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Adela Campallo: «La pureza es para el que la tiene, para el que nace con ella»

«No se van a perder los tablaos, ni el flamenco racial. Esto es un periodo que hay que pasar y del que tenemos que aprender», dice. La bailaora sevillana Adela Campallo se muestra apenada por lo que está pasando en el flamenco, en la sociedad, y reivindica la unión de los artistas para luchar por el flamenco.

La bailaora Adela Campallo (Sevilla, 1977) reflexiona ante la cámara de ExpoFlamenco sobre danza flamenca. El baile actual, la evolución, la estética, la pureza, la feminidad, el feminismo, las diosas, la escuela sevillana… Y no esconde cierto pesar por el cariño que le dispensan los empresarios andaluces. «No me voy a morir con esa pena. Soy feliz bailando, me da igual en Sevilla o en Japón. Yo soy la misma siempre, pero me falta eso de mi tierra», dice. Les dejamos un extracto de la entrevista que pueden ver en el vídeo adjunto. La charla y sesión fotográfica, por cierto, se desarrolló en el estudio Flamenco Abierto de Andrés Marín, barrio de la Feria.

 

* La forma de bailar. «Yo creo que mi baile no vende hoy en día. Estoy más considerada por los artistas que por los empresarios. Quizá tenía que haber nacido en otra época. Yo no soy antigua bailando. Tengo mi técnica, mi evolución. Me preocupo por estar a la orden del día. Pero a la hora de ejecutar en el escenario, mis principios no cambian».

* La hipoteca del baile. «El artista tiene que vivir hipotecado por y para el flamenco. A mí el flamenco siempre me ha dado para vivir bien. Si para cada Bienal me tengo que hipotecar para montar un espectáculo, ese no es el flamenco que he vivido. El empresario te da diez, pero al artista le cuesta treinta».

* Profeta en su tierra. «En Sevilla, Andalucía, no conocen a la verdadera Adela Campallo artista. Me conocen mucho más afuera que aquí. En mi tierra no puedo actuar sola, ha pasado en muy pocas ocasiones. Sí me siento profeta, porque me quiere mucha gente, pero no me siento valorada. Me falta que me den un día a solas en el Lope de Vega. No me voy a morir con esa pena. Soy feliz bailando. Me da igual en Sevilla o en Japón. Yo soy la misma siempre. Pero me falta eso de mi tierra. ¿Qué tengo que hacer? ¿Enseñar el culo? Ya tengo una edad, una trayectoria. Con mi nombre debe bastar».

 

«Es difícil que eso se pueda mantener hoy día. Pero el que pueda, que lo mantenga. Es un don. La pureza impuesta es como una mezcla de flamenco contemporáneo mal hecho. A mí me gusta la pureza, pero la verdadera»

 

* En tres palabras. «Me considero flamenca de corazón. Con conocimiento. Y no solo en el ámbito del baile. A mí me disloca el cante, y también la guitarra».

* El baile ahí afuera. «Estoy de acuerdo con Carmen Ledesma. El flamenco que mueve ahí afuera es el baile. Al extranjero le engancha más el baile. Los que aprecian el cante y la guitarra son una minoría».

* El flamenco en tiempos del cólera. «Esto se tiene que recuperar. Y quizá cuando nos recuperemos volvamos de otra forma y nos encontremos un pasado en el presente. Me da mucha pena lo que está pasando en el flamenco y en la sociedad. Debemos estar unidos para luchar por el flamenco, por los derechos de los artistas, por los tablaos. Este año hay una Bienal estupenda, pero son los tablaos los que dan de comer a muchos artistas todos los días del año. Allí es donde se aprende a bailar. No se van a perder los tablaos, ni el flamenco racial. Esto es un periodo que hay que pasar y del que tenemos que aprender».

 

 

* Algo pasa. «Solo pasa que va evolucionando, se mezcla con otras danzas. Todo es bueno en la medida en que el artista lo haga con el alma, sea verdadero, sea arte. No me gusta cuando el arte se convierte en un cachondeo, en un pitorreo. Reconozco que en algunos espectáculos me he levantado y me he ido, porque me he sentido agredida. Son momentos puntuales. No nos podemos quedar en la época antigua. Antes se cantaba, se bailaba y se tocaba porque se vivía de una forma. Es imposible bailar como antiguamente, porque la vida te lleva por otro camino. Yo bailo como vivo».

* La evolución. «Se mezclan el clásico, el contemporáneo. Hay gente que tiene un don para evolucionar, para mezclar. Ya que se llama flamenco, hay que evitar ciertas cosas. A mí lo que me remueve por dentro es el flamenco. Una bailaora, un gesto, una mirada. Que se recoja una falda en condiciones. Quiero una escobilla que se entienda. Pero valoro otras cosas, por supuesto».

* La feminidad del baile. «No creo que se esté perdiendo lo femenino. Se están mezclando el hombre y la mujer. Volvemos a lo mismo: bailamos como vivimos. Creo que hay una flamencura muy impuesta. La que es flamenca, es flamenca. Naces en un mundo y te creas un arte. Fuera del arte puedes ser moderna, como quieras».

 

«¿Qué tengo que hacer? ¿Enseñar el culo? Ya tengo una edad, una trayectoria. Con mi nombre debe bastar»

 

* El flamenco y el feminismo. «Otras lucharon. La mujer está supervalorada en el flamenco. Sabemos que antiguamente el hombre y la mujer eran diferentes. Hoy en día seguimos siendo diferentes. Pero ahora la mujer ya ha conseguido lo que necesitaba, gracias a lo que han luchado las mujeres del pasado. Yo tengo dos niños. Me da miedo ese feminismo que quiere convertir a mis hijos en malos. Yo jamás me he sentido discriminada en un escenario por ser mujer. Igual de malo es el machismo que el feminismo. La igualdad es la igualdad».

* Las diosas del baile. «Manuela Carrasco, Merche Esmeralda, Matilde Coral, Pilar López, Angelita Vargas, Loli Flores… Sin duda, la que me embrujó fue Manuela Carrasco. No se me olvidará en la vida cuando la vi siendo niña, bailando con su traje negro, su gitanería. Fue ella la que me volvió loca. Verla toreando. Verla arreglarse. Verla andar. Es la diosa».

* La escuela sevillana. «Yo vengo de allí. Mis manos, mi forma de cuello, mi cabeza arreglá, mi forma de vestir. Yo me considero parte de ella. En mi faceta docente transmito esos gestos: las manos abiertas, los codos colocaos…».

* Lo puro. «La pureza es para el que la tiene. Para el que nace con ella. Si alguien no la siente, esa pureza no va a existir. Es el flamenco racial, de sabiduría de atrás. Es difícil que eso se pueda mantener hoy día. Pero el que pueda, que lo mantenga. Es un don. La pureza impuesta es como una mezcla de flamenco contemporáneo mal hecho. A mí me gusta la pureza, pero la verdadera».

 

 

 

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Periodista andaluz de intereses etéreos y estrofas cabales. Tres décadas de oficio en prensa musical y cultural. Con arrimo y sin arrimo, para seres de cualesquier afecto.

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