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El Portugués en el centenario de su muerte

Antonio Silva Estrada El Portugués (Figueira de la Foz, 1851 - Sevilla, 1920) fue un clásico del cante jondo, seguidor de Silverio y la Parrala. Un docente que cantaba los palos más antiguos con admirables conocimientos y siendo siempre fiel a los patrones clásicos.

Hace ya más de treinta años, cuando vivía en el pueblo de Castilleja de la Cuesta, que fueron diez años maravillosos, comencé a interesarme por el célebre cantaor Antonio Silva El Portugués, del que se decía que le llamaban con ese remoquete artístico porque fue un día a Portugal. A todos los efectos, era natural de Castilleja de la Cuesta, la localidad sevillana cercana a la capital. Desde todas las azoteas de ese bonito pueblo, de donde son las mejores tortas de aceite del mundo, si te asomas en las mañanas claras se ve la Giralda tan nítida como en una postal. Busqué su partida de nacimiento en ese pueblo y no se bautizó allí, luego supuse que en verdad nació en Sevilla, donde vino al mundo su hermano José, en 1841, nueve años antes que él, cuyo documento damos a conocer aquí.

En el rastreo que suelo hacer en el Padrón Municipal de Sevilla para localizar a los artistas que busco, encontré uno del cantaor viviendo en el número 82 de la Alameda de Hércules y ahí estaba la prueba que lo de El Portugués no era porque fuera un día a Portugal, sino porque nació en el bonito pueblo de Figueira da Foz, localidad de Coimbra. Era, por tanto, portugués de nacimiento, del centro de ese país, aunque se crió en el pueblo de sus abuelos, Castilleja de la Cuesta, hasta que su familia se afincó en Sevilla, donde murió. En la mayoría de sus documentos siempre aparece como natural de este pueblo sevillano. Incluso en el registro de su enterramiento en el Cementerio de San Fernando de Sevilla.

 

«El Portugués fue un clásico del cante jondo, seguidor de Silverio y la Parrala, que a su vez fue seguido por otros profesionales del cante. Sirva este artículo para conmemorar los cien años de su muerte, un centenario que estaba pasando sin pena ni gloria»

 

Nacimiento en Sevilla de José Silva Estrada, hermano de El Portugués, 1841. Esto demuestra que el matrimonio estuvo antes en Sevilla y que el cantaor nació en Portugal por algún viaje. Archivo Bohórquez.

 

Antonio Silva Estrada El Portugués se bautizó pues en la Parroquia de San Juliáo de Figueira da Foz el 26 de abril de 1852, y había nacido, se supone que en este mismo pueblo, el 17 de marzo de 1851. Digo que se supone porque en el documento sacramental no lo hace constar y es extraño que sus padres hubieran tardado tanto en bautizarlo. En aquellos años lo normal era hacerlo pronto, porque se morían muchos niños. Puede ser que el encargado de escribir la partida pusiera 51, en vez de 52. Así que pudo nacer el 17 de marzo de 1852.

 

Parroquia de San Juliáo, de Figueira de la Foz, donde se bautizó nuestro cantaor. Archivo Bohórquez.

 

Era hijo de Pedro da Silva Olive, de Castilleja de la Cuesta, y de Gertrudis Estrada Ballesteros, sevillana del barrio de San Julián. Nieto por línea paterna de Pedro da Silva y Dionisia Olive, de Castilleja de la Cuesta, y por la línea materna de José María de Estrada y Gertrudis Ballesteros, de la localidad portuguesa de Silva-Furao. Osea, que era de antepasados sevillanos y portugueses. Un poco como José Lorente, otro sevillano con portugueses en su árbol genealógico.

 

Libro en el que se registró, en doble página con vuelta, el bautismo de El Portugués, 1852. Archivo Bohórquez.

 

Partida de bautismo del cantaor en Figueira da Foz, Coimbra. Archivo Bohórquez.

 

Elogios de Fernando el de Triana

Es inevitable traer aquí el testimonio de Fernando el de TrianaArte y artistas flamencos, 1935–, porque, aunque no hace una biografía de él en su célebre libro, lo cita siempre de manera elogiosa. Por ejemplo, al referirse a uno de sus discípulos, Fernando el Herrero, de Las Cabezas de San Juan:

 

Este notable cantador de la antigua cepa del famoso Antonio Silva, el Portugués, el cual lo apreciaba mucho por su aplicación y afición a los cantes grandes, hasta el extremo que tal vez sea el único que hoy, entre los que actúan, conserva y canta los cantes por soleares de buena marca, la caña, el polo, serranas y otros cantes de esta categoría, más la admirable colección de malagueñas de aquellas que se cantaban cuando se sabía cantar. ¡Qué tiempos aquellos!

 

Cuando habla de los cafés cantantes, Fernando cita también a nuestro protagonista entre otros colosos del cante de aquel tiempo, relacionándolo con Silverio:

 

Al gran maestro le seguían aquellos colosos del cante grande que se llamaron o apodaron Paco el Sevillano, José Lorente, Eduardo Porreta, Fernando el Mezcle, Carito, el Chato de Jerez, Ramoncillo el Hollero, Antonio el Portugués, Diego el Marrurro y aquellos tres gloriosos cantadores, de imborrable recuerdo, que se llamaron Enrique Ortega, Salvaorillo el de Jerez y Juan Junquera.

 

A pesar de los enaltecimientos, que demuestran claramente admiración y reconocimiento hacia él, Fernando no le hace una biografía, como a tantos y tantos en su libro. Ni siquiera publica una fotografía suya, que alguna habría de él. Le pasó lo mismo con José Lorente y otros muchos.

 

«Era como un viejo catedrático dando clases en la Universidad. Era muy bueno en la caña, la serrana, el polo, las soleares clásicas trianeras, los antiguos fandangos, que no fandanguillos de moda, y, sobre todo, las malagueñas más primitivas»

 

El testimonio de Manolo de Huelva

El guitarrista de Riotinto (Huelva), nacido en esta localidad onubense en 1892 y fallecido en Sevilla en 1976, era un genio de la guitarra que además apuntaba los cantes y sabía mucho de esta faceta del flamenco. A los cantaores les daba coraje cuando los acompañaba en las fiestas porque a veces los paraba en pleno desarrollo de un cante, y le decía: “Eso no es así, si te cruzas no vale”. Quizá por eso murió un poco solo en la Alameda de Hércules de Sevilla. Me contó Enrique Morente que fue un día a buscarlo a la Alameda y que al abrirle la puerta se le vino el mundo encima, porque estaba en no muy buenas condiciones.

Alberto Peñafuerte, de Flamenco de papel, me descubrió este testimonio tan interesante de Manolo de Huelva sobre el polo que interpretaba El Portugués acompañándose él mismo a la guitarra, que la tocaba muy bien porque era profesor y daba clases en su casa y a domicilio:

 

Los polos son las canciones más antiguas. Todos los viejos me dijeron lo mismo cuando yo era niño. La primera vez que los oí fue en boca del cantaor más viejo que yo haya conocido, Antonio Silva El Portugués, español y de Sevilla, pese a que Silva sea un apellido portugués. Le conocí en Huelva, cuando acababa de aprender el oficio de sastre. Mi padre le invitó a casa y Antonio se trajo su guitarra. Aquella fue la primera vez que oí los polos.

Sevilla, Paco (1999). Queen of the gypsies. The Life and legend of Carmen Amaya. San Diego, EE.UU: Sevilla Press.

 

Padrón de Sevilla en 1894, donde el Portugués aparece como profesor de guitarra y viviendo en la Plaza de Argüelles. Archivo: Flamenco de papel.

 

Padrón de Sevilla, de 1896, donde el Portugués consta como artista y natural de Castilleja de la Cuesta. Archivo Bohórquez.

 

Su vinculación con Huelva

El Portugués tuvo que tener mucha relación con Huelva y quizá fue en esta ciudad donde sucedió el primer contacto con su maestra, la moguereña Dolores Parrales Moreno, la célebre Parrala. Dicen que fue a través de ella como descubrió a Silverio, porque Dolores fue una fiel seguidora del estilo del maestro sevillano. Será difícil averiguar si el primer encuentro fue en Huelva o Sevilla, pero lo cierto es que son muchos los testimonios que confirman la relación de ambos artistas. Fernando el de Triana vuelve a referirse a él en la biografía de la Parrala:

 

Fue la maestra del que después fue gran cantador, Antonio Silva, el Portugués, que llegó a cantar admirablemente los cantes de Silverio, habiéndoselos aprendido de su notabilísima profesora, la cual se tomaba gran interés para que el Portugués dejara su oficio de carrero y se dedicara al cante, puesto que reunía condiciones para ello.

 

Ya sabemos que fue sastre y carrero, por dos grandes artistas de Huelva, la Parrala y Manuel Gómez Vélez, Manolo de Huelva. Pero nos interesan sus comienzos y tuvieron que ser ya en Sevilla, en donde parece ser que vivió ya desde niño, una vez abandonado el pueblo de Castilleja de la Cuesta. En un padrón de Sevilla de 1896, viviendo con la jerezana Isabel Cantudo Morillo en el número 15 de la céntrica calle Morgado –vecino de Carito de Jerez, que murió meses antes en esta misma calle, y del bailaor Antonio Páez El Pintor–, se especifica que llevaba cuarenta y un años viviendo en Sevilla, y tenía 44. Por tanto, nuestro cantaor tuvo que haberse criado en Sevilla capital y en buena zona flamenca, empadronado en calles como Alameda de Hércules, Plaza de Argüelles y Morgado, siempre cerca de donde se cocían todos los guisos flamencos y estuvieron las mejores academias boleras.

 

«Antonio Silva El Portugués tuvo que haberse criado en Sevilla capital y en buena zona flamenca, empadronado en zonas como Alameda de Hércules, Plaza de Argüelles y Morgado, siempre cerca de donde se cocían todos los guisos flamencos y estuvieron las mejores academias boleras»

 

Dolores La Parrala, maestra de El Portugués.

 

Una trayectoria con lagunas

Al no ser un cantaor de corte comercial, es muy difícil poder hacer una completa biografía de este artista porque no apareció apenas en la prensa de su tiempo, ni en los carteles. Empezaría a cantar y a tocar la guitarra en el inicio de la séptima década del XIX, ya con Silverio viviendo de nuevo en Sevilla y los primeros cafés cantantes funcionando cada noche. Era una época muy buena para formarse como cantaor porque estaban casi todos los artistas de Andalucía en Sevilla, en cafés como El Burrero, el Salón Silverio y El Filarmónico. Por otra parte, los artistas iban ya mucho a otras ciudades andaluzas como Málaga, Almería, Córdoba, Granada o Cádiz. Pero lo cierto es que no hay muchas noticias de cómo pudo ser la trayectoria de quien, por diversos testimonios muy fiables, como Fernando el de Triana o Rafael Pareja, era estimado como gran cantaor.

 

El ocaso de un maestro del cante

El final de Antonio Silva no fue nada agradable. En 1918, según el Diccionario Enciclopédico del Flamenco (Cinterco, 1988), se embarcó en una gira junto a Cobitos, entre otros artistas, otro de sus discípulos, estando ya muy mayor y delicado de salud. Muy pocos aficionados sabrán que Manuel Celestino Cobos, aunque nació en Jerez de la Frontera, de donde eran su madre y abuelos maternos, se crió en Sevilla porque sus padres se afincaron en esta ciudad en 1897, cuando Cobitos tenía solo 2 años. Su encuentro con El Portugués tuvo que ser decisivo para dedicarse al cante, según me comentó la única vez que pude hablar con él en Granada:

 

El Portugués era buen cantaor, pero también tocaba la guitarra muy bien y ponía los cantes como nadie. Te decía esto es en este tono, por aquí, y por eso fue siempre un maestro para mí y para Centeno, el Herrero, el Colorao, Rebollo, el Carbonerillo, Rengel…

 

Padrón de Sevilla de 1898 en el que aparece Cobitos viviendo en esta ciudad con su familia, en la calle Reposo. Archivo Bohórquez.

 

Poco tiempo después de esa gira con Cobitos cayó enfermo y se vio con problemas para comer, así que se reunieron unos artistas y le organizaron un beneficio, que es como se les llamaba entonces a los homenajes benéficos. El 5 de diciembre de 1919 se celebró un gran festival en el Salón Variedades, que a partir de 1918 comenzó a ser una sala importante para el flamenco. Estuvo este salón en el mismo local donde durante años estuvo el Filarmónico, conocido también como el Café de Juan de Dios, por llevarlo durante un tiempo Juan de Dios Domínguez Jiménez, el hijo de Juan de Dios Domínguez y Cadenas El Isleño, el torero y cantaor de San Fernando.

Estaba en la calle Amor de Dios, 23, y Trajano, 14, o sea, que daba a dos calles de mucha historia de academias boleras y cafés. Acabó siendo el Cine Trajano. Como el guitarrista Antonio Moreno, que dirigía el cuadro, era muy amigo de El Portugués, se encargó de hacer un cartel de lujo para su homenaje, que quedó como sigue: El Cojo de Málaga, Fernando el Herrero, José Cepero, el Colorao de la Macarena, Manuel Vallejo, las hermanas Pompi y el Niño Gloria, en el cante. De tocadores, el propio Antonio Moreno, Pepe el Jerezano, Manolo Moreno, Currito el de la Jeroma y Manolo el Carbonero, que no era el cantaor de la Macarena, El Carbonerillo, sino un adolescente Niño Ricardo, discípulo entonces de Antonio Moreno. Y en el baile, Frasquillo y su discípulo Antonio García, que no era otro que Antonio Triana.

 

Cartel de homenaje a Antonio Silva El Portugués, 1919. Archivo Bohórquez.

 

Fue un éxito artístico y económico sin precedentes y el Portugués pudo vivir cómodamente hasta su muerte, ocurrida algo más de dos meses después del beneficio, el 24 de febrero de 1920, en el número 37 de la céntrica calle San Eloy de Sevilla, cerca de donde el cantaor onubense Antonio Rengel tuvo su célebre Pensión Lisboa. Antonio Silva murió a los 67 años como consecuencia de un ateroma, una placa que obstruye las arterias hasta producir un infarto coronario. Un ateroma en la cabeza, es lo que hoy conocemos como un ictus, que es de lo que moriría el maestro en estado viudo de Pastora Angulo. Fue enterrado al día siguiente en fosa común después de un responso en la Parroquia de la Magdalena.

 

«La Parrala fue la maestra del que después fue gran cantador, Antonio Silva el Portugués, que llegó a cantar admirablemente los cantes de Silverio, habiéndoselos aprendido de su notabilísima profesora, la cual se tomaba gran interés para que el Portugués dejara su oficio de carrero y se dedicara al cante» (Fernando el de Triana)

 

Las Niñas del Portugués. ¿Eran hijas, sobrinas, sus protegidas? En el libro ya intentaremos cerrar el asunto. Libro de Fernando el de Triana, 1935.

 

El humilde legado de un maestro

Hasta el momento no ha aparecido ninguna grabación de nuestro cantaor. El Portugués, como Fernando el de Triana o Rafael Pareja, no fue nunca un cantaor para el gran público, comercial. Vivió medio bien porque daba clases de guitarra y de cante, y participaba en fiestas privadas. Cobitos me dijo que “era como un viejo catedrático dando clases en la Universidad”, un docente que cantaba los palos más antiguos con admirables conocimientos y siendo siempre fiel a los patrones clásicos. Era muy bueno en la caña, la serrana, el polo, las soleares clásicas trianeras, los antiguos fandangos, que no fandanguillos de moda, y, sobre todo, las malagueñas más primitivas.

Gracias a cantaores como Rafael el Moreno (Si no te vienes conmigo) y, sobre todo, Cobitos (Candelas del cielo, Tu queré me tiene loco, Me preguntan si te quiero, Mientras yo viva en el mundo, Toda la noche sin dormir, Ten cuidao con lo que haces), se conservan sus soleares apolás, de escuela trianera, que son una joya de musicalidad y que aún se interpretan mucho, aunque cada día menos. Uno de los últimos cantaores que las hacían fue El Mami de Madrid.

Parece ser que el estilo de fandango que popularizó Manuel Torres, Fui al nío y la cogí, era una recreación suya a partir de un estilo que trajo Dolores la Parrala a Sevilla en los años setenta del XIX. Es, al menos, lo que siempre se ha dicho, aunque con poca base documentada.

En resumidas cuentas, El Portugués fue un clásico del cante jondo, seguidor de Silverio y la Parrala, que a su vez fue seguido por otros profesionales del cante. Sirva este artículo para conmemorar los cien años de su muerte, un centenario que estaba pasando sin pena ni gloria.

 

Registro del enterramiento de El Portugués en el Cementerio de San Fernando de Sevilla, 1920. Archivo Bohórquez.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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