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Paca Aguilera o la valiente rondeña

Francisca Aguilera Domínguez (Ronda, 1877 - Madrid, 1913) era conocida como sucesora de La Trini, pero fue mucho más que eso. Dejó un tesoro y esa obra es la que mejor defiende su calidad de cantaora. Una histórica del cante jondo con todas las de la ley.

Aunque en los últimos años se hayan hecho buenos trabajos sobre Málaga en el cante, lo cierto es que aún hay que darle su sitio en la historia del flamenco, que la flamencología le ha venido negando sistemáticamente. Dentro de Málaga, Ronda tiene una enorme importancia en el cante como generadora de estilos y madre de artistas, desde el mítico Tobalo hasta el último aficionado de hoy. Fue Paca Aguilera su cantaora más conocida y profesional, que además pudo grabar discos y dejarnos un legado no muy extenso pero de una enorme importancia.

Es sabido que Antonio Mairena, que no lo aprendió todo de los viejos gitanos, buscaba sus discos como loco para pillarle el cante de la Andonda, paisana de Paca y mujer del Fillo hijo. No en balde, las dos cantaoras nacieron en la misma calle de Ronda, Zamorano, conocida también por el Callejón de los Gitanos, cerca de la calle del Teatro, como ya documentaron en su momento el rondeño José Luis Jimenez y el moronero Luis Vázquez Morilla, que fue quien averiguó quién era la mujer del Fillo hijo. María Amaya Heredia, La Andonda, nació en esta calle treinta y cuatro años antes, en 1843, gemela o melliza de Ana.

No es nada justo que se tenga a Francisca Aguilera Domínguez como “sucesora de la Trini”, porque fue mucho más que eso. Además, no se puede llamar así a una cantaora que murió veinte años antes que la citada artista malagueña. Está claro que la Trini fue una de sus principales referencias, pero Paca Aguilera no fue solo una buena malagueñera, seguramente copista de Trinidad, sino una destacada intérprete del cante por soleá, seguidora de su paisana la Andonda, de la Sarneta y del Mellizo. También fue una estimable seguiriyera e intérprete de cartageneras. Pero es que además no solo siguió a la Trini en las malagueñas, sino a Juan Breva, el Caribe, el Canario o Chacón entre otros.

 

«Tenía solo 20 años y ya era “célebre”, y además se codeaba con la Trini. Cantaron juntas durante un mes, lo que le serviría para aprender bastante al lado de la gran cantaora, hasta ser considerada su mejor discípula. No tardaría en cantar por toda España»

 

Partida de nacimiento de Paca Aguilera, 1877. Archivo Bohórquez.

 

De la rondeña calle zamorano

Francisca Aguilera Domínguez nació en el número 11 de la calle Zamorano de Ronda, a las dos de la madrugada, el 15 de enero de 1877, hija del hornero Nicolás Aguilera Villalba y de Francisca Domínguez Sánchez, ambos rondeños. Sus padres se casaron en la Iglesia de El Socorro de Ronda el 8 de octubre de 1857, él con 19 años y ella con 17, excesivamente jóvenes, aunque en aquella época era algo normal. Vivían en la calle del Pozo. Tendrían que pasar veinte años hasta que naciera Francisca. El herrero y su esposa eran dos máquinas fabricando niñas y niños, puesto que tuvieron para poner una guardería propia, quince churumbeles. Paquita fue la décima, que se dice pronto.

En 1872, nacería María, la primera artista de la familia y una de las mujeres guitarristas de aquel tiempo, y de las buenas, al decir de Fernando el de Triana, aunque parece ser, según José Luis Jiménez, que fue solo profesora de guitarra, y así aparece anunciada en la prensa malagueña cuando vivía en esta ciudad. Fue esta hermana, al parecer, quien la introdujo en el arte actuando en La Primera de Ronda, El Forno y El Pollo, locales flamencos de su ciudad natal. Seguramente fue una niña prodigio del cante que absorbió todo lo que pudo escuchar de niña en su tierra, a donde iban los profesionales desde décadas antes de ella nacer, artistas como Silverio y los que formaban parte de su compañía flamenca, entre ellos el sevillano José Lorente y el sanluqueño Francisco Viache Arana El Cuervo, dos grandes profesionales de aquel tiempo.

 

Nacimiento de su hermana María, en 1872. Era profesora de guitarra y buena guitarrista, según Fernando el de Triana. Archivo Bohórquez.

 

La opinión de Fernando el de Triana

El viejo cantaor sevillano de la calle Pozo, en San Luis, escribió sobre ella en su libro Arte y artistas flamencos (Madrid, 1935), presentándola como una imitadora de La Trini y poco más. No fue muy justo con ella, porque cantó otras muchas cosas y Fernando valoró siempre mucho a los intérpretes del cante grande, como la soleá. Pero gracias a que la incluyó en su valioso libro se supo quién era esta interesante cantaora, de vida tan breve:

 

Esta fue la cantadora que mejor imitó a la Trini (gloria del cante malagueño y figura gigantesca del Cante Andaluz); a Paca Aguilera, excelente artista, a quien tuve el gusto de conocer desde que era niña, cuando cantaba en la calle Villasís, en Sevilla, acompañada a la guitarra por su hermana María, que fue una buena guitarrista. Fui yo el primero que presentó a Paca en un escenario en Cartagena (Murcia), hace más de cuarenta años. Después tomó vuelo, marchó a Málaga (capital de su provincia, puesto que es de Ronda) y copió el cante de la Trini con tanta exactitud, que en ciertos momentos y detalles de los cantes no le faltaba más que llamarse Trinidad.

En estas condiciones llegó a Madrid, en tan buena hora, que dijeron los madrileños:

-Esta es para nosotros.

Y ya no la dejaron salir más de es bendito pueblo, acaparador de todo lo bueno.

 

Paca Aguilera en 1897. ‘Arte y artistas flamencos’, de Fernando el de Triana, 1935.

 

¿Era de los Negros de Ronda?

En el libro Cuatro rondeñas flamencas del siglo XIX (Ronda, 2016), los autores, entre ellos el gran investigador José Luis Jiménez, apuntan la posibilidad de que Paca fuera de la familia de los Negros de Ronda, a través de un completo árbol genealógico. Esto es interesante y seguro que aportarán más información. Significaría que nuestra cantaora estaría emparentada con la Andonda, Aniya la Gitana y Diego del Gastor. Y con Clara Amaya Cortés, la que fuera mujer del cantaor trianero Juan el Pelao, el martinetero de la calle San Juan Evangelista, de Triana, calle de los gitanos herreros. De confirmarse esto no es que haga mejor cantaora a Paca Aguilera, pero son datos interesantes por la importancia de las familias gitanas en la creación del cante flamenco.

 

«Paca Aguilera falleció el 18 de enero de 1913 en la capital de España, con 36 años. Murió sola, al parecer, y ahí acabó la historia de aquella niña de Ronda, de padre, al parecer, medio gitano, y madre castellana, que quiso ser artista en una época nada fácil»

 

A formarse en Sevilla

Todo parece indicar que en 1884, con el nacimiento del último hermano de Paca, se produce el óbito de la madre de la artista y el padre toma la decisión de emigrar de Ronda, seguramente buscando cómo alimentar a tan numerosa prole. Si María tocaba la guitarra y daba clases y Paquita apuntaba maneras de artista, Sevilla o Málaga eran los destinos más lógicos, decantándose al final por la capital andaluza, que era en esos momentos la meca del flamenco. En 1895 ya aparecen empadronados en Sevilla, en la calle Santa Rufina, cuando Francisca tenía solo 16 años. Sé por una fotografía que con esa edad ya se buscaba la vida con el flamenco, en concreto cantando para bailar en la Academia del Maestro Otero, que estuvo en la céntrica calle San Vicente. Ahí es donde la conocería Fernando el de Triana, y la escuchó muchas veces en un local que estuvo en Villasís.

Según comenta Fernando, de Sevilla se va a Málaga, que en la década de los noventa era una ciudad con buen ambiente flamenco tanto en cafés como en teatros o fiestas privadas. En agosto de 1896 debuta en el Café de Chinitas junto a tres de las hermanas Coquineras, Antonia, Josefa y Milagros, la Roteña Chica y la Trini. Una gacetilla hace jerezana a Paca, qué cosas, y dice que no era conocida de la afición malagueña. Acababa de llegar, pero al final acabó gustando y haciéndose un sitio.

En 1897 la tenemos cantando en el Café España, donde ya había estado en 1896, precisamente con la Trini, que al parecer era su principal referencia:

 

Para esta noche gran función de baile español-francés por el notable cuadro que dirige el Sr. Vázquez e intermedios de cante por las célebres por malagueñas Sertas. Paca Aguilera y Trini, acompañadas por el profesor de guitarra Don Carlos Sánchez.

 

Actuación de Paca Aguilera en el Café de Madrid, Oviedo, en 1903. Archivo Luis Vázquez Morilla.

 

Tenía solo 20 años y ya era “célebre”, y además se codeaba con la Trini. Cantaron juntas durante un mes, lo que le serviría para aprender bastante al lado de la gran cantaora, hasta ser considerada su mejor discípula. No tardaría en cantar por toda España, principalmente en Andalucía, aunque su fama llegó lejos, puesto que el 19 de agosto de 1903, la rondeña cantaba nada menos que en Oviedo:

 

Esta noche a las nueve y media hacen su debut en el Salón conciertos del Gran Café de Madrid la célebre cantadora Srta. Paca Aguilera acompañada con la guitarra por el afamado profesor don Francisco Reina, y las notables bailarinas Srtas. María Jesús Reina y Paquita López. Es un espectáculo moral y entretenido que de seguro gustará mucho al público de Oviedo, que asistiendo sabrá premiar los esfuerzos que por agradar a su numerosa parroquia hacen los simpáticos dueños del Café Madrid.

 

“Es un espectáculo moral”, decía la gacetilla. Las cosas que le pasarían a la joven cantaora de Ronda por esas ciudades y esos pueblos de España. El 14 de septiembre 1905, con 22 años, debutó en Almería según esta gacetilla de El Radical:

 

Asímismo se celebró en este favorecido circo, el debut de la simpática Paca Aguilera: esta artista demostró que vale. Cantó magistralmente tangos y malagueñas, escuchando una verdadera ovación que le tributó el público.

 

Paca Aguilera, en su debut en Almería, 1905. Archivo Luis Vázquez.

 

Cantaora de Madrid

Cuando en Andalucía empezaban a escasear los contratos merced a una crisis del mundo del teatro y el cierre de cafés cantantes, Paca Aguilera piensa en Madrid como cuartel general. Es lo que hicieron también Manuel Escacena, Pepe el de la Matrona, Antonio el Macareno o Bernardo el de los Lobitos, entre otros. Es cuando graba sus primeros discos de pizarra, en 1910, con Zonophone, aunque ya había impresionado cilindros de cera a finales del XIX. Y la afición de la Villa y Corte la recibe con los brazos abiertos. La conocía desde principios de siglo, cuando la llevó a cantar uno de sus mentores, el guitarrista sevillano Rafael Marín, que la presentó en el Teatro Tívoli. Y a partir de ese año se la empezaron a rifar todos los locales de Madrid, que le ofrecían contratos hasta de seis meses. Ese fue el motivo de que se afincara en esa ciudad, donde encontraría la muerte, como tantos otros artistas: el Chato de Jerez, Paco el Gandul, Salvaorillo, Escacena, Bernardo…

 

Disco de pizarra de Paca Aguilera, de 1912. Archivo de Carlos Martín Ballester.

 

El final de sus días en Madrid

Paca Aguilera murió el 18 de enero de 1913 en la capital de España, con 36 años, como ya demostró el investigador José Luis Jiménez, de una gastreoenteritis. Muere en el número 9 de la calle del Águila, en el Distrito de la Latina, el barrio del Humilladero. Murió sola, al parecer, y ahí acabó la historia de aquella niña de Ronda, de padre, al parecer, medio gitano, y madre castellana, que quiso ser artista en una época nada fácil. Fue valiente y acabó triunfando como cantaora, codeándose con los mejores en toda España.

 

«Paca Aguilera no fue solo una buena malagueñera, seguramente copista de Trinidad, sino una destacada intérprete del cante por soleá, seguidora de su paisana la Andonda, de la Sarneta y del Mellizo. También fue una estimable seguiriyera e intérprete de cartageneras»

 

Partida de defunción de la cantaora, 1913. Archivo José Luis Jiménez.

 

Un legado importante

Alargaría mucho este artículo desmenuzar la obra discográfica de la cantaora rondeña. Es algo que queda pendiente para cuando todos estos trabajos de la Serie Oro formen parte del libro Pioneros del Flamenco en la Sevilla del XIX, que queremos sacar, el primer tomo, el del cante, en 2022. Pero hay que hacer una valoración, aunque sea mínima, de sus cantes. Fue fundamentalmente una gran malagueñera. La mejor, sin duda, de la historia después de la Trini, de quien bebió mucho. Pero también se fijó en Juan Breva, el Canario o Chacón, entre otros. Incluso en la Rubia de Málaga, con la que tuvo, al parecer, bastante roce en Madrid.

Popularizó muchas letras, pero hay una que, de 1910, se nos antoja espectacular:

 

Buscaba y no la veía,
la pobrecilla de mi mare.
Dónde la vine a encontrá,
en un hospital metía
acabando de expirar.

 

Se encargó de difundir algunas soleares de su paisana la Andonda, cantes como Metía entre cadenas, A viví a una montaña, Eres zarza y yo me enreo, o Le estoy pidiendo a Jesús. Pero también sintió especial predilección por la Sarneta (Aquella que está en san Gil, Aquel que habla más pierde), o el gaditano Enrique el Mellizo, Hombre qué quieres de mí. Esto demuestra claramente que no era solo una malagueñera. Guajiras, tangos, peteneras, jotas… Es lo que pudo grabar, porque murió joven. Habría dejado una discografía más extensa de haber vivido hasta los años sesenta, que hubiera sido lo lógico habiendo nacido en 1877. Pero dejó un tesoro y esa obra es la que mejor defiende su calidad de cantaora. Una histórica del cante jondo con todas las de la ley.

 

Reseñas en la prensa sevillana de la época de los líos en que se metía Nicolás, hermano de Paca Aguilera, todo un carácter.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

2 COMENTARIOS
  • Francisco+en+Paris 24 noviembre, 2020

    Estimado Manuel
    Hay Investigaciones puntuales y otras que serán referencia para futuros investigadores en la historia. Esta obra ORO es una de las más valiosas. Espero poder disfrutarla en libro.
    Ánimo con todo maestro

    • Manuel Bohórquez Casado 25 noviembre, 2020

      Muchas gracias, amigo. Un abrazo.

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