No se dan cuenta que somos cuatro, nos conocemos, y sabemos perfectamente lo que cada uno aporta. Ahí está el quid de la cuestión. Yo valoro a un compañero por su aportaciones, por la capacidad que tiene de obligarme a discurrir. Está bien eso de encontrar datos, muy loable lo de reunirlos todos en un trabajo, pero un libro no puede estar confeccionado a base de citas, y si lo está, entre ellas debes reflexionar. MOJARTE, esa es la cuestión. Hay compañeros que no opinan, no se mojan, como si alguien les fuera a colgar un sambenito en el patio de los naranjos de la Mezquita-Catedral de mi Córdoba. Vuelvo al Lobe: la vida son cuatro días y dos está lloviendo. Hay que arriesgar aunque estés diciendo una barbaridad, no pasa nada, así te crucifiquen cuatro enteraos. Creo que la ciencia se construye a través del principio de acierto-error, las llamadas claves del aprendizaje.

Otra cosa muy distinta es apropiarte de las reflexiones de los demás para construir una teoría y pregonarla a los cuatro vientos como propia. Además de ningunear a quien la aportó. Eso me ocurrió con un libraco que salió hace algunos años donde los investigadores se apropiaban de mis estudios en la Biblioteca Histórica de Madrid, donde estuve cinco años de ocho a tres por cero euros al mes (fue al acabar mis giras con Gades y me lo pude permitir) sin citarme, ni en la bibliografía. Te leen en una revista (publiqué mucho en Alma100, una revista que los aficionados recordarán, donde tuve una página que se llamaba El Afinador de Noticias, como después se llamó mi blog y el libro que resultó de este) y te MANGAN por to la cara el fruto de tu trabajo. Qué a gusto me he quedado. Había que decirlo. Así evito tumores malignos de esos que pueden aparecer por la insana contención.

 

Imagen superior: caricatura del dibujante y humorista granadino Antonio López Sancho (1891-1959) del Concurso de Cante Jondo de 1922 en el Patio de los Aljibes de la Alhambra.

 

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Musicólogo de Vigo (Galicia). Investigador y profesor. Amante de la música. Enamorado del flamenco. Y apasionado de La Viña gaditana.

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