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Paula Comitre y los ecos de las maestras

La bailaora sevillana brindó en el ciclo Flamenco Viene del Sur su ‘Cámara abierta’ con el aval del premio Revelación del Festival de Jerez y del Giraldillo de la Bienal de Sevilla.

El panorama flamenco es frondoso, casi inabarcable, pero cuando un nombre comienza a destacar, a repetirse por los mentideros, es porque algo tiene. El de la sevillana Paula Comitre lleva tiempo sonando con fuerza e insistencia, primero como bailaora de la compañía de Rafaela Carrasco, más tarde como finalista del concurso del Cante de las Minas, acompañando el exitoso espectáculo Fandango de David Coria y David Lagos, y finalmente debutando en solitario con Cámara abierta.

 

Esta era la propuesta con que se inauguraba este viernes 17 de septiembre el ciclo Flamenco Viene del Sur en el Teatro Central de su ciudad. Y lo hacía con el aval del premio a la Artista Revelación en el Festival de Jerez y en la Bienal de Sevilla, que se dice pronto. Precisamente en el acto de entrega de los Giraldillos brindó una muestra de su arte que dejó a todos con ganas de mucho más.

 

El reencuentro en el Central, junto a la buena noticia de la recuperación de los aforos completos gracias a la baja incidencia de la Covid, propició que en el patio de butacas se respirara un gozoso aire de fiesta. Comitre salió a por todas, mostrando desde la subida del telón sus mejores credenciales: ese baile tremendamente físico a la vez que de una enorme plasticidad, en el que los equilibrios –los pasos giróvagos, los cambrés, los escorzos imposibles– resultan fundamentales, sumados a la repetición de figuras a distintas velocidades.

 

«Paula Comitre salió a por todas, mostrando desde la subida del telón sus mejores credenciales: ese baile tremendamente físico a la vez que de una enorme plasticidad»

 

La irrupción de la voz de Miguel Ortega por cartagenera echa a rodar el discurso dancístico de la sevillana, desarrollado en una escenografía sobria a más no poder –con el fondo de la tramoya desnuda, a la vista– y con una iluminación entre crepuscular y cruda, muy habitual últimamente en los espectáculos de baile.

 

La selección de los palos es amplia y valiente –taranto, mariana, serrana, soleá…–, en correspondencia con la precoz sabiduría de la artista, y las coreografías, como la liviana de Rafaela Carrasco, informan de una alta exigencia técnica y de una ambición muy por encima de los acostumbrado. La guitarra de Juan Campallo, tan discreta como excelente, proporcionó un plus en el aspecto sonoro del espectáculo.

 

 

Más solvente quizás de brazos que de pies, Comitre alterna referencias clásicas con guiños a la contemporaneidad, empleando recursos tan efectivos como ese vistoso juego de palillos, preciso hasta para dejarlos caer al suelo en el tiempo justo. Carmen Amaya, Pilar López, Pastora Imperio o Matilde Coral forman parte de su código, pero se percibe en ella una tendencia acusada hacia el nuevo baile que representan Rocío Molina, Patricia Guerrero y sobre todo Eva Yerbabuena.   

 

El fondo de Cámara abierta se fundamenta sobre la idea, que tantos quebraderos de cabeza ha dado y sigue dando en el arte, entre el corsé de la norma y la libertad expresiva. Para ello rememora el decálogo de Vicente Escudero, del que curiosamente en este 2021 se cumplen 70 años enseñando a bailar en hombre, así como la voz sampleada de Matilde, la maestra por excelencia, que aparece como un eco confuso de las enseñanzas recibidas, todos esos consejos que se amalgaman y confunden cuando toca afrontar la verdad del escenario.

 

«Cámara oscura es una buena tarjeta de presentación para abrirse camino en la competitiva escena actual, pero sospecho que todavía veremos cosas mejores de una bailaora con todas las papeletas para aspirar a lo más alto»  

 

Pese a todo ello, el montaje discurrió con cierta frialdad, que se puede achacar tanto al hilo argumental no siempre claro –confieso que hubo momentos en que no sabía hacia dónde quería llevarnos, y tal vez no fui el único– como a la expresividad de la bailaora, cuyo gesto dramático, crispado, se hacía demasiado recurrente. Puede ser una elección personal, pero por lo general el aficionado prefiere que el esfuerzo no se note, y que el rostro vaya transmitiendo los distintos estados de ánimo que inspira la música sin incidir más de la cuenta en ninguno.

 

Hubo que esperar a las cantiñas y las bulerías finales para ver a Comitre sonreír. Colofón rotundo y espectacular, con alarde de dominio del mantón, con el que la artista y su gente puso al respetable en pie de forma instantánea y aplaudiendo a compás.

 

Cámara oscura es, en definitiva, una buena tarjeta de presentación para abrirse camino en la competitiva escena actual, pero sospecho que todavía veremos cosas mejores de una bailaora con todas las papeletas para aspirar a lo más alto.

Fotos: Freddy Flamencolover

 

Ficha artística

Cámara abierta, de Paula Comitre
Teatro Central, Sevilla. 17 de septiembre de 2021. Ciclo Flamenco Viene del Sur
Baile: Paula Comitre
Guitarra: Juan Campallo
Cante: Miguel Ortega y Antonio Campos
Percusión: Paco Vega Jiménez
Dirección escénica: Mercedes de Córdoba
Codirección escénica: David Coria
Colaboración coreográfica: Rafaela Carrasco, Mercedes de Córdoba y David Coria
Iluminación: Antonio Valiente
Sonido: Fali Pipió
Idea original: Paula Cómitre y David Coria

 

 

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Un pie en Cádiz y otro en Sevilla. Un cuarto de siglo de periodismo cultural, y contando. Por amor al arte, al fin del mundo.

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