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El abuelo y el mairenismo (3)

Abuelo, no te olvides de los tangos trianeros de Antonio, que ahí también fue un genio. Sin duda, Manolillo. Cuando llevas la razón no me importa hablar bien de Mairena, que ya sabes que me gusta. Otra cosa es el mairenismo, que en paz descanse.

– Abuelo, una noche presencié en una reunión en Triana cómo un cantaor del barrio le dijo en su cara: “Antonio, estos cantes no son para ti”. Se refería a los cantes llamados alfareros o del Zurraque. A Antonio se le aflojó la mascota y se le puso la cara tan blanca como la leche.

– ¿Quién era, Manolillo?

– El Teta.

– Sí, Emilio Abadía y Domingo el Alfarero eran de la misma opinión. Vamos a ver cómo te lo explico. Cuando Mairena dijo aquello de que “la pureza es el sabor al paisaje”, tenía razón, pero se hizo un flaco favor a sí mismo. Él no era de Triana y, aunque frecuentó mucho el barrio, como es natural, no tenía sabor trianero. Los cantes de los alfareros, tan dulces y melódicos, le interesaron poco pero los grabó, y en mi opinión con éxito. Es más, los cuadró en el compás, algo que esos cantaores que lo criticaron no lograron nunca. Pero tenían el sabor ese del barro blanco y los albures fritos, que no lo tuvo Antonio. O sea, que hoy voy a defender al maestro a capa y espada.

– A Pastora Pavón, su maestra, tampoco le interesaron nunca, puesto que no los grabó.

– Te equivocas, Manolillo. Pastora sí grabó un cante alfarero (Con la tierra echá en la cara, 1910), con Ramón Montoya a la guitarra. Llegó a vivir de adolescente en la calle Castilla, de donde era Garfias y cerca de donde nació Ramón el Ollero, el rey de esas soleares, que era de la calle Procurador, la que va desde Castilla al Hotel Triana. Luego Pastora se pudo empapar de esos cantes y los conocía. Pero digamos que no se inclinó por los estilos de Triana. En cambio, sus hermanos Arturo y Tomás sí lo hicieron. También vivieron en esa calle, como es lógico. Arturo conocía toda la escuela martinetera como nadie. Y Tomás, yerno del cantaor trianero Antonio el Baboso, las seguiriyas y las soleares.

 

«El maestro de Mairena se ponía a cantar por tangos gitanos al modo de Pastora, que fue le reina de ese estilo, y acababa con todos. Te digo una cosa, y que me muera si no te lo digo de corazón: Mairena enseñó a los trianeros muchas cosas que no sabían o que habían olvidado»

 

– ¿Y qué estilos grabó Mairena, abuelo? Tienes que rematar la faena.

– Triana es la gran cantera de las soleares, con más de cuarenta estilos bien definidos. Antonio los conocía, sin duda, igual que dominó las seguiriyas del arrabal. Pero en soleares, se interesó mucho siempre por Pinea el Zapatero, Noriega y el Quino Lorente. Noriega era gitano, según pensaba Mairena, aunque creo que no lo era, y le gustaba de manera notable. El problema de Antonio, y lo digo como lo siento, es que investigó poco sobre estos cantaores y se quedaba siempre con lo que le decían esos viejos gitanos que lo acompañaban siempre, como fueron Juan Talega o Tomás Torres. Noriega era marinero y hacía una soleá muy personal, zurraqueña, con una extraordinaria calidad de voz. No era profesional, como la mayoría de los cantaores trianeros del XIX. A Antonio le gustaba que le apuntaran una música, que luego acababa por lógica musical, algo que yo solo le escuché a él. “Hay cantes que no pueden acabar de otra manera”, me dijo una vez. Cuando grabó Esta casa huele a gloria, era la primera vez que ese cante se hacía a compás, totalmente medido, en la cuadratura, y eso no se ha destacado mucho.

– Le interesaron más las soleares de la Cava de los Gitanos, como no podía haber sido de otra manera, ¿no, abuelo?

– Claro que sí. Triana estaba dividida, musicalmente, en lo que al cante se refiere, en dos partes bien diferenciadas: La Cava Vieja o de los Civiles, y la Cava Nueva o de los Gitanos. Eran dos escuelas distintas, aunque se impregnaron unos intérpretes de los otros. Antonio era muy estudioso de casas cantaoras como las de los Cagancho y los Pelao, que eran seguiriyeras y martineteras. Como cantó Mairena por tonás, tan largo y poderoso, no cantó nadie de su tiempo. Quizá Juan Talega, aunque ya mermado de facultades. En otros tiempos, de los que grabaron esos cantes, Tomás fue el genio. Y Antonio bebió mucho en esa fuente, aunque sus condiciones fueran distintas a las del menor de la Casa de los Pavón.

– No te olvides de los tangos trianeros de Antonio, que ahí también fue un genio.

– Sin duda, Manolillo. Cuando llevas la razón no me importa hablar bien de Mairena, que ya sabes que me gusta. Otra cosa es el mairenismo, que en paz descanse. En Triana, las fiestas eran tangueras, como en Jerez o en Utrera eran y siguen siendo buleaeras. Y el maestro de Mairena se ponía a cantar por tangos gitanos al modo de Pastora, que fue le reina de ese estilo, y acababa con todos. No solo los aires de El Titi, que era de los Caganchos, sino de la Josefa, la madre de Faíco el bailaor, la Perla de Triana o Rosalía. Y bordaba a Frijones y el Piyayo, que los dos vivieron en Triana. ¿Sabías esto, Manolillo?

– Te lo dije yo, abuelo. ¿No te acuerdas? No vivieron mucho tiempo, solo para que los pillaran los civiles.

– En Triana siempre hubo muchas fiestas y en ellas se cantaba y se bailaba mucho por tangos. ¡Cómo cantaba y bailaba por tangos el Herejía! ¡Y cómo bailaban Pastora la del Pati y el Titi, la Frasca o Pepa la Calzona! Antonio se metía en esas fiestas y como era tan raterillo, porque lo era, se llevaba todo lo que podía. Y claro, luego lo llevaba todo a su terreno y nos legó grandes joyas. Te digo una cosa, y que me muera si no te lo digo de corazón. Mairena enseñó a los trianeros muchas cosas que no sabían o que habían olvidado.

– Joder, abuelo. Creo que dices todo esto porque quieres ir al festival el sábado que viene y así evitas que te tiren a la Fuente del Gandul. Te lo estás currando, abuelo, que no veas.

– Tienes mucho arte, Manolillo. No podré ir porque estaré en Castro del Río (Córdoba), donde darán una conferencia sobre los pioneros del flamenco. Ir a Mairena es siempre un gustazo, a pesar de algunos mairenistas.

– Ya está, abuelo que te estaba saliendo de dulce y lo vas a estropear.

 

→  Ver aquí la segunda entrega de El abuelo y el mairenismo

→  Ver aquí la primera entrega de El abuelo y el mairenismo

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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