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La libertad artística

Dejemos que los genios actúen con libertad. Los críticos de sofá siempre estaremos a mano para llover sobre cualquier fiesta mal orientada.

Hace poco un seguidor de Expoflamenco me escribió preguntando qué opinaba yo acerca de la idea de que los intérpretes del flamenco deben tener la libertad absoluta para expresar su creatividad y personalidad.

 

Si no me equivoco, el subtexto de aquella pregunta contiene una queja apenas disimulada, el refunfuño de un disgustado aficionado que desea que el orden establecido de una época determinada sea el estándar de oro sobre el cual todo esté basado. Y eso no es malo en sí. Viste o escuchaste algo. Te llegó profundamente. Quieres más de lo que pudo tocarte de aquella manera y que abrió tu mente a la belleza.

 

Desde luego, no hay reglas como tales que impiden que un artista haga cualquier cosa, los intérpretes siempre gozan de la libertad más absoluta, y son plenamente responsables de sus propios experimentos. El poder de la palabra “debe” casa malamente con los empeños creativos en general. Los artistas de cualquier tipo tienen poco interés en reglas que no sean las suyas propias, que son las únicas que tienen significado y permiten que los individuos sean fieles y emocionalmente auténticos. Pero esa libertad tiene su precio. El artista que se atreve a desafiar el estado vigente de las cosas debe asumir en todo momento la posibilidad de la muerte (profesional) súbita cuando algo que parecía genial en el estudio queda plano ante un público.

 

 

«Tanto Israel Galván como Rocío Molina están en la cima de la profesión, artistas universalmente admirados, y con razón. Aun así, en el fondo, admítalo, muchos pensamos que ojalá bailaran de forma más convencional, sólo de vez en cuando»

 

 

Poco toleran los jóvenes cualquier mención desdeñosa de la evolución del flamenco. Y no vaya a ser que se atreva nadie a decir la palabra “P”: puro. A la inversa, los aficionados maduros no asimilan algunas libertades tomadas por las figuras de moda. ¿Qué palo flamenco es cuando Israel Galván derrumba una pila de sillas? Compraste y estudiaste aquel cursillo online para aprender a distinguir las formas, pero no había nada acerca del papel del mobiliario en el flamenco. Ay, perdón, no hay que ser tan literal. Ni tan acerbo. ¿Y qué hay de la tanga improvisada de Rocío Molina hecha de una bolsita de chips? Tanto Israel como Rocío están en la cima de la profesión, artistas universalmente admirados, y con razón. Aun así, en el fondo, admítalo, muchos pensamos que ojalá bailaran de forma más convencional, sólo de vez en cuando.

 

Pero espera… ¿reglas? ¿Qué reglas? ¿De quién? ¿Qué pasa si llega un reconocido genio que decide que el compás de doce tiempos es demasiado limitativo? Bien, pues cosas más curiosas han acontecido en el nombre de la libertad artística, pero no todas las cosas curiosas dan resultado. Lo cual nos lleva al meollo de este ensayo. Los artistas crean y hacen experimentos, pero hay mayor probabilidad de lograr resultados satisfactorios cuando el intérprete es rigurosamente honesto, y explora las posibilidades con respeto y humildad. Mario Escudero me dijo una vez: “No te enamores nunca de tu propio trabajo”. En ese momento, yo era demasiado joven para comprender aquellas palabras, pero llegué a valorar la sabiduría de Mario. La novedad y experimentación rebuscada es un camino traicionero. Pero dejemos que los genios actúen con libertad, los críticos de sofá siempre estaremos a mano para llover sobre cualquier fiesta mal orientada.

 

¿Qué sería del flamenco hoy día sin las armonías de Paco, el decir canastero de Camarón o las maneras de Morente? Debes creer en lo que haces y presentarlo con humildad, siempre dispuesto a recibir conceptos nuevos. (Y eso mismo no es más que otra regla).

 

Imagen superior: Israel Galván. Foto de Estela Zatania.

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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