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El potro de rabia y miel o la tragedia en la fiesta: treinta años después

José citaba a la mismísima pena negra pegado a las tablas del compás más trepidante. Quizás porque lo cantase ya enfermo, esto se refleja en el álbum 'Potro de rabia y miel', que por el escaso tiempo transcurrido entre su publicación y la muerte del mito tiene la consideración de póstumo.

Dijo Paco de Lucía que en la época en que otros cantaores intentaban a través de sus letras politizar el cante, la voz de Camarón evocaba por sí sola la desesperación de un pueblo. E igual que en su tierna sonrisa de niño abandonado se reflejaba una tristeza antigua, una melancolía insondable, ese Camarón, que con tono despectivo fue tachado de cantaor festero, era el único artista de su tiempo que citaba a la mismísima pena negra pegado a las tablas del compás más trepidante. Porque Camarón fue, entre otras muchas cosas, la fiesta vestida de tragedia.

 

Quizás porque José lo cantase ya enfermo, todo esto se refleja de forma abrumadora en el álbum que ahora nos ocupa, y que, por el escaso tiempo transcurrido entre su publicación y la muerte del mito, tiene la consideración de póstumo.

 

Muy lejos quedaron aquellos discos de frescura y poderío adolescentes grabados con Paco en una única sesión vespertina. Fue, por contra, el parto de este potro un largo y doloroso trance que dio a luz, sin embargo, a una obra maestra.

 

Lo primero que llamó la atención en ella fue la portada: una turbadora pintura de Miquel Barceló en la que sobre un árido fondo ocre aparece un burro negro cubriendo a una yegua blanca, todo ello festoneado por el sobrenombre del genio escrito con su insegura e infantil caligrafía. Otras pinturas en tonos morados del famoso autor mallorquín salpican el interior del libreto, donde descubrimos la maravillosa terna que secunda a José.

 

 

«Muy lejos quedaron aquellos discos de frescura y poderío adolescentes grabados con Paco en una única sesión vespertina. Fue, por contra, el parto de este potro un largo y doloroso trance que dio a luz, sin embargo, a una obra maestra»

 

 

Su talismán, Paco de Lucía, volvía a estar, con todo su peso y magisterio, dirigiendo y tocando en un disco de Camarón tras el paréntesis de Soy gitano. También, como no, su fiel escudero Tomatito, así como otros artistas afines a esta estética, como Carles Benavent al bajo y la mandola, Antonio Carmona, Manuel Soler, Ramón el Portugués y Guadiana a la percusión y las palmas, Pepe de Lucía, Antonio Humanes y la niña Esperanza Fernández a los coros, Juan Ramírez al baile y Joan Albert Amargós y Kitflus en los arreglos y orquestaciones.

 

Arranca José su testamento sonoro con esta velada alegría por tanguillos de Cádiz en un sentido homenaje al ídolo del ídolo: Manolo Caracol. Otra vez la fiesta y el luto. UNA ROSA PA TU PELO se tituló el corte, firmado por Pepe de Lucía, Ramón Trujillo y José el Francés. Parece ser –aunque no figurase así en los créditos– que su famoso estribillo es original del bailaor Antonio Canales, a quien Camarón se lo escuchó en el mítico Candela. El cante de José surge, poderoso y doliente, secundado por dos guitarras monumentales, poniéndonos la carne de gallina. Por momentos, la mandola de Benavent perfuma el número de aromas caleteros y orientales.

 

MI NAZARENO, la primera de las cuatro fastuosas bulerías que jalonan el álbum, es obra de Casilda Varela –primera mujer de Paco– y Pepe de Lucía, quién le imprime su inconfundible estilo de rapidísimos saltos de agudos y graves. Comienza en unos tonos audaces, extraños a los habituales en estos cantes, y José habla de su devoción por ese Cristo al que ya cantara por seguiriya en Campanas del alba: el Nazareno de San Fernando, que en la Semana Santa del 92 procesionó por la Isla con una foto del cantaor escondida en su monte de claveles, como un intento a la desesperada de retenerlo entre nosotros.

 

SE ME PARTIÓ LA BARRENA es una taranta-minera y cartagenera que firma Pepe de Lucía y en la que Paco explota todos los recursos en su toque por Levante, añadiéndole nuevos sonidos antes de dar entrada a José, quién hace la primera letra sobre la chaconiana melodía, a la manera que ya registrase Morente en su disco con Sabicas, pero otorgándole su personalísimo sello. Tras una monumental falseta de Paco, basada en trémolos, ligados, arpegios y picados, viene la cartagenera grande o de los pícaros tartaneros, que popularizase el Cojo de Málaga y en la que el de la Isla explora todo su amplísimo registro vocal. Dos genios dialogando a solas. Magistral.

 

Y llegamos a POTRO DE RABIA Y MIEL, la extraordinaria bulería que da título a la obra, que salió de las cabezas de Pepe de Lucía y Antonio Humanes, y en la que Camarón recrea por estos cantes el aire de Jerez y el de otro de sus iconos: la Perla de Cádiz. Brutal ese comienzo a la voz de Paco con la percusión desnuda a la que se van sumando las guitarras del de la Lucía y Tomatito y las palmas de Manolito Soler, Guadiana y el Portugués, en un despliegue rítmico inenarrable. Desde la primera letra, dedicada a la Virgen del Rocío, hasta la última, las coplas van aumentando gradualmente su dificultad interpretativa, salvándolas Camarón con justeza rítmica y genialidad a raudales, hasta desembocar en ese juguetillo que hizo fortuna.

 

 

«Ese Camarón que con tono despectivo fue tachado de cantaor festero era el único artista de su tiempo que citaba a la mismísima pena negra pegado a las tablas del compás más trepidante. Porque Camarón fue, entre otras muchas cosas, la fiesta vestida de tragedia»

 

 

LA PRIMAVERA es una rumba compuesta por el genial extremeño Juan Antonio Salazar, ribeteada por fáciles estribillos y sazonada de los sonidos caribeños que le otorgan el chekeré, las tumbadoras y las tablas. Con las guitarras de Paco y Tomate, cobran especial protagonismo en este corte el bajo y la mandola de Carles Benavent, así como los arreglos de Amargós. Hablamos de un cantecito a priori frívolo, que dicho por otras voces probablemente habría pasado sin pena ni gloria, pero que el cantaor magnifica, convierte en oro, como Rey Midas del cante que fue Camarón.

 

Seguimos por bulerías con YO VENDO PESCAÍTO, un tema rebosante de ángel y donosura cuya autoría corresponde a Pepe de Lucía y Antonio Humanes. Arropada por los coros, adquiere un papel notorio su endiablada rítmica, en la que estos virtuosos juegan a confundir emparentándola por momentos con los compases binarios. Pero la dramática queja del cantaor se impone al carácter desenfadado del corte y duele especialmente en su fade out, extraordinariamente mezclada con los magníficos pies del bailaor Juan Ramírez.

 

ERES COMO UN LABERINTO son unos tangos con un tempo algo más ralentizado del que por aquella época se solía interpretar. Compuesto por los KetamaJuan y Antonio Carmona– y Tomatito, comienza el número con la voz de Camarón cantando la primera copla, acompañada de un contrapunto de violines de Amargós y las sonantas de Paco y Tomate marcando el compás con las cuerdas tapadas. Tras esta introducción, las dos guitarras hacen su primera diablura. Segunda copla y estribillo cantado por Humanes, Esperanza y Guadiana para repetir la fórmula.

 

LA CALLE DE LOS LUNARES, última de las bulerías del disco, es una joya de Juan Antonio Salazar. Su dificultad interpretativa es inmensa, pero Camarón solventa el trance de manera brillante. Su preludio es de nuevo sinfónico, como una reminiscencia de la convulsión que fue Soy gitano, con la voz de José sobre el teclado de Kitflus. A su cierre, atacan las guitarras de Paco y Tomatito y escuchamos extasiados todo este maravilloso rosario de letras –a cada cual más compleja– que rematan en una que se repite hasta tres veces anunciando el final.

 

UN CABALLO Y UNA YEGUA son unos tangos arrumbados, obra de Antonio Humanes, que cerraron el álbum en su edición en CD (ni en el formato vinilo ni en casete aparecían) y que remarcan el sentido festero, marchoso, comercial si me apuran, que se pretendió dar a un álbum en el que Camarón lloró su pena por última vez: la tragedia en la fiesta.

 

 

Texto: Javier Moyano

 

 

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