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Fiesta de la Guitarra de Marchena: exigencia flamenca

Crónica de la 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. Actuaron, entre otros, Tomatito, Antonio Reyes, Duquende, María Canea y Capullo de Jerez.

Si el objetivo era el entretenimiento, el pueblo puede sentirse más que satisfecho con la noche que cerró la cuadragésima octava edición de la Fiesta de la Guitarra. El público ovacionó entusiasmado. Aplaudió todo lo que le pusieron por delante. Otra cosa es la consecución de un espectáculo de calidad flamenca. Esto resultó solo a medias siendo condescendiente con la tinta, suave en la crítica. Pasó por tanto un buen festival para el gran público y tibio para el exigente.

 

A la palabra estuvo con profesionalidad, soltura y acierto el compañero y amigo Manuel Martín Martín. Hubo tres bloques: guitarra, baile y cante. Acompañado por El Pescao y Santiago Cortiñas El Kiki, Israel Suárez Piraña a la percusión, la segunda guitarra de José del Tomate y el cante del chiclanero Antonio Reyes y Duquende, salió al ruedo de la Plaza Ducal el guitarrista almeriense Tomatito. Sobran las presentaciones porque su experiencia le precede como escudero a las cuerdas de quien fue uno de los grandes genios del cante, Camarón de la Isla, cuyo disco Viviré, junto a la guitarra de Paco de Lucía y la del propio Tomatito, sirvió de musa para idear la propuesta escénica que trajo a Marchena.

 

Comenzó a calentar sus dedos por rondeña. Como en cascada, se fueron alternando al cante por diferentes estilos Antonio Reyes y Duquende. Arrancó este último con el Romance del Amargo dejando entrever desde el principio cuánto ha perdido por el camino. Si no fuera por los apretones con los que castigó su garganta con mejor inteligencia que antaño podría decirse que está medio acabado, mermado de fuelle. Y es que Paco estrujó a muchos en la estridencia. O se dejaron estrujar. No es el caso de la voz de Antonio, que duerme entre algodones hasta el punto de cantar siempre aliviao aburriendo a quien lo escucha varias veces seguidas. Lo consigue por repetitivo, siendo tacaño en la entrega a pesar de que cante bonito. Así lo hizo por alegrías. Todo por Camarón, claro. Tiene el don de cautivar sin sello propio, viviendo de la buena copia de los grandes. No solo en este caso en el que se rendía tributo a José. Casi siempre.

 

 

«Capullo de Jerez recibió las palmas tras cada fandango, aunque donde desató el gozo del respetable fue por bulerías, tangos y rumbas. Incansable, largo, único. Puede gustar o no, parecer incluso irreverente o impropio. Pero sembrao de age y guasa»

 

 

María Canea. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

 

Cerré los ojos en varias ocasiones para retarme en la distinción de si era Tomatito u otro quien acompañaba. En un solo por bulerías evidenció que sigue no siendo un guitarrista de concierto. Menos aún a estas alturas. Tocó sobrado de compás, con soniquete. También impreciso, a veces poco limpio. En un panorama guitarrístico donde la técnica, el virtuosismo, la armonía… imperan en las maderas de un buen puñao de tocaores, aunque algunos sin alma, la presencia de Tomatito se justifica más por haber sido el acompañante de Camarón y el respeto que merece su trayectoria contextualizándola en las formas que por su valía en comparación con muchos otros. Pero no se equivoquen. A pesar de todo, Tomatito es Tomatito. Dejó momentos de pellizco. Mas la evolución de la guitarra puede enturbiar la perspectiva con la que se escucha. Si lo desean, tachen lo anterior y quédense con lo que fue. Lo que sigue siendo. Ni más, ni menos. Cierto es que el sonido no les acompañó. Los artistas no se sintieron cómodos. La queja obligaba a ajustes continuos. Es probable que de esta manera no se pudiera dar más de sí, entorpeciera, provocara malestar y confusión. Poco a poco se fue arreglando.

 

Llegó el momento de José del Tomate. Se atrevió con la zambra del Niño Miguel y demostró valentía, técnica y sensibilidad. Le faltó fuerza. Aún está blandito de pulsación. Hay que seguirlo. Lo hace bien. Se deslució Duquende por seguiriya y anestesió Antonio con la Nana del Caballo Grande antes de figurar todo el cuadro para entonar la Leyenda del Tiempo y acabar por tangos el espectáculo en el que Tomatito se mostró como acompañante y solista en las tablas marcheneras.

 

El baile de María Canea ocupó la segunda parte. Su intervención fue bastante más que digna, porque se desenvolvió con holgura. Ofreció coreografías con muchos recursos y figuras, sin abusar de la repetición de desplantes, aunque se excedía en el tiempo de las escobillas. Supo brillar en los paseos, al pararse o recoger con fuerza los recortes. Los marcajes fueron potentes, el gesto apropiado. Aunó braceos elegantes con zapateados contundentes. Los contoneos flamencos. Bien de compás. La guitarra de Miguel Pérez decente, al igual que Rocío Mayoral al cante. Aquí sobresalió Juan de Mairena desde las tonás que principió junto a la debla de Rocío para dar paso a la seguiriya, como después en los tangos de Pastora que sirvieron para el cambio de vestuario e inundar de rojo la soleá donde destacó María. A Juan quiero disfrutarlo cantando pa alante en las peñas. A Canea verla terminar de pulirse para asomarse por encima del montón de bailaoras que lo hacen igual. Es tremendamente difícil.

 

De postre, Jerez. El Capullo puso la guinda. Al abrigo del compás extraordinario de Jesús Flores y José Rubichi y la percusión de El Tripas, Miguel formó un lío. Al son de la guitarra de lujo de Ramón Trujillo, aunque odio ese sonido enlatado cuando se enchufa, se metió al público en la talega y lo hizo bailar en las sillas o delante del escenario. Pero antes abrió templado con la soleá por bulería acordándose de varias letras por Carapiera o al aire en la de Frijones. Por Levante rememoró el taranto de Manuel Torre y la cartagenera de los pícaros tartaneros. Recibió las palmas tras cada fandango, aunque donde desató el gozo del respetable fue por bulerías, tangos y rumbas. Incansable, largo, único. Puede gustar o no, parecer incluso irreverente o impropio. Pero sembrao de age y guasa. Con el micro en la mano, se paseó de pie en el escenario con pataítas de arte. El septuagenario Miguel Flores viene actualizando el flamenco en esta otra dimensión lolaila desde hace no sé cuántos años. Tiene su público. Sin que por ello deje de reconocer «cómo cantaba Terremoto, Chocolate o Mairena… y que los demás se ricen la melena». Ya iba cayendo pesado y machacón tanto estribillo. Pero sorprendía caracoleando, mezclando letras y estilos o incluso metiendo en un remate por tangos hasta las cabales de El Serna. ¡Ahí quedó eso!

 

 

Ficha artística

48 Fiesta de la Guitarra de Marchena
Plaza Ducal, 30 de julio de 2022

Guitarra: Tomatito
Segunda guitarra: José del Tomate
Cante: Antonio Reyes y Duquende
Palmas y compás: El Pescao y Santiago Cortiñas El Kiki
Percusión: Israel Suárez Piraña

Baile: María Canea
Cante: Juan de Mairena y Rocío Mayoral
Toque: Miguel Pérez

Cante: Capullo de Jerez
Toque: Ramón Trujillo
Palmas: Jesús Flores y José Rubichi
Percusión: El Tripas

 

 

Tomatito. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

Antonio Reyes. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

Duquende. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

Juan de Mairena y María Canea. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

Rocío Mayoral y Miguel Pérez. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

José del Tomate. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

María Canea y Rocío Mayoral. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

Manuel Martín Martín. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

María Canea. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

Capullo de Jerez. 48 Fiesta de la Guitarra de Marchena. 30 julio 2022. Foto: Kiko Valle

 

 

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Cantaor de la escritura. Jondura utrerana extrema.

1 COMMENT
  • Francisco en París 1 agosto, 2022

    Gracias por la crítica Kiko!

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