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Canito, el más diferente de todos

El guitarrista barcelonés Canito borda un recital en solitario en el marco del ciclo ‘Guitarra desnuda’ de la Bienal de Sevilla. Un derroche de libertad y de personalidad que logró algo tan difícil últimamente como que todo el público saliera con una sonrisa del Espacio Turina


“Hoy es difícil encontrar a alguien que no toque bien”. El titular me lo dio hace poco Juan Carlos Romero y, aunque suene un poco exagerado, responde a una realidad fácilmente verificable: tal vez no haya habido nunca un nivel técnico tan alto en la guitarra flamenca. Y cuando todos son buenísimos, toca marcar la diferencia. El ciclo Guitarra desnuda que acoge estos días el Espacio Turina en el marco de la Bienal de Sevilla va a reunir a un buen montón de creadores de las seis cuerdas con enorme personalidad, algunos todavía muy jóvenes. Pero, por decirlo orwellianamente, algunos son más diferentes que otros. Y Canito es el más diferente de todos.

 

Juan Antonio Suárez Cano, de raíces familiares extremeñas y barcelonés de cuna, se distingue, para empezar, renunciando a la silla y tocando de pie, con la guitarra sujeta con una bandolera. También por su instrumento mismo, que tiene ese rebaje para llegar fácilmente a los trastes más agudos que los anglosajones llaman cutaway florentine, acabado en pico. Y tampoco pasa desapercibida su estética, con sombrero y chaqueta plateada, tan opuesto al uniforme chaleco sobre camisa blanca que impuso Paco de Lucía.

 

Salir a escena tocando a un lado del escenario, entre tímido y circunspecto, no resulta de lo más corriente. O mojar los dedos en lo que a distancia parece un endurecedor de uñas mientras se afina. Ya digo que Canito es, de pies a cabeza, un raro. Pero todo esto no es nada comparado con lo que se pone en marcha cuando empieza a tocar. Si alguien piensa que un recital de guitarra pelada puede ser aburrido, debería ver y oír a este tocaor que se pasa una hora larga sin repetir un movimiento.

 

Sobre el papel del programa se anuncia el repertorio: malagueña, bulería, minera, granaína… Pero, a decir verdad, uno puede prescindir del listado y abandonarse a la inspiración del músico, porque los palos están notablemente desdibujados de sus parámetros más reconocibles. Solo se someten a la estricta libertad del intérprete, que mece sus picados, sus trémolos y sus armónicos con un ligero contoneo de caderas sin perder la concentración.

 

 

«Uno puede abandonarse a la inspiración del músico, porque los palos están notablemente desdibujados de sus parámetros más reconocibles. Solo se someten a la estricta libertad del intérprete, que mece sus picados, sus trémolos y sus armónicos con un ligero contoneo de caderas sin perder la concentración»

 

 

Es más, por una vez no importa que se reincida hasta cinco veces en el palo estrella, la bulería, ya que cada una suena de manera singular. La guitarra de Canito suena a ratos más clásica que flamenca, ignoro si por su profundidad de caja o por alguna otra característica, pero el toque es genuinamente flamenco, propio de quien ha echado los dientes acompañando a un sinfín de bailaores de primera y ha logrado conquistar su propio sello.

 

Un sello que, es cierto, puede resultar caótico a ratos. Como un tapiz expresionista en el que se suceden los colores anárquicamente, pero que en su reverso posee el orden secreto de unas costuras muy firmes y muy a conciencia. Y teniendo muy claro que no quiere parecerse a nadie, salvo quizá a sí mismo.

 

En uno de los pocos momentos en los que se dirigió al respetable, el barcelonés recordó a los recientemente fallecidos Manolo Sanlúcar y Manolete, “dos pilares de los nuestro”, y agradeció al director de la Bienal, Chema Blanco, la “valentía” de haber impulsado este ciclo bajo el cuidado del maestro Gerardo Núñez, por cierto uno de los mentores de Canito.

 

El tramo final de la noche fue sencillamente delicioso, con toques rítmicamente más perfilados y reconocibles: una contundente rumba, unas bulerías llenas de diabluras, ese hit que es su versión de Los cuatro muleros rebautizado como 4 x Bulería y una rondeña.

 

Es una verdadera pena que el público fuera un tanto escaso, pero ya se sabe que en esto del arte son muchos los llamados y pocos los elegidos. Lo que sí puede asegurarse es que se logró algo dificilísimo, quizá inédito en lo que llevamos de Bienal: que a la salida todo el mundo llevara una sonrisa dibujada en el rostro.

 

Fotos: Archivo fotográfico Bienal – Claudia Ruiz Caro       

 

Ficha artística

Resonemos con la Música – Canito
Ciclo Guitarra desnuda  – XXII Bienal de Sevilla
Espacio Turina, 15 septiembre 2022.
Guitarra: Juan Antonio Suárez Cano, ‘Canito’

  

   

El guitarrista Juan Antonio Suárez Cano ‘Canito’. ‘Resonemos con la Música’. Ciclo Guitarra desnuda. XXII Bienal de Sevilla. Espacio Turina. 15 sep 2022. Foto: Archivo Bienal – Claudia Ruiz Caro

 


Un pie en Cádiz y otro en Sevilla. Un cuarto de siglo de periodismo cultural, y contando. Por amor al arte, al fin del mundo.

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