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Con una copla de más: el amor y la venganza

En las coplas flamencas, del tronco de la lírica universal, aparecen el amor constante y firme junto al amor roto, la venganza, la maldición. Como en la vida misma.

La fidelidad de los amantes cobra a veces rasgos de vehemen­cia, de entrega absoluta. El amor es el bien supremo. Así lo pregonan coplas como estas:

 
Dentro de mi pecho
llevo yo una imagen;
aunque me lleven a la fin del mundo,
no hay quien me l’arranque.

///

Aunque me den más balazos
que adarmes pesa un navío,
no se han de romper los lazos
de este querer tuyo y mío,
hasta morir en tus brazos.
 

Una copla recogida por Demófilo, una soleá breve que contiene una hipérbole basada en la alusión a un medio de locomoción moderno, es paradigma de la “violencia”, de la fuerza con que se puede llegar a querer (siempre nos ha gustado esta letra, y es la demostración, como ya vemos en poetas como Bécquer, de que cualquier palabra puede resultar poética):

 

Yo t’estoy queriendo a ti
con la mesma violensia
que yeva er ferrocarrí.

 

La fidelidad en el amor puede concebirse, simbólicamente, como una cárcel. El motivo de la “cárcel de amor” y del “cautivo” o enamorado es común a la poesía tradicional y popular española. Fue muy usado el tópico durante el Renacimiento. Con ingenio, a modo de piropo, lo proclaman estos dos ejemplos:

 

Tengo de ti mil agravios,
y te he de mandar prender…
En la carse ‘e mis brasos,
que en otra no puée sé.

///

Tu ventana es una cárcel
con el carcelero dentro
y el prisionero en la calle.

 

Pero la otra cara de la moneda es el amor inconstante, el mal pago de uno de los amantes. Es un tópico de las letras: el mal pago y la consiguiente maldición, a veces verdaderamente hiriente:

 

Hasta el sentío se me para
al ver lo que yo te quiero
y lo mal que tú me pagas.                                                                                      

 

Lo expresa también esta seguiriya tan conocida:

 

Siempre por los rincones
te veo llorando;
que Dios me quite la libertad y la vía
si te doy mal pago.                                                  

 

Sobre la frecuencia y significación de la amenaza y la maldición en la copla flamenca escriben A. Mairena y R. Molina en Mundo y formas del cante flamenco: “Maldiciones, denuestos y amenazas surgen por doquier en la floresta de coplas del cante, exhalando gitano sabor. Se podría componer una inmensa corona nefasta. Todos los grados del odio son constatables, desde el deseo homicida hasta la sencilla malevolen­cia de un volunto (…). La abundancia de maldiciones y amenazas no es (bien claro está) sino la otra cara del amor, su reverso terrible. No podía faltar en el apasionado concierto flamenco: es su fatal claroscuro, su patético contrapunto”. Reproducen, entre otros, estos ejemplos:

 

Meresía esta serrana
que la fundieran de nuevo
como funden las campanas.

///

Anda, compañera,
permitan los sielos
que con er cuchiyo que matarme quieres
mueras tú primero.

///

Si mi mare no me casa
ante er domingo que viene
le pego fuego a la casa
con toíto lo que tiene.

///

Como gayinita muerta
que ruea en los mulaares
te tienes que ver, serrana,
sin que te camele naide.

 

Las dos siguientes están bordadas en el cante de Antonio Mairena y de La Niña de los Peines, entre otros, respectivamente:

 

Entre la hostia y el cáliz
a mi Dios se lo peí,
que t’ahogen las duquelas
como m’ahogan a mí.

 

Enlace de la misma cantada por Antonio Mairena:

 

 

 

 

Hasta la fe del bautismo
la empeñé por tu querer
y ahora te vas y me dejas,
que te castigué Undebé.

 

Enlace de la última cantada por Pastora:

 

 

 

Como ocurre con el diminutivo, estas fórmulas de maldición (“Mal haya…”, “Anda y que te den un tiro…”, “Permita Dios…”, etc.)  se convierten en un tópico, y su uso llega a ser tan benévolo o paradójico como en esta copla:

 

Anda y que te den un tiro
con pórvora ‘e mis ojos
y balas ‘e mis suspiros.

 

En la siguiente, recogida por Demófilo, hay una gran dosis de sadismo y, tal vez, reminiscencias de prácticas de vudú:

 

Abujitas y arfileres
le clavaran a mi novia
cuando la yamo y no viene.    

 

Por bulerías las canta la poderosa Paquera de Jerez en este enlace:

 

 

 

Sin embargo, no siempre se emite con firmeza la maldición. A veces el despechado se
echa atrás, refrena su lengua y se arre­piente, e incluso se maldice a sí mismo:

 

Te den una puñalá;
pero no, detente, lengua,
que la quiero rigulá.
///
Grandes puñalás meresco
por querer a esta gitana
con tan poco fundamento.

 

Estamos ante la función “repudio” (“Vete de mí”) que explica Jean Paul Tarby en Eros flamenco (El deseo y su discurso en la poesía flamenca) dentro del proceso de actualización del deseo negativo. Uno de los símbolos que se usan para ilustrar este rechazo es el de la higuera negra:

 

Anda y vete de mi vera
que tienes para mí
sombra de higuera negra.                                           

 

Los hermanos Caba en su libro Andalucía, su comunismo y su cante jondo comentan un aspecto que nos parece de sumo interés: la inevitabilidad de la venganza, el abismo del rencor amoroso, mezclado voluptuosamente, sin embargo, con un masoquismo que se “complace” en el propio sufrimiento. Un fandan­go y una soleá lo confirman espléndidamente:

 

De roíllas has de vení
a jasé las pases conmigo.
Llorarás gotas de sangre
y yo lloraré contigo,
pero tengo que vengarme.

///

A mi puerta has de llamá
y no t’he de abrir la puerta
y has de sentirme llorá.

 

Cabe incluso el perdón, casi siempre rechazado por el amante engañado, pero que posibilita una nueva relación tras la separación. La prepotencia masculina, el rencor solapado o el fetichismo masoquista se entremezclan en esta correspondencia de ofensa y perdón:

 

Cuando se haga de noche
y despierte mi corazón
llorarás abrazaíta
a la palabra perdón.

///

A pesar de lo que hiciste
tengo que llenar de besos
el puñal con que m´heriste.

 

La reconciliación puede ser dulce si los amantes se reencuen­tran. Por eso no extraña este ruego:

 

Güérvete al cariño
porque agüita pasá, compañera,
no muele molino.

 

En fin, en las coplas flamencas, del tronco de la lírica universal, aparecen el amor constante y firme junto al amor roto, la venganza, la maldición. Como en la vida misma.

 

 

José Cenizo

 

 

→  Ver aquí las entregas anteriores de la serie Con una copla de más, de José Cenizo.

 

 

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