Home / Opinión  / Parque de María Luisa: espejo de una guitarra

Parque de María Luisa: espejo de una guitarra

El colofón del maestro sevillano ha sido una obra dedicada a ese paraje inigualable con que cuenta su ciudad.

El colofón del maestro sevillano ha sido una obra dedicada a ese paraje inigualable con que cuenta su ciudad. Para hablar con razón de ser, incluso para una opinión subjetiva de este trabajo, es imprescindible haber escuchado la obra más de una vez, yo diría que muchas. Es entonces cuando te quedas adherido a la música que suena en la mente como un latido que se percibe de forma constante. Que nadie se precipite y emita una idea sin conocimiento de causa, porque Parque de María Luisa es una obra que pasará a la historia de la música española al igual que Noche en Los Jardines de España, o Recuerdos de La Alhambra.

Riqueni me dijo una vez que era guitarrista flamenco, pero se autodefinía por encima de todo como músico. Como decía Lorca de sí mismo, yo diría de Rafael, que por encima de ser español o andaluz, es universal. Aquel niño de trece años que en el mes de mayo de 1976 impresionó al público del Lope de Vega tocando por rondeñas y soleares, tenía por delante una brillante carrera, no libre de etapas espinosas para que no le faltara esa brizna hostil que todo genio tiene en su haber.

Ahora su obra le precede, pues atrás quedan álbumes en los que toda técnica se plasma en una mezcla de flamenquería y pulcritud sagrada. Guitarrista flamenco, pero por encima de ello genial músico, que en 2017 nos regala una suite a un paraje de Sevilla, porque ya le había dedicado hace años otra a su ciudad por entero. Casi una hora de música que se adapta a cualquier gusto, o mejor dicho a todo buen gusto, música exenta de virtuosismo pero cargada de riqueza melódica y limpia reverberación de tonalidades nuevas, con una monumental riqueza expresiva. Evoca con su escala de arpegios las repetidas ondas del agua que mece las hojas secas en “La Isleta de Los Patos” o insinúa un júbilo decimonónico de chulapas y señores con cucuruchos y vasos de horchata en un paseo por su “Plaza de España”, la cual se inicia con una alegre danza sevillana y termina con aires de chotis madrileño. Es un auténtico alarde de habilidad asombrosa para combinar las notas de extraviadas melancolías con las jubilosas escenas encerradas en el sentir de antaño.

Sería una perfecta banda sonora para una temática de la Sevilla sepia de principios del siglo precedente. Ese enlace sin solución de continuidad entre una compungida vivencia, romántica o infantil, de soledad y amores fatuos; con la explosión efusiva de desenfado y conformidad, de euforias disueltas en el recuerdo, evocadas como canciones de niño que se cantan a coro, viene impresa en una polifonía que él sabe traer al presente y plasmar en el pentagrama; un arte que sólo puede dar el sentimiento en conjunción con la experiencia y el trabajo. Es esa ciclación rápida de las dos caras opuestas del ánimo, que viene a ser la urgente necesidad expresiva que se permite el lujo de infringir las formas convencionales de los discos de guitarra en el canon de los palos del flamenco y sacar a flote una libertad anhelada y conseguida, que sin duda abrirá paso a nuevas formas.

Esa dualidad la da a entender el autor con títulos alusivos a lugares concretos del regio espacio sevillano, alternándose con otros más subjetivos, interpretados en una lírica que rebosan intimidad y romanticismo, percepciones sensoriales y escénicas del recinto ajardinado, donde la fragancia del azahar y el jazmín o la dama de noche envuelven el sentido creativo perfectamente plasmado en el acorde, donde el constante trinode los pájaros y el arrullo de las palomas se equipara a la secuencia de ligados desde graves a agudos, y a la inversa. Espejo de un alma lastimada en la espera de un día sin tiempo o premiada con el calor de una mano, sinestesias del artista visionario que sabe centrar su creatividad melódica en un lugar rico en recovecos y recuerdos, como la glorieta de Bécquer, con su estatua de gesto desesperado que tanto impacta en el autor.

Parque de María Luisa no es un disco de guitarra flamenca, aunque no se olvida de ella, y lo expone en su Bulería del Parque, donde el mismo maestro jalea a Raimundo Amador, o por tangos en Monte Gurugú, pero muy por encima de un trabajo localista, se erige en una obra maestra de la música clásica contemporánea, y ésa es la clara intención del autor, el cual termina con una pieza donde tan siquiera existe una nota de guitarra.

Rafael, eres flamenco hasta la médula, pero recuerda las palabras del padre de Paco de Lucía: “El clásico se te dará mejor”. Yo creo que se le dará bien todo cuanto traiga entre manos, porque para eso hay que valer y Rafael Riqueni vale, como ha demostrado en múltiples ocasiones.

Gracias, maestro, por este regalo que le has hecho a la cultura.

Francisco Cuaresma

Comparte este artículo

El conocimiento y la pasión. La jondura y la pena. El pellizco y la fiesta. Patrimonio Cultural de la Humanidad. Conectamos comunidades flamencas alrededor del mundo.

NO HAY COMENTARIOS

ESCRIBE TU COMENTARIO

X