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Naike Ponce: «El homenaje a Paco de Lucía es lo más difícil que he hecho en mi vida»

Naike Ponce, cantaora y bailaora de Sanlúcar de Barrameda, aborda un nuevo proyecto que supone una gran responsabilidad, pero que le hará crecer un pasito más tanto en su carrera artística como en la personal. Así, presenta 'Mujeres celebran a Paco de Lucía'. Un homenaje al legado del guitarrista, pero desde otra perspectiva.


Hablar con Naike Ponce (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1984) es como asomarse a esa ventana que da a un patio andaluz. Un patio que desprende mucha luz, con una arquitectura simétrica y colores inmaculados y añiles que recuerdan al mar. Sobre todo al de Sanlúcar. Con sillitas que a simple vista son sencillas, pero llevan un gran trabajo detrás. Con mil macetas alrededor adornando con flores muy diversas. Unas con aspecto dulce, otras que dan una sensación más nostálgica y otras que rompen la armonía del diseño porque se las presiente atrevidas. Así es Naike Ponce, la cantaora y bailaora de Sanlúcar de Barrameda nominada en 2020 al Mejor Álbum Flamenco en los Grammy con su álbum Vivir. Después de tantos años nutriéndose del panorama musical en general y del flamenco en particular, aborda un nuevo proyecto que supone una gran responsabilidad, pero que le hará crecer un pasito más tanto en su carrera artística como en la personal. Ambas de fondo. Así, presenta Mujeres celebran a Paco de Lucía. Un homenaje al legado del guitarrista, pero desde otra perspectiva, que se escenifica el 25 de febrero en la Sala Villanos, Madrid.

 

 

Naike, cuéntanos un poco en qué consiste el proyecto Mujeres celebran a Paco de Lucía.

– Es un proyecto que no se ha hecho nunca. Es nuevo. Me parecía bonito verlo desde el punto que yo lo veo. Todo el mundo ve la parte disciplinada y severa de Paco, la que le inculca su padre. Eso es de lo que más se habla porque realmente es lo que le marcó y lo que le hizo ser Paco de Lucía. Pero se nos olvida la parte juguetona, graciosa, sensible, dulce. Y eso, ¿quién mejor que las mujeres para ponerlo en alza? No es un espectáculo de mujeres porque quiera que se convierta en un alegato feminista, es porque quiero que se ponga en pie lo mismo que se ha puesto hasta ahora, pero desde otra perspectiva. Me parece bonito y original.

 

¿Cómo surge la idea?

– Un día vi que se le hacía un homenaje en Nueva York por su décimo aniversario. Y dije: “¡ostras!, hay que hacerle algo a Paco”. De todas formas, un homenaje a Paco de Lucía siempre está justificado. Es realmente quien abre las puertas del flamenco y lo engrandece. Es la persona que más ha aportado al flamenco y quien le ha dado el valor que de verdad tiene como música. Demostró con creces que es una música tan grande que cualquier músico se puede volver loco por ella. El flamenco es mestizaje. Armónicamente estaba muy limitado y él abrió las ventanas y las puertas al mundo entero. Paco es el que marca el camino y la dirección y lo sigue haciendo después de muerto. Da la libertad al músico de poder expresarse y poder alimentarse de otras cosas. Él mismo dice: “Yo soy el puente”. Yo diría que él es el puente y el eterno futuro.

 

¿Qué papel juega la Fundación Paco de Lucía?

– Si no tuviera el apoyo de la familia, no podría poner el nombre de Paco. La Fundación simplemente delega en mí y confía. Eso es un gran valor. A mí me da más confianza, pero también más responsabilidad aún. Yo con quien más contacto tengo es con su sobrina, Lucía Sánchez. Antes de llamar a nadie, la llamo a ella, le cuento que tengo una idea y que sé que tengo que pedir permiso, le pregunto qué tengo que hacer, cómo va. Yo sé que Paco, aparte de ser el mejor de todos los tiempos y el que mejor representa a los flamencos, es una marca y como tal, lo cuidan. Y me parecen bien. Yo tengo la suerte de que hayan confiado en mí. Creo que eso se debe a la conciencia que tengo y a mi recorrido. No soy ni mejor ni peor, pero lo hago con humildad y cariño, que es lo más importante. Ahora que se acerca la fecha, hemos podido hablar… ¡y tenemos pendiente hablar más cosas! Porque realmente a ellos les gusta el proyecto. Si no, no me hubieran dicho que sí.

 

 

«Los flamencos somos de otro planeta. Somos seres humanos dolidos. Estamos heridos por esa sensibilidad y esa conciencia de la vida. El que nace artista es porque es un ser humano consciente y herido, y necesita expresarlo. La música y el arte nacen de esa necesidad de expresar sentimientos que no se saben expresar con palabras. Yo veo el arte así»

 

 

 

 

¿Quién te acompaña en el espectáculo?

– Me acompañan tres guitarristas maravillosas. Antonia Jiménez, guitarrista de El Puerto de Santa María con la que he tenido siempre relación. Aparte de la calidad música y humana que tiene, es una persona con la que me siento a gusto y me entiendo. Y luego, dos descubrimientos para mí. Mercedes Luján, que tiene un carácter arrollador y mucha conciencia. Y una jovencísima pero admirable Alba Espert, de Jerez de la Frontera. Viene Lara Wong a la flauta, con un sonido y una sensibilidad impecable. A la percusión, Nasrine Rahmani, que es quien marca el tiempo y el corazón de todas nosotras. Belén López, de artista invitada. Para mí, una de las mejores bailaoras del momento porque representa todas las vertientes que tiene el baile. Es un paralelismo con Paco. Ella abarca todos los registros, igual que él. La dulzura y el gusto de Montse Cortés, que viene también de artista invitada. Ella es una de las elegidas de Paco y sin duda tenía que estar. Gal Maestro, que es un descubrimiento increíble, una contrabajista superflamenca que da una gran profundidad a la música de Paco que estamos juntando. También quise hacer homenaje a esa parte andaluza que creo que hereda mucho de su madre. Ese disco de Canción Andaluza de la copla. La copla es muy rica en armonía, en letra y en historia. No se le da tanto valor y él lo puso ahí. Para esta parte me acordé de mi amiga Mélodie Gimard, una pianista increíble y muy virtuosa. Tiene una sensibilidad diferente. Esa visceralidad especial que tenemos las mujeres. ¡Y hay una sorpresa que no puedo contar!

 

¿Por qué ellas?

– Por cercanía en época. Con ellas comparto ideas y mucha música. También, porque hay que poner en pie el legado de Paco y estoy convencida de que ellas lo van a hacer con el nivel que la ocasión merece. Todas son muy conscientes de lo que estamos haciendo.

 

¿Qué crees que tiene de diferente este homenaje con respecto a los que ya se han hecho o se van a hacer?

– Pues que le hemos dado la vuelta. Que en vez de Paco de Lucía, va ser Lucía de Paco. Apenas se ha hablado hasta ahora de su madre. Yo me levanto con Paco y me acuesto con Paco hace dos meses y medio. Y en algunas entrevistas se habla de cuando su madre lo llevaba al mar, donde él aprendió a nadar y donde él se desconectaba de todo y era feliz. También creo que Paco sabía amar a las mujeres. La guitarra es una mujer… ¡y mira el respeto y la dedicación que le tenía! Yo no quiero llevarlo a ningún lado en contra del hombre, sino a esa parte sensible que le hace ser él. Hacemos un homenaje a su madre y a todas las mujeres de su casa. Ellas también le inculcaban esa parte del carácter que tenía. Esa libertad, esa apertura…

 

¿Crees que la gente es consciente de esa parte de Paco?

– Quiero pensar que sí, pero es lo último que se señala. Son más representativas su técnica y su capacidad. Por eso, aquí estamos nosotras para reivindicarlo. No es una idea que se me haya ocurrido a mí de repente. Eso ya estaba ahí. Ese también es él. Pero quiero ponerlo en valor.

 

Para ser flamenco hay que tener una sensibilidad diferente, ¿verdad?

– Sí. Somos de otro planeta. Somos seres humanos dolidos. Estamos heridos por esa sensibilidad y esa conciencia de la vida. El que nace artista es porque es un ser humano consciente y herido y necesita expresarlo. La música y el arte nacen de esa necesidad de expresar sentimientos que no se saben expresar con palabras. Yo veo el arte así. Aunque también hay que tener mucho arte para hacer una cama.

 

 

«Creo que Paco sabía amar a las mujeres. La guitarra es una mujer… ¡y mira el respeto y la dedicación que le tenía! Yo no quiero llevarlo a ningún lado en contra del hombre, sino a esa parte sensible que le hace ser él. Hacemos un homenaje a su madre y a todas las mujeres de su casa. Ellas también le inculcaban esa parte del carácter que tenía. Esa libertad, esa apertura…»

 

 

Naike Ponce – Vivir. Foto: web Naike

 

 

¿Estás más inspirada cuando estás dolida?

– También cuando estoy muy contenta. Al final las emociones se transforman en arte, música, letras. Se trata de echarlas fuera. Yo encontré la manera de hacerlo en mi cante y mi baile.

 

¿Te quedas con el cante o con el baile?

– No sabría elegir. No podría cantar sin bailar.

 

¿Y bailar sin cantar?

– Eso sí.

 

¿Qué dificultades has encontrado para hacer el proyecto?

– Hacer un homenaje a Paco y hablar de él es lo más difícil que he hecho en mi vida. Decidir hacerlo y ponerlo en pie. Pero también la parte musical. Elegir qué música de él hacer. Sobre todo es importante que las niñas estén cómodas y que todas lo disfrutemos.

 

¿En qué te has basado para elegir la música?

– Quería que hubiera un abanico bastante amplio. En una hora no puedo abarcar la vida de una persona. Pero desde la capacidad de las artistas que estamos, podemos tocar varios puntos. Lo vamos a llevar mucho al cante, algo que él también amaba. Y no vamos a tratar solo la parte más tradicional, sino la más evolucionada y la que fusionaba con jazz. Cada una aporta su toque personal. Nunca vamos a tocar como él ni vamos a tener su cabeza. No nos podemos poner a su nivel. Entonces, hacemos su música desde nuestro carácter. Su música es muy difícil. Yo creo que tiene mucho valor ponerlo en pie.

 

 

«Un homenaje a Paco de Lucía siempre está justificado. Es realmente quien abre las puertas del flamenco y lo engrandece. (…) El flamenco es mestizaje. Armónicamente estaba muy limitado y él abrió las ventanas y las puertas al mundo entero. Paco es el que marca el camino y la dirección, y lo sigue haciendo después de muerto. Él mismo dice: “Yo soy el puente”. Yo diría que él es el puente y el eterno futuro»

 

 

Qué le expresarías a los lectores acerca de tu homenaje para que cuando lo lean, digan: ¡no me lo puedo perder de ninguna manera!

– Pienso que es un evento único. Nunca se han juntado mujeres tocando la música de Paco. Eso es lo diferente. Somos mujeres tocando a Paco y exponiendo su sensibilidad y su gusto por el cante. Va a ser muy especial porque ya lo está siendo en los ensayos… Está teniendo muy buena acogida y todavía no se ha presentado. Esa expectativa que se está creando creo que es porque realmente tiene valor. Porque no se ha hecho nunca. Es un proyecto que me satisface y me llena de ilusión tanto como me da miedo. En el sentido de la responsabilidad. Pero tenía más miedo con veinte años. Ahora ya tengo un recorrido y por eso me llega este momento. Ahora encuentro la valentía para presentarlo. Pero dentro de la valentía que todas tenemos, sentimos mucha responsabilidad. Lo hacemos con humildad y cariño. Claro que tenemos miedo al precipicio, pero es miedo del bueno. Es el miedo que te envalentona.

 

¿Te dan miedo las críticas?

– Cada uno tiene su opinión y yo lo respeto. Las críticas siempre me han dado la fuerza para mejorar. En algún momento me han tirado para abajo, pero hay que tocar el suelo para luego subir. Hombre, es verdad que dependemos del público. Pero al final uno tiene la necesidad de seguir y de expresarse. Entonces la piedra solo te hace pegar el salto y mejorar.

 

¿Algo que quieras añadir?

– Quiero dar las gracias a la UNED y la AIE por ayudarme a hacer posible este homenaje. A la Sala Temple y Bandolero por cedernos las salas de ensayo. Y por supuesto, a todas aquellas personas que no son las músicas, pero que también están detrás de la creación de este homenaje tan especial.

 

 

La cantaora y bailaora Naike Ponce. Foto: Vicente Pachón

 

 


Bailaora madrileña. Graduada en Comunicación Audiovisual por la Univ. Rey Juan Carlos. En Amor de Dios, Casa Patas y Cristina Heeren desarrolló su gusto por la danza y el flamenco. «No somos atletas. Estamos empezando a cometer el triste error de ofrecer al público una confección enlazada de complejos zapateados a una velocidad desorbitada sin la modulación propia de la música que estamos adornando y que nos adorna».

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