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Manuel Herrera Rodas siempre: con libro o sin libro

En La Bienal nos hemos quedado sin la presentación del libro póstumo de Manuel Herrera Rodas, que tenía que haber sido presentado el miércoles 14 y todo quedó en aguas de borrajas. El libro no estaba impreso. ¿Y qué? Si hay que hacer un guiso de garbanzos sin tronchos, se hace. No pasa nada.


Es cierto lo que dicen de Javier Marías. Es rotundamente cierto que en el primer párrafo de sus novelas venía resumida ya toda la novela. Primer párrafo magistral y luego páginas geniales que desmenuzaban, al compás del que sabe escribir, las andanzas de unos personajes que se desnudaban en cada frase.

 

La primera semana de la Bienal de Flamenco de Sevilla ha sido algo así. Lo puede ser: un adelanto de lo que queda por suceder en este septiembre de aguas tibias y cielos sucios. Y no lo digo por lo de magistral.

 

Vicente Amigo ha dado la dimensión que tiene el buscar el cetro tras la muerte de Manolo Sanlúcar, ya en los altares con Paco. María Terremoto —palabra del gusto de Andrés Calamaro, con la que describía El Torta— se ha rebuscado en su memoria antigua de Santiago en las teclas de la Triana eterna. Juana la del Pipa dio las cinco pesetas del duro en la calle San Luis y poco más. Lo de Velázquez-Gaztelu con Landero y Benítez Reyes hablando de letras y flamencos. Y muy poco más.

 

 

«Lo importante era el momento de la memoria, el eco del recuerdo. Lo fundamental era acordarse de quien fue esencia en la Bienal de Flamenco»

 

 

Tan poco, que hasta nos hemos quedado sin la presentación del libro póstumo de Manuel Herrera Rodas, que tenía que haber sido presentado el miércoles 14 y todo quedó en aguas de borrajas. El libro no estaba impreso. ¿Y qué? Si hay que hacer un guiso de garbanzos sin tronchos, se hace. No pasa nada. Lo importante es el aceite, la sal y el garbanzo. Lo demás, nos lo imaginamos. Lo importante era el momento de la memoria, el eco del recuerdo. Lo fundamental era acordarse de quien fue esencia en la Bienal de Flamenco; desde su fundación, como director de la misma y como su pregonero, por ejemplo.

 

Lo que importaba era la reunión de los flamencos alrededor de su figura. Me parece a mí.

 

Imagen superior: Manuel Herrera Rodas, fotografiado por Jesús Spínola

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eduardo J. Pastor

 

 


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