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El Cabrero se va del cante

José Domínguez dejará una discografía importante, unas veinte obras, en las que hay un poco de todo. Comenzó a grabar en 1975 y no paró hasta el pasado año, con 'Ni rienda ni jierro encima'. Los discos son lo que queda de un cantaor y al de Aznalcóllar lo defenderá su obra, como a todos.

José Domínguez Muñoz El Cabrero se está retirando con una gira. Se va del cante, o eso ha anunciado. Tengo que confesar que nunca fue uno de mis cantaores preferidos, aunque lo seguí bastante en los ochenta por los festivales y he de reconocer que en el principio de su carrera llegó a cautivarme con sus fandangos de Huelva, con Paco Toronjo ya en clara decadencia. Y que considero su voz como una de las más hermosas del cante de los últimos cincuenta años. Una voz campera, natural, sin artificios, que formó la marimorena cuando asomó la cabeza en los festivales y las peñas. Era el cantaor de los pueblos y de la gente sencilla del campo, con unas letras tan especiales, muchas de ellas contestatarias, que le ayudaron a ser uno de los cantaores más contratados del verano. 

Pero ¿es un buen cantaor El Cabrero? Es que esa es la cuestión. Que sea o no un buen cantaor no le resta méritos a su trayectoria, la de un hombre coherente con su pensamiento, tan independiente y libre. De alguna manera cogió el sitio de Manuel Gerena, el cantautor flamenco de la Puebla de Cazalla, que dejó de interesar cuando llegó la democracia. Pero El Cabrero no era solo un contestatario, sino un cantaor con una voz muy flamenca que con los años logró templarse y cantar bien palos como las soleares y las seguiriyas, sobre todo en la época suya con el guitarrista Paco del Gastor y su acercamiento a Juan Talega, Perrate o Mairena. El toque de Paco le dio mucha jondura a su estilo y fueron años muy interesantes en la carrera del cantaor de Aznalcóllar. 

 

«Un día fui a su casa y conocí a sus padres, gente del campo, ella de un pueblo de Toledo y él de uno de Huelva. Aquel día comprendí muchas cosas de José el Cabrero que no entendía muy bien»

 

Un cantaor al que, por cierto, trataron mal en la Bienal, donde solo actuó una vez, y no solo, en la edición de 1986. No es que tuviera que estar cada año, como Morente o la bailaora Pepa Montes, pero tampoco que fuera siempre despreciado. En realidad es un cantaor no muy reconocido por la oficialidad del flamenco, aunque sí por el público, que es lo que cuenta. José llenaba los festivales de una manera increíble, llevando en ocasiones más personas que Camarón de la Isla y Lebrijano juntos. 

Si es verdad que se retira, dejará una discografía importante, unas veinte obras, en las que hay un poco de todo. Comenzó a grabar en 1975 y no paró hasta el pasado año, con Ni rienda ni jierro encima. Los discos son lo que queda de un cantaor y al de Aznalcóllar lo defenderá su obra, como a todos. Pero José dejará, además, una obra literaria también importante, sus letras o las de otros autores que escribieron para él. Ha hecho historia y quedará como uno de los grandes de estas últimas décadas. 

Un día fui a su casa y conocí a sus padres, gente del campo, ella de un pueblo de Toledo y él de uno de Huelva. Me impresionó sobre todo su madre, Carmen Muñoz Frías. Y aquel día comprendí muchas cosas de José el Cabrero que no entendía muy bien. Una mujer impresionante. 

Suerte, maestro, y gracias por todo. 

Foto: Vicente Pachón

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

2 COMENTARIOS
  • Iván M 8 diciembre, 2019

    Siendo yo andaluz, lamentablemente, no había escuchado nunca cante. Cuando me hice adulto me acerqué al Cabrero por sus letras y a través de él y luego de Menese descubrí lo que era esa música nuestra tan menospreciada. Abrí el oído y el corazón y me hice a ello y al cante gitano después… lo que agradeceré siempre.
    Para muchos el flamenco es cosa de antiguos o incluso de catetos…
    Tanto tiempo de incultura forzada en nuestra tierra hicieron mella.
    Ahora ni muchos gitanos lo comprenden y cualquiera oye reggeaton u otras músicas vacías e intrascendentes recreándose en su ignorancia.
    El Cabrero cantando por derecho imponía por sus saber digamos «vital», pero no siempre que lo vi estuvo centrado, como todos los que he visto en repetidas ocasiones.
    Y no es un artista de florituras.
    Pero a mí parecer es único y de los fundamentales que hay que conocer y valorar.

  • Manuel Bohórquez Casado 10 diciembre, 2019

    Gracias, amigo Iván.

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