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El flamenco no entra en campaña

El flamenco no ha entrado en campaña. A lo mejor es bueno, porque ya está bastante politizado. Por tanto, somos nosotros, los ciudadanos, los aficionados, quienes tenemos que seguir luchando.

No suelo escribir de política en ExpoFlamenco, que es un portal dedicado al arte jondo, pero he visto los dos debates de cuatro de los candidatos a la presidencia del Gobierno de España y he comprobado con tristeza lo poco que interesa la cultura, cuando es un país que vende eso, cultura. Que algunos de los millones de turistas que vienen cada año lo hacen para disfrutar de nuestra música y nuestra danza. Y que son muchos miles los que vienen a impregnarse la piel con el flamenco.

No voy a reprocharles que no hayan nombrado para nada la palabra flamenco, porque no es lo más importante de España. No ocurre ni en Andalucía, que es la cuna de este arte. Eso sí, como estamos en plena campaña electoral, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, se fue a las peñas flamencas de Jerez a decir que es lo mejor de nuestra región. Incluso le explicó al ministro Marlasca lo que es un zapateado. Por cierto, bailando como un caballo percherón.

El pasado martes estuve dando una conferencia en el Conservatorio de Música Cristóbal de Morales, de Sevilla, y los que estudian allí se quedaron asombrados de la riqueza flamenca de Sevilla, desde el punto de vista histórico, y, sobre todo, de lo poco que esto importa en la capital andaluza. A la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento. Lo que les interesa es que vengan los turistas a llenar hoteles, el aeropuerto y tabernas de Triana o la Alameda de Hércules.

Sevilla no tiene un centro de documentación del flamenco, ni un museo dedicado a este arte y su historia en la ciudad. No tiene nada, como si el flamenco hubiera nacido en Pontevedra. Sevilla ha dado a muchos de los más grandes artistas del cante, el toque y el baile. Es la tierra de la Niña de los Peines, Pepe Marchena, Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Manolo Caracol, Antonio Mairena, el Niño Ricardo, Pastora Imperio, Rafael Ortega, José el de la Tomasa, Manuela Carrasco, Lole y Manuel y Rafael Riqueni. Pues nada, ni así.

Es un arte que sigue vivo porque los aficionados se encargan de mantenerlo vivo. Las peñas flamencas venían haciendo una gran labor, hasta que la Federación las politizó y ahora no se mueven si no es con dinero público. Hay excepciones, claro, como Torres Macarena, que mantiene una programación todo el año para que los aficionados puedan disfrutar de este arte cuando no hay nada en los teatros, que no hay grandes cosas a lo largo del año.

El flamenco no ha entrado en campaña. A lo mejor es bueno, porque ya está bastante politizado. Pero que en los dos debates no se haya hablado nada de Cultura en general, solo un minuto y a propuesta de quienes conducían los debates, es significativo. Por tanto, somos nosotros, los ciudadanos, los aficionados, quienes tenemos que seguir luchando.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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