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Con una copla de más (XVI): la cotidianidad carcelaria

La vida en la cárcel es, y sobre todo era, dura. Lo atestiguan estas dramáticas letras flamencas.


En las coplas carcelarias se suele repetir el nombre de algunos penales famosos. El que más, el del Puerto de Santa María, de funesto recuerdo:

 

Mejor quisiera estar muerto
que estar pasando la vía
en este penal del Puerto,
Puerto de Santa María.

 

Por fortuna hace muchos años que es centro cultural, como nos cuentan en este vídeo en YouTube:

 

 

 

 

Otros muy nombrados también son los de Utrera, Cartagena…:

 

Me cogieron los civiles
robando en Sierra Morena,
los jueces me condenaron
y me trajeron andando
al penal de Cartagena.

 

La vida en todos estos presidios –hablamos, sobre todo, del siglo XIX– era muy dura. A la injusticia general, pues, por un lado, muchas veces el reo era inocente o tenía una posible atenuante como es el hambre, y, por otro, el no tener dinero suponía una desasistencia mayor, se añade la angustiosa cotidianidad, ese diario horrible del preso: la mala comida, los castigos, la falta de visitas de sus familiares, las requisas, los toques…

 

Contamos con un trabajo específico de 2003, editado por el Ayuntamiento de Málaga, de José Calvo González, titulado El Cante por Derecho, Derecho con maýuscula porque se refiere a que se trata el flamenco y sus letras desde la visión del Derecho, de las leyes. En el capítulo “Vida carcelaria” (pp. 52 a 54) recoge algunas de las letras que citamos también aquí y que nos han llegado de la tradición. Recomendamos la lectura completa de esta obra, pues trata del tema que abordamos.

 

He aquí una breve antología de este horror, coplas que reflejan esa dura cotidianidad, que responde a la pregunta de en qué se entretiene un preso y qué momentos del día anhela o le angustian:

 

A qué me das esos palos.
¿Qué daño te he jecho yo?
Si me he quedao dormío,
er sueño rinde ar león.

A un oscuro calaboso
me llevaban la comía,
más lágrima erramaba
que bocaítos comía.

Cuando yega la requisa
ar cuarto donde´stoy yo
echan en abrir la puerta
dos horitas por reló.

 

Aquí dos similares, dos variantes:

 

Cuando yo estaba en prisiones
en lo que me entretenía
era en escribir tu nombre
en los ladrillos que había.

Cuando yo estaba en prisiones
solito me entretenía
en contar los eslabones
que mi cadena tenía.

 

Y lo peor del mundo, lo más temido, un testigo falso:

 

Con cuatro testigos falsos
y un escribano ladrón
echan un hombre a presidio
sin que tenga apelación.

 

El chantaje de los carceleros, la explotación mísera es denunciada continuamente:

 

El anillo que me distes
se lo di a la carcelera,
que me quitara los grillos
y la libertad me diera.

 

Aquí vemos al mismísimo Chocolate cantando dese una reja carcelaria, por suerte es una grabación. Canta esta letra:

 

 

 

Tenía mi calaboso
una ventanita ar má
onde yo m´entretenía
en ve los barcos pasá.

Ya ha sonao el toque de silencio,
ya nos mandan a callar
y al toque de diana, madre,
nos mandan a levantar.   

Ya van tres días que no como
más que lágrimas y pan.
Estos son los alimentos
que mis guardianes me dan.

           

La vida del preso, minuto a minuto, es dura, como vemos. Lo más agradable, que sería ver a los familiares, a veces se rechaza porque deja, con la posterior ausencia, un gran vacío, mayor dolor. Demófilo recoge:

 

A la reja e la carse
no me vengas a yorá,
ya que no me quitas pena
no me las vengas a da.

 

Se llega al insulto desesperado a la madre, lo más querido, debido a la desesperación. En esta le recrimina que no haga todo lo posible por liberarlo, empeñando algo de valor:

 

Mare, no es usté mi mare,
que si usté mi mare fuera
echaría un empeñito
y de la cárcel saliera.

 

Pero se echa de menos el afecto de los seres queridos. Por ello, surgen letras como la siguiente, pura recriminación:

 

Preso en la cárcel estoy
y no me vienes a ver.
Digo que no tienes alma
ni corazón de mujer.

 

La cárcel siempre estropea a las personas. Lo sentencia, sin apelación en esta copla, a modo de refrán infalible:

 

A la puerta del presidio
Hay escrito con carbón:
Aquí el bueno se hace malo,
el malo se hace peor.

 

Lo más valioso para el gitano (y el que no lo es), la salud y la libertad, no se valora hasta que no se pierde:

 

La libertad y la salud
son prendas de gran valía,
y nadie lo reconoce
hasta que las ve perdías.

 

Bueno, que nunca nos veamos en esta circunstancia y menos inocentemente. La vida en la cárcel es, y sobre todo era, dura. Lo atestiguan estas dramáticas letras flamencas. Nos despedimos con este capítulo de Rito y geografía del cante dedicado a las tonás (minuto 28 Manuel Agujetas martinete y carcelera):

 

 

 

 

→  Ver aquí los artículos anteriores de José Cenizo.

 

 


Paradas (Sevilla), 1961. Licenciado y doctor en Filología Hispánica. Aficionado gracias a ver de joven en directo a Miguel Vargas. Autor de varios libros de investigación de flamenco y de coplas flamencas. Colaborador de varias revistas de flamenco. Da gracias a la vida por conocer, un poco, y amar, mucho, el flamenco.

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