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¿Seré antigitanista y no lo sé?

Estoy convencido de que no, que es todo lo contrario. Pero bueno, prometo que voy a intentar llegar al fondo de esta cuestión antes de mandar definitivamente a paseo lo de escribir de flamenco. Eso sí, no voy a llamar primo o tito a nadie que no sea de mi sangre.

El pasado viernes estuve en el I Festival Flamenco Valle Gitano, de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla, y como era de esperar fui recibido con mala cara por parte de algunos sus organizadores. No fui porque me mandara nadie, sino porque quería estar allí para contarlo luego en El Correo, como así fue al día siguiente. Una crónica que fue, por cierto, de lo más leído de mi periódico ese día. En esa crónica me hice eco de una letra que cantó José el de la Tomasa, por bulerías, que no le había escuchado jamás:

Mira qué gitano soy 
que si me encuentro una pala 
a cualquiera se la doy.

Luego cantó otra suya, conocida ya:

Había una gallinita 
en medio de un llano 
a ver quién se resiste siendo gitano.

Por citar la primera letra, una activista gitana, concejal de un pueblo de Sevilla, me llamó antigitanista en su muro de Facebook. Precisamente cité la copla festera porque me llamó la atención que alguien con sangre gitana en sus venas la cantara. Pero bueno, se está poniendo de moda lo de llamarme racista y antigitanista, y por eso fui al festival de los gitanos a apoyar la iniciativa, porque no puedo ver a los gitanos ni en pintura, según algunos gitanos.

Me duele este asunto, sinceramente, porque llevo cuarenta años trabajando en favor de un arte, el flamenco, que según los gitanos es de ellos. Yo también pienso que no se puede entender este arte sin ellos, aunque no voy a decir jamás que es creación gitana porque no es verdad, al menos en su totalidad. Si por esto me van a obligar a no escribir nunca más de este arte, dejaré de hacerlo. Si no lo he hecho ya es porque da la casualidad de que es mi profesión, que vivo solo de escribir, porque es verdad que estoy hasta el gorro de ciertas cosas de este arte. Y del tema gitanista o antigitanista, más harto todavía.

Tengo muchos amigos en esa hermandad sevillana tan importante, que podrían contar mi relación con los gitanos de Sevilla y de Triana. Dos de ellos estaban en el bar que tomé café antes de entrar en el festival, y ni se levantaron a saludarme. Luego llegó Ricardo Pachón, el célebre productor, y también me saludó de una manera fría y con mala cara. Será porque le he dado la réplica en eso que dijo hace algún tiempo que hubo una expulsión de gitanos de Triana en los años cincuenta del pasado siglo, cuando no fue de gitanos, sino de pobres en general. A él le interesó decir eso para promocionar su documental sobre los gitanos del arrabal sevillano.

Estos días le estoy dando vueltas a este asunto del gitanismo y el antigitanismo y me he preguntado si seré uno de esos antigistanistas que no sabe que lo es. Lo digo en serio. Estoy convencido de que no, que es todo lo contrario, que soy un enamorado del pueblo gitano y que creo que lo he demostrado en todos estos años con mis libros sobre artistas de esta etnia y mi trabajo en general. Pero bueno, prometo que voy a intentar llegar al fondo de esta cuestión antes de mandar definitivamente a paseo lo de escribir de flamenco. Eso sí, no voy a llamar primo o tito a nadie que no sea de mi sangre, y aunque mi abuelo materno se apellidaba Peña, no creo que tenga sangre gitana. Ya me hubiera gustado, pero no es así, al menos que me conste. Además canto muy gachó.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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