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‘Una noche de soberbia’ (1994): Salmarina y sus soberbias sevillanas

Estamos ante un disco no superado aún, el mejor de Salmarina y, por ende, de la historia de las sevillanas. Un gran disco que no debería faltar en la colección de ningún aficionado a la música.

Ya sabemos que esto es un portal de flamenco, que el flamenco no se puede cantar de forma coral y que las sevillanas no son flamenco, ¿verdad? Yo, por lo menos, lo tengo clarísimo. Por lo tanto, no sé por qué traigo aquí este disco de sevillanas a tres voces ni sé qué claves se dan en él para que éste que escribe encuentre más flamenco en él que en muchas grabaciones de cantaores clásicos cantando por seguiriya y soleá con una guitarra pelá. Pero las tiene. Yo, al menos, así lo siento. Por eso, ahora que llega el tiempo por excelencia del cante por sevillanas, os sugiero este Una noche de soberbia, sin la pretensión de desentrañar el misterio arriba enunciado, tarea que se me antoja imposible, puesto que no soy musicólogo, ni siquiera músico, y porque sería como buscar algo que se ubica en el terreno quebradizo, sutil y subjetivo del detalle. No obstante, no me resisto a dejar de hablarles de esta maravilla, ni a dejar de animar a los aficionados al flamenco a que lo escuchen. Sé que a muchos les va a sorprender.

 

Corría el año 1994 y los sanluqueños José Miguel Évora e Isidro Muñoz, hermanos entre sí y hermanos también de Manolo Sanlúcar (¡vaya familia de genios!), vuelven de nuevo a componer y producir para sus paisanos Salmarina (Juan, Conde y Mínguez). El carácter que sus ideólogos pretenden dar a la obra es el de un disco antológico, pero dándole una vueltecita de tuerca más, un plus de dificultad a su glorioso repertorio, ya per se dificultoso, que, a lo largo más de una década prácticamente de a disco por año, han ido construyendo para el grupo. Otra idea más que se infiere a la primera escucha es la pretensión de sus autores de revestir cada corte de una variedad, seriedad y calidad musical inéditas en el ramo. Y si a las sevillanas se las suele tachar de repetitivas, Salmarina las hace aquí como popurrís, cantando en cada ocasión cuatro coplas diferentes.

 

Estamos, a mi modesto modo de ver, ante un disco no superado aún, el mejor de Salmarina y, por ende, de la historia de las sevillanas.

 

Compuesto por nueve cortes, con la –como dijimos– autoría, dirección y realización de José Miguel Évora e Isidro Muñoz, las guitarras de Isidro Muñoz e Ismael Guijarro, y los arreglos y orquestaciones de José Miguel Évora, destaca la participación de la Orquesta Sinfónica de Londres, cuyas sesiones, dirigidas por el propio Évora, fueron grabadas en Estudios C. T. S. de la capital inglesa, bajo la supervisión del ingeniero de sonido Dick Lewzy. El resto de la grabación fue realizada por José Ignacio Narváez en Estudios S. Y P. de Sevilla.

 

Tan extraordinaria orquesta suena en el tema primero y en el séptimo, y se consigue con ello obtener un sonido similar al de varios cortes de Soy gitano (1988), de Camarón de la Isla; temas como la Nana del caballo grande, la Casida de las palomas oscuras o el Dicen de mí, acompañados por la Real Orquesta Filarmónica de Londres. También el dúo Lole y Manuel graba en 1992 un álbum con esta Sinfónica de Londres, de sonido similar, dirigido igualmente por José Miguel Évora y llamado Lole y Manuel cantan a Manuel de Falla. Diremos que –al igual que Soy gitano y Cantan a Manuel de FallaUna noche de soberbia podría perfectamente haber influido también en el Alegro Soleá y Fantasía de Cante Jondo (1995), de Enrique Morente, donde el cantaor granadino pone a dialogar al flamenco con la música clásica junto al pianista Antonio Robledo y la Orquesta Sinfónica de Europa.

 

 

 

 

Pero, orquestas aparte, en Una noche de soberbia las guitarras de Isidro e Ismael Guijarro, sin muchas más ornamentaciones que unas sobrias palmas y unas discretas percusiones, adquieren un protagonismo notorio, con la flamenquería y el sonido propios de la Casa Sanlúcar. Se acompañan los temas con rotundidad y acierto, haciendo que suenen aún más flamencos y con una calidad en el toque que envidiaría a su lado hasta el más grande de los cantaores. También los arreglos jazzísticos de José Miguel en uno de los temas ponen esa nota vanguardista que nunca falta si hablamos de Salmarina.

 

Estamos, por tanto, ante una obra de envergadura en todos los aspectos, y un disco lleno de contrastes, donde las tres portentosas voces cantan a veces con la famosa orquesta, otras con las guitarras, otras con el piano, e incluso a capela, demostrando su gran potencial y dando viveza y dinamismo a la grabación.

 

Hasta la portada es una auténtica obra de arte, trabajo del pintor sanluqueño Paco Pérez Valencia, que nos recuerda en su estilo, colorido y concepto a la del célebre Potro de Rabia y Miel (1992) de Camarón, obra (su portada) de Mikel Barceló.

 

En resumen: un gran disco que no debería faltar en la colección de ningún aficionado a la música.

 

 

«Esta obra soberbia de Salmarina sabe a manzanilla en rama y a cabeza de langostino de Bigote. En ella quedaron diluidas las concisas fronteras que hasta entonces separaban las sevillanas del flamenco»

 

 

‘Una noche de soberbia’, tema a tema

 

1: FUE EN SEVILLA/ GUADALQUIVIR/ SERVA LA BARI/ MAYO VINO A MI VENTANA

El primer corte nos hace dudar por momentos si estamos escuchando sevillanas o música clásica. Sin percusiones, sin nada que marque el ritmo, sin guitarras. La orquesta londinense suena espectacular (no olvidemos que estamos ante virtuosos de nivel mundial) mientras Salmarina canta las cuatro sevillanas, que crecen progresivamente en intensidad y en dificultad interpretativa, rematando en Mayo vino a mi ventana, que es ya una explosión de poderío. Este primer tema es sencillamente inconmensurable.

 

2: CON LA PRIMAVERA/ LOS DOS DE LA CINTURA/ LA LUNA DE ACERO/ SALINA DE SANCTI PETRI.

Tras el impactante primer corte, escuchamos ya las guitarras, impresionantes también, que ponen orden y nos sirven para recuperar el aliento. Todas sevillanas conocidas, ya editadas, pero a las que los tres de Salmarina, enormes en toda la obra, introducen nuevos giros y quejíos, sorprendiendo a sus seguidores. Las cuatro sevillanas son conocidas, las tres primeras de manos de Salmarina, y la última grabada antes por Los Doñana y Pepe de Lucía, con el título Por el río.

 

3: ENTRE PAN Y PAN/ BAJANDO LA MAREA/ SE TAMBALEABA/ PA QUE ME LLAMAS.

Corte flamenquísimo del disco en el que Salmarina nos vuelve a sorprender desde la salida de la primera sevillana, medio cantada medio recitada, dicha con arte, compás y acento corralero. Habla de algo muy familiar para los Muñoz y también para Mínguez, componente del grupo: una panadería donde hasta se trabaja con flamenquería. La segunda y la tercera son dos maravillosos cuadros donde vemos con los oídos cosas de Sanlúcar: la bajamar y la luna en el agua. Y en la última, única de esta tanda que ya habíamos escuchado en anteriores trabajos del grupo, Salmarina hace un alarde de cante por derecho cantándola a capela, como los cantes de fragua, y rematándola como se haría con una soleá. También diremos de ella que la grabó Camarón la película Sevillanas (1992), de Carlos Saura, y que la ha versionado recientemente en su último trabajo, concretamente en el tema Geometría, otro declarado admirador y compositor de Salmarina: Alejandro Sanz.

 

4: MI VIDA ES MÍA/ PIENSO EN TI/ NO ME DESENREDO/ SOY LIBRE.

El tema más vanguardista -por sus arreglos- de todo el álbum, donde destaca sobre todo el piano de José Miguel Évora. Mi vida es mía, además de icónica de la bohemia y el nuevo flamenco, es una sevillana cuyo texto carece de rima. Redescubrimos ésta, así como la segunda sevillana, que nos suenan hasta mejor que en sus versiones de anteriores discos, que ya es decir. La tercera es la única inédita y nos deja encantados. Pero lo que nos deja boquiabiertos de veras es esta nueva versión de Soy libre que ya es una sevillana inmortal. un corte que por sí solo justifica el apelativo de artistas de artistas que Salmarina lleva por bandera.

 

5: A QUERER/ AY CON EL NAY/ SOBRE LA PLAYA LLUEVE/ EN UN RATITO DE FIESTA.

Y de la vanguardia, de nuevo a la flamenquería: sevillanas muy rítmicas, con mucho soniquete y age, que acompañadas sólo con las guitarras nos parecen más auténticas si cabe que cuando las escuchamos en sus discos originales. La sevillana Sobre la playa llueve, que en el disco Azotea se llamó Es mi alegría, cantada por alegrías precisamente, formó parte de uno de los temas estrella del mítico La fuente de lo jondo (1991), de Manuel Moreno Maya, El Pele. Y en la última, entremetiendo compases de tanguillos, se pone de manifiesto otra vez la delgada línea que separa a las sevillanas del flamenco.

 

6: AY MI PALOMA/ DAME LA MANO/ ME VOY AL ROCÍO/ QUE LE QUITAN LA CORONA.

No puede olvidarse Salmarina de El Rocío, y reinterpreta cuatro magníficas sevillanas sobre la romería que adoba con nuevos melismas para la ocasión. Las ayes de Ay mi Paloma suenan distintas, buscando un pellizco del que quizá adoleciese la versión original, por su ritmo más acelerado. Dame la mano, otra que grabó Camarón en la película de Saura, nos vuelve a encantar y las dos últimas, bastante menos conocidas, nos muestran cómo con un nuevo tratamiento musical pueden sonar muchísimo mejor y más flamencos dos temas antiguos, ya recuperados para la posteridad.

 

7: SEVILLA SIN ELLA/ CÁI, CIUDAD DE PLATA/ BELMONTE, EL DE LA CALLE FERIA/ CÓRDOBA.

La orquesta londinense engrandece nuestra música andaluza del mismo modo que hizo con el tema que abría esta obra sin precedentes. El tema es un homenaje a tres ciudades de arte: Sevilla, Cádiz, y Córdoba. Las sevillanas segunda y tercera en sus álbumes originales se llamaron Cái y El tiempo. Como novedad, en la sevillana que cierra este corte, Salmarina no canta los tercios Por los minaretes/ se derrama abril, que sí sonaban en su primera versión, dejándole ese menester a los violines ingleses que, de nuevo, lo bordan.

 

8: ADONDE VAS LUNA/ MI MARINERA/ LOS ASTRONAUTAS/ DELANTALITO DE RAYAS.

Vuelven las guitarras de Isidro Muñoz y su pupilo Ismael Guijarro a poner el contrapunto flamenco a los violines en estas magnánimas sevillanas marineras, con ese aire de Cádiz, tan del gusto del grupo. La tercera y la cuarta se llamaron en sus discos originales Ay que caray y Es mi alegría, forman parte del repertorio habitual por alegrías de El Pele y también las grabó Duquende en su trabajo Samaruco (2000), compuesto y producido por Isidro Muñoz.

 

9: A LA YALA, YALA/ A LA FUENTE/ DEL ALA DE MI SOMBRERO/ ARROPÍA.

Y para cerrar, el corte número nueve de este disco impar en ambos sentidos. Cuatro sevillanas que rebosan flamenquería por las regias voces y las magníficas guitarras. En la primera Salmarina remata el estribillo con un ay en lugar del tercio de la primera versión que decía con mucho cuidao. Las otras tres se acercan más a las originales, pero sin duda las superan. La tercera es la primera que canta Camarón en Sevillanas para el baile de su comadre Manuela Carrasco. En su primera versión se tituló Toma que toma. Del mismo modo, Arropía se tituló Pregonero en su álbum original.

 

Con este bordonazo y este grito de pregón callejero remata Salmarina esta obra soberbia, que sabe a manzanilla en rama y a cabeza de langostino de Bigote, y donde, como dijimos arriba, quedaron diluidas las concisas fronteras que hasta entonces separaban las sevillanas del flamenco.

 

 

Texto: Javier Moyano

 

 

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