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Facultades desaprovechadas

Hoy se canta estupendamente, pero ni mucho menos es la época en la que mejor se canta de todos los tiempos. Y es solo mi opinión. Naturalmente, es imposible saber cómo se cantaba cuando aún no había cilindros.

¿Tenemos claro qué es cantar bien? Lo pregunto porque no es nada fácil saberlo. Hoy se canta estupendamente, pero ni mucho menos es la época en la que mejor se canta de todos los tiempos. Y es solo mi opinión. Naturalmente, es imposible saber cómo se cantaba cuando aún no había cilindros, pero más o menos podemos tener una ligera idea escuchando algunos de esos cilindros de cera. Creo que Chacón tuvo que cantar más o menos como lo haría Silverio, y Manuel Torres parecido a Tomás el Nitri, aunque no lo escuchara nunca. Curiosamente, El Nitri murió en la misma calle del barrio de San Miguel, Álamos, donde nació Torres, pero dos años antes del parto de Tomasa Loreto Vargas.

Hablando un día con un viejo cantaor sobre este asunto, el del titular del artículo, sobre el aprovechamiento de las facultades, Manolo Fregenal, me dijo que había cantaores que desperdiciaban buenas voces y que, por el contrario, otros aprovechaban muy bien sus escasas facultades. Se puso él como ejemplo y le discutí que dijera que no tenía muchas facultades por el hecho de no ser dueño de una gran voz, porque las tenía. No hay que entender lo de las facultades con la fuerza o la potencia de voz. El cantaor es un conjunto de cualidades, todos los cantaores o cantaoras. La voz es una cualidad, pero también lo son la afinación, la vocalización, la cuadratura, el temple…

Fregenal era muy vallejista, pero pensaba que derrochaba voz en los remates y en un alargamiento innecesario de los tercios. También Fregenal alardeaba de pulmones en el remate de sus fandangos personales, en los que casi todos los que lo cantan se acaban estrellando. El cantaor de Fregenal de la Sierra era un prodigio de técnica y retenía el aire de una manera asombrosa, lo que le permitía coronar tercios inverosímiles y acabar sus fandangos sin descomponer jamás la melodía. Él era un claro ejemplo de cantaor que supo aprovechar las facultades.

Hoy hay grandes cantaores, sobre todo jóvenes, que aprovechan muy bien sus recursos técnicos y vocales. Rancapino Chico es un claro ejemplo, como lo es aún su padre, que todavía canta y, casi sin voz, es capaz de ligar un tercio como en sus mejores tiempos. Y Alonsito es un verdadero prodigio: sin tener un torrente de voz, que no es necesario, es capaz de acabar los cantes de una manera admirable, que provoca emoción en el que escucha.

Algunos cantaores desaprovechan recursos, por ejemplo, en palos que no les van nada pero que precisan una entrega brutal. Algunos cantan soplando, o sea, echando mucho aire de golpe en algún tercio, y cuando tienen que acabar el tercio se dan bofetadas en los cachetes o puñetazos en el pecho. A eso le llaman pelearse con el cante. Si se canta bien, con buena técnica, aprovechando los recursos y las cualidades, no es necesario pelearse con el cante. Un cantaor fue a pedirle trabajo a Pepe Marchena para pertenecer a su compañía y no paraba de decirle al maestro que se peleaba con todos los cantes. Cuando lo probó y vio cómo cantaba, le dijo: “Te peleas tanto con los cantes, que están enfadados contigo”.

Cantar bien es muy difícil, por no decir imposible. Y se ha cantado tan bien en algunas etapas, como la de Chacón, Pastora, Manuel Torres, Cayetano Muriel, Mojama o Vallejo, que como tenemos sus obras grabadas los añoramos y comparamos con lo de hoy. Que por cierto hay una docena de jóvenes que cantan maravillosamente, aprovechen o no bien sus facultades.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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