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La verdá jonda de La Yiya

Ana María Ramírez 'La Yiya' ofreció en Mairena del Alcor (Sevilla) un recital íntimo y cuajado de pellizcos acompañada magistralmente por las seis cuerdas del Niño Seve.

Abre el romance la actuación de la morisca y siembra en Mairena el sabor al paisaje. Con los ojitos cerraos y el alma desnuda calienta su garganta la cantaora, preñada del son de los nuíllos de Fernando en la barra de El Central, un abrazo de El Cachas, los pinceles de Patricio Hidalgo, las letras de Moreno Galván y la bocaná del cante de Meneses llevándola de la mano.

 

Con cariño y respeto en el pueblo del maestro de los Alcores suena La Yiya por tientos. Al seis por medio la mece el Niño Seve con su guitarra en un diálogo de compases y recortes que marcaron con arte los tiempos. Dice el cante otorgándole lo justo a cada tercio, sin teatralizar ni regalar quejíos donde no caben pero jugando con la cadencia melódica porque conoce el paño. Entona letrillas de Juana la del Revuelo soñando con una Sevilla de chocolate para acordarse luego del Titi de Triana al abrochar el remate por tangos.

 

Evoca a Fosforito y le sobra empaque aunque el taranto diga que le faltan fuerzas porque ya no puede más. Pero Ana continua con la malagueña grande de El Canario en un alarde de conocimiento y valentía que dota de originalidad a un repertorio que nunca aburre ni defrauda. Las palmas de Emilio Castañeda y Miguel Fernández dan pie al abandolao que cierra la antesala de la tríada de cantes que clavó después.

 

 

«La Yiya es una cantaora pura. No solo por el compromiso y su ejecución ortodoxa, sino porque se abre en canal y se entrega embriagada de duende»

 

 

Agarra los ecos de Talega y liga los tercios a su antojo dibujando variantes con finura. Tras La Andonda ya no hay excusa para entrar en Alfarería con la soleá de Triana. Aprieta arriba y borda las caídas con la musicalidad del Zurraque retorciéndonos las entretelas del sentío para aliviarnos al instante con la bulería fresca y sus cuplés, donde le guiñó el ojo a Antonio Mairena al recordar a esa trianera que se llamaba Carmen.

 

Con esta carta de presentación solo la seguiriya podía coronar. Masca la tragedia arañando, doblando los tercios, doliéndose y entregando la verdá jonda de su cante en un macho afilao que atravesó las carnes. Su boca supo a sangre. Describirlo es el encierro injusto de un lamento entre cuatro palabras. Porque su llanto es la libertad inaprensible de la que sabe istinguí.

 

La Yiya es una cantaora pura. No solo por el compromiso y su ejecución ortodoxa, sino porque se abre en canal y se entrega embriagada de duende. Aunque no sea su mejor noche no tiene ojana que dar. Ofreció un recital íntimo y cuajao de pellizcos acompañada magistralmente por las seis cuerdas del Niño Seve, que a pesar de quedarse sin mástil para las falsetas al tocar con la cejilla entre el seis y el siete, rebosó sensibilidad y buen gusto. Alzapúas de ensueño, bordoneos y melodías flamencas sirvieron de perfecto sostén para la voz rancia de Ana. Poco más de una hora le bastó para encandilar a los aficionaos dejándolos con la miel en los labios y la agenda abierta para anotar la próxima cita a la que acudir para seguir enamorándose.

 

Fotos: José Montero, de la Casa del Arte Antonio Mairena

 

Ficha artística

Ciclo Viernes Jondos – Ayto Mairena del Alcor y Casa del Arte Antonio Mairena 
Restaurante El Cine, Mairena del Alcor 
Cante: La Yiya
Guitarra: Niño Seve
Palmas: Emilio Castañeda y Miguel Fernández

 

 

 

 

 

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Cantaor de la escritura. Jondura utrerana extrema.

1 COMMENT
  • Iván M 21 noviembre, 2021

    Casi ná…
    Ya duele no haber podido asistir, por ser la Yiya y ser allí, y ahora uno lee estas letras, que más bien parece que estoy escuchandolas, y entre renglones que son falsetas y palabras como quejíos, sólo me alivia el coraje,
    por no haber allí yo aparecío, el saber que aún nos quedan talentos que se toman en serio nuestro arte.

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