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‘Historia queer del flamenco’: un arte moderno, experimental y canalla

Fernando López Rodríguez, bailarín, coreógrafo y dramaturgo flamenco, edita su libro ‘Historia queer del flamenco’. Una obra en la que el autor indica que el flamenco ha sido siempre «muy moderno, experimental y canalla».

El bailarín, coreógrafo y dramaturgo flamenco –además de filósofo e investigador– Fernando López Rodríguez (Madrid, 1990) debutó en la literatura con De puertas para adentro: disidencia sexual y disconformidad de género en la tradición flamenca (Editorial Egales, 2017). Una obra en la que abordaba los modelos hegemónicos del género y daba voz a los contramodelos de artistas flamencos en la historia. Ahora se atreve con Historia Queer del Flamenco: desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018), Editorial Egales, 2020. En este libro –una síntesis de su tesis doctoral– el autor se empeña en demostrar que el flamenco siempre ha sido «muy moderno, experimental y canalla».

«Si este libro lleva el título de Historia queer del flamenco es, al menos, por dos razones. En primer lugar, porque una de mis motivaciones fundamentales como investigador y artista ha sido buscar, analizar y reivindicar figuras y espacios marginales del flamenco que no aparecían en los manuales habituales sobre este arte y cuya ausencia daba, a mi entender, una imagen distorsionada sobre quiénes, dónde y cómo han hecho flamenco —y por qué— a lo largo de su reciente historia. Este grupo de gente rara incluye a feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas incomprensibles empeñados en hacer las cosas de otra manera sin renunciar por ello a la categoría de flamenco», cita Fernando López Rodríguez en la sinopsis.

 

«El flamenco nació macho. Fue una respuesta a la cultura francesa, un arte que negaba todos los códigos de la Ilustración y que se asentaba en la desmesura y la pasión»

 

«En segundo lugar, lo queer de esta Historia es mi mirada, que intento desviar para hablar del cuerpo y desde el cuerpo, abandonando debates bizantinos sobre purezas e impurezas, anécdotas sobre la vida de los artistas que se hallan completamente desligadas de los procesos de creación. Mitologías sobre genios que parecen más profetas que artistas y que parecen hacer arte en solitario y completamente desligados de sus colaboradores y del momento histórico, social, económico y artístico en el que vivieron», concluye el autor.

En una entrevista publicada por EFE, López Rodríguez dice que la obra hace un recorrido por el «arte queer del fracaso jondo». Con ella quiere reivindicar «todo lo que se sale de la norma por fallo, incomprensión, error, eso que llaman furretear o folletear… El furreteo está muy mal visto, pero salirse de compás puede servir para entender las cosas de otra manera».

En su libro aparecen epígrafes con tanta fuerza como Flamencas transexuales, El capital erótico de los bailaores o El uso estatal y nacionalista del flamenco. «Hay dos cosas fundamentales que al flamenco le cuestan: la expresión de género no normativa y los cuerpos extranjeros, los que por sus rasgos físicos son claramente guiris y a ellos dedica el capítulo queer, con casos como los de la texana La Meri. Además, el escritor asegura que «el flamenco nació macho». «Fue una respuesta a la cultura francesa, un arte que negaba todos los códigos de la Ilustración y que se asentaba en la desmesura y la pasión».

 

«Es necesario hablar de la historia queer de este arte por una cuestión de justicia poética y para ampliar la visión que tenemos de lo que ha sido el flamenco en todas sus facetas»

 

Entre otras cosas, el autor analiza la historia del travestismo en el flamenco, que aparece a partir de 1850. También destaca lo habitual que era la prostitución en los cafés cantantes, lugares muy populares de finales del XIX y principios del XX en las grandes ciudades. Y el trabajo infantil en los tablaos. «Fueron muchos los artistas que empezaban a trabajar con solo doce años, como Blanca del Rey, Francisca Sadornil La Tati o Antonio Zori El Muñeco, asegura.

«Creo que es necesario hablar de la historia queer de este arte por una cuestión de justicia poética y para ampliar la visión que tenemos de lo que ha sido el flamenco en todas sus facetas. La historia de cualquier arte, obviamente, se escribe desde un punto de vista muy determinado, haciéndose selección de unas informaciones y omitiendo otras. La historia queer simplemente completa y matiza algunas de las cosas que se han dicho dentro de ese relato oficial, que más o menos todos compartimos, sobre lo que ha sido el flamenco», cita el autor en una entrevista publicada en Diario16.

 

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