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El día que Pepe Pinto me tiró los tejos

¿Por qué me guiñaría el ojo? Quién me iba a decir entonces que un día sería parte de mi vida, de mis grandes referencias en el cante.

José Torres Garzón, Pepe Pinto, está entre mis cantaores de culto o cabecera, como quieran. Conocí a dos de sus hermanas, Teresa y La Rubia, que me contaron muchas anécdotas sobre él, El Carbonero o Pastora, su mujer. Estaba recopilando información para hacerle una biografía como la que le hice a la Niña de los Peines hace ya veinte años, pero no encontré la colaboración deseada por parte de su familia, algo recelosa. A Pepe lo vi solo una vez, cuando yo tendría entre 8 o 9 años, o sea, sobre 1967. Fue en Mairena del Aljarafe (Sevilla), al lado de Palomares del Río, donde yo vivía entonces.

 

Mi madre me había llevado al médico y al salir nos sentamos en la terraza de un bar de la travesía. En la mesa de al lado vi a un hombre bajito y regordete que me miraba mucho y que cuando yo lo miraba a él me guiñaba un ojo y me sacaba la lengua. Este será bujarrón, me dije para mí. En Palomares nos metían a veces miedo con los mariquitas, además de con los pobres, algo que nunca entendí. “¡Que viene un pobre!”, y corríamos para la casa que nos las pelábamos. O con los vendedores ambulantes. “¡Qué viene el Momo!”, decía mi madre cuando llegaba algún vendedor ambulante a Cuatro Vientos.

 

 

«Aquel hombre guapetón y con cara de bueno seguía guiñándome un ojo, creo que el izquierdo, y se lo dije a mi madre, que estaba ya un poco mosqueada. Se rió, naturalmente, y me dijo: “Ese hombre es Pepe Pinto, muy famoso”»

 

 

Aquel hombre guapetón y con cara de bueno seguía sacándome la lengua y guiñándome un ojo, creo que el izquierdo, y se lo dije a mi madre, que estaba ya un poco mosqueada. Se rió, naturalmente, y me dijo: “Ese hombre es Pepe Pinto, muy famoso”. No tenía ni idea entonces de los cantaores, pero me sonaba el nombre. Mi madre lo reconoció porque le gustaba mucho el cante y cantaba flamenco con una voz muy bonita, en la línea de la Niña de la Puebla. Y el Pinto fue un cantaor muy popular en toda España, pero sobre todo en Sevilla, por sus canciones aflamencadas.

 

¿Por qué me guiñaría el ojo y me sacaría la lengua con tanta reiteración? Pensé que era porque quería camelarme, pero con los años he entendido que sería porque lo miraba continuamente, a lo mejor porque alguna vez lo vería en la tele o algún periódico. Y como yo tenía unos ojos como huevos de pava, grandes, le llamarían la atención. Es curioso que nunca olvidé aquel encuentro en Mairena del Aljarafe con el genio del cante sevillano.

 

Quién me iba a decir entonces que un día sería parte de mi vida, de mis grandes referencias en el cante. ¿Y si me miraba y me sacaba la lengua porque me vio cara de cantaor? En fin, siempre tendré esa duda.

 

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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