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Miradas inevitables para 2022

Volvemos la vista al programa 'Caminos del flamenco' (TVE), los festivales de Jerez, Mont de Marsán, Pamplona y Sevilla, los aniversarios de la Expo'92 y Camarón, y el centenario del Concurso de Cante Jondo. Granada fue el cómplice de un gran paso en el futuro.

Cada año que comienza es un periodo único que hemos de encarar llenos de energía para cumplir las metas que nos proponemos. Pero a este 2022 lo abrazamos con propósitos emocionantes y con recuerdos que no deben pasar desapercibidos, conmemoraciones que demandarán una reflexión crítica, lo que nos obligará a analizar las razones y fundamentos de algunas efemérides que admiten juzgar, y no considerar como quien conceptúa los discos por la portada.

 

Por lo pronto, el año ha arrancado con un nuevo programa de flamenco cisterna en la 2 de la RTVE, Caminos del Flamenco, a cuyo término del primer capítulo dedicado a Cádiz y Los Puertos, sin que aparecieran Juan Villar, Pansequito o Sara Baras, escribí: «Demostrado: Desde Rito y Geografía… (1971-1973), en TVE no hay vida inteligente». Y es que la televisión no ha mostrado más que señales de regresión. Se trata, al parecer, de una serie de diez capítulos que dan un primer plano a Javier Ruibal, Pasión Vega, Ara Malikian, Fuel Fandango, Manuel Carrasco, Ketama o Lagartija Nick, que caerán como Troya, por obstinación al ridículo, y en los que Soleá Morente, el nombre que más sale como alerta flamenca en Google, es la copresentadora con Miguel Poveda.

 

Los responsables desconocen que el Campo de Gibraltar pertenece a Cádiz, o que en Los Puertos también se encuadra Sanlúcar de Barrameda con el ilustre Manolo Sanlúcar. Pero aclarado esto, las crónicas hablarán, no obstante, de la inauguración de una serie de acontecimientos, como el Festival de Nimes, localidad gala que vio cancelada la edición 2021, pero que desde el pasado día 13 está desarrollando con intensidad su programación, así como de los Jueves Flamencos de Cajasol en Sevilla, que arrancan el 3 de febrero bajo la coordinación artística de Manuel Lombo, cantante nazareno que piensa seguir la estela del admirado Manuel Herrera Rodas y que habrá que gestionar más que bien para acercarse a la línea evolutiva del casaricheño.

 

 

«En el Concurso de Cante Jondo de 1922 se rescata lo jondo de la atmósfera tabernaria y degradada para recolocarlo como componente fundamental de nuestra cultura, sin olvidar cómo Lorca se rebela contra los postulados del antiflamenquismo noventayochista»

 

 

Empero, la cultura que marca este 2022 podrá visualizarse más claramente en Jerez, Mont de Marsán, Pamplona y Sevilla, cuatro ciudades que están contribuyendo a que el flamenco progrese individual y colectivamente. El Festival de Jerez sobrepasa ya las bodas de plata y, del 17 de febrero al 5 de marzo, será un evento cultural de referencia, único en el mundo al contar como seña de identidad el baile. Como señero es, no más empezar el verano, el de Mont de Marsán, la gran embajada de lo jondo a nivel internacional que no admite el engaño. Los espectáculos se llenan hasta la bandera y el artista sabe que ahí el público contempla el flamenco desde el espejo de la verdad.

 

Por su parte, el Flamenco on Fire no sólo volverá a agotar las localidades en la canícula, sino que con tan sólo ocho ediciones celebradas ha convertido a la Comunidad Foral de Navarra en una referencia cultural de primer orden. Y lo ha logrado gracias a la conjugación de lo que roza tangencialmente lo muy flamenco con la intensidad del clasicismo, que es lo que desde tiempo inmemorial garantiza la XXII Bienal de Flamenco, que, del 8 de septiembre al 1 de octubre de 2022, será conducida por el nuevo director, Chema Blanco, y de la que sólo conocemos el cartel de la arcense Antonia Moreno, inspirado en una mítica fotografía de Colita datada en 1969 en el Bar Pinto, dado que la programación será presentada en los próximos días en Fitur (Madrid).

 

Para los nostálgicos, para los que consagran la vida a la búsqueda de emociones pretéritas, ya les anuncio que, en tiempo de vacas garzonianas, habrá que abrirse de capa y recibir a porta gayola el aniversario de la Exposición Universal de Sevilla 1992, donde habrá que recordar que sin el reclamo de Antonio Mairena no hubiese habido flamenco en la muestra, o traer a la memoria los treinta años del adiós de la voz de quien murió de manera natural, Camarón de la Isla, circunstancia que nos invita a la retrospectiva desde su última actuación en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, de Madrid, hasta su muerte el día 2 de julio en Badalona (Barcelona).

 

Hay, igualmente, una serie de eventos de monumental relevancia para los que la Junta de Andalucía aún no ha previsto una comisión coordinada. Por un lado, los festivales andaluces de verano de nuestros pueblos, tan abandonados como el tejido asociativo por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, que se desentiende del desprestigio de las Medallas de Andalucía y que todo lo fía a los famosos y al anteproyecto de la Ley del Flamenco. Y de otro, los cincuenta años de vida de dos peñas flamencas que han hecho por nuestra cultura jonda más que los dos últimos ministros de Cultura del Gobierno de España, como son la de Jaén y la gaditana de Enrique el Mellizo.

 

 

«Hoy constatamos cómo el flamenco es el género que mejor penetra en el tejido cultural del pueblo y cómo trasciende sus límites hasta alcanzar otras esferas artísticas y culturales, lo que explica su expansionismo a la pintura, la escultura, el cine, el diseño de moda, la literatura…»

 

 

Pero si 2022 demanda una mirada de complicidad es con Granada y el centenario de su Concurso de Cante Jondo. Ambos son parte de nuestra identidad. Son nuestro pasado. Y debemos reivindicar los valores que se pusieron en juego. Guste o no guste, hay que reconocer de una vez que Granada puso el pilar del futuro, por lo que, lejos del costumbrismo y/o del tipismo de la capital nazarí, esta conmemoración es una oportunidad histórica para que confirme al mundo entero que fue un soporte inexcusable para el edificio del porvenir. Y me explico.

 

Es obvio que no fueron ambiciosos Manuel de Falla y Federico García Lorca, porque partieron de un error, el creer que el flamenco estaba en el pueblo y no en determinados profesionales con oficio. Pero más allá de la anécdota, señalemos que, después de conocer lo que habría de venir, se rescata lo jondo de la atmósfera tabernaria y degradada para recolocarlo como componente fundamental de nuestra cultura, sin olvidar cómo Lorca se rebela contra los postulados del antiflamenquismo noventayochista.

 

 

 

 

Granada convirtió al destino en el mejor amigo del futuro. Basta con contextualizar el vuelco dado a partir de 1922 para confirmar que crecimos a pasos agigantados en la consolidación de nuevas tendencias expresivas. Nos centramos en cuestiones estéticas y se pusieron en valor estilos que, a la postre, se convertirían en variables para saber los investigadores qué es lo que gusta y disgusta. Se desvelaron los parámetros que definirían  el deleite del gentío. Asomó la publicidad, determinante para detectar cuáles son las preferencias del público. Y se expusieron los parámetros que han definido el gusto de los consumidores desde la fecha hasta la actualidad.

 

Por añadidura, el género se humanizó, contribuyendo a su socialización. Se puso en valor lo jondo ante el asalto de las varietés, sin que el cambio inminente significara una superación de la calidad con los profesionales que había. Convivieron clasicismo con experimentalismo, llegando este último a niveles nunca antes imaginados. Y hoy constatamos cómo el flamenco es el género que mejor penetra en el tejido cultural del pueblo y cómo trasciende sus límites hasta alcanzar otras esferas artísticas y culturales, lo que explica su expansionismo a la pintura, la escultura, el cine, el diseño de moda, la literatura o, en general, cualquier tipo de expresión artístico-cultural.

 

Si atendemos, pues, a estas consideraciones, se comprobará por qué Granada fue al menos cómplice de un gran paso en el futuro. Confiemos en que las miradas del periodista hablen más que las palabras.

 

Imagen superior: banquete celebrado en la Asociación de Periodistas de Granada el 16 de junio de 1922. Aparecen Nicolás María López, José María Rodríguez Acosta, Juan Gallego y Burín, Santiago Rusiñol, Ursula Grenville, Manuel de Falla, Leight Henry, Ignacio Zuloaga, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, Melchor Fernández Almagro, Kurt Schindler, Antonio López Sancho, Ángel Barrios, Constantino Ruiz Carnero, José Aguilera, Edgar Neville, Narciso de la Fuente, Mauricio Legendre, Valentín Álvarez de Cienfuegos, el torero Cagancho, Antonio Gallego y Burín, José García Carrillo, J.B. Trend y José Acosta Medina. Foto: Henares. Archivo Manuel de Falla (web universolorca.com).

 

 

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De Écija, Sevilla. Escritor para el que la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Entre otros, primer Premio Nacional de Periodismo a la Crítica Flamenca, por lo que me da igual que me linchen si a cambio garantizo mi libertad.

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