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Perico el Pañero: despertar al duende del duende

Recital del cantaor algecireño Perico el Pañero en la Peña Flamenca La Trilla. El arte, el duende y el pellizquito flamenco resonaron en cada esquina del pueblo de Trebujena (Cádiz).

El sábado 22 de mayo tuvimos la suerte de disfrutar de un momentito de arte en la Peña Flamenca La Trilla. En Trebujena. Un rinconcito de Cádiz con mucha afición al flamenco. Comisura en la que el sábado menos esperado te topas con el duende de frente. Y hasta tienes la oportunidad de saludarlo y charlar un rato con él. Sé de primera mano que a él siempre le cuesta irse de esta tierra. No sé si por el ambiente, el mosto o los paisajes marismeños. Pero siempre está dispuesto a quedarse un minuto más. Ese que dura una letra por soleá de las que alargan los tercios porque cada uno duele más que el anterior.

El ambiente que se respiraba previo a la actuación de Perico el Pañero, cantaor de Algeciras, ya anunciaba que iba a ser un día especial. Mateo Soleá y familia y el Niño de la Fragua eran algunos de los asistentes. Entonces decidme: ¿prometía o no?

Perico el Pañero es un artista singular porque siempre está dispuesto a sazonar sus cantes con una pizca de baile. Él canta y baila. Se agarra la chaqueta para relatar los cantes. Y se baila por bulerías. Lo envuelve una elegancia natural. Un traje de chaqueta y un pañuelo amarrado al cuello. Además Perico tiene hechuras de torero. Un Rafael de Paula con quejío antiguo y voz clara que comienza cantando soleares de Alcalá, pasando por Cádiz y acabando en Marchena con una letra por soleá de la Jilica.

 

«El sábado menos esperado te topas con el duende de frente. Y hasta tienes la oportunidad de saludarlo y charlar un rato con él. Siempre le cuesta irse de esta tierra. No sé si por el ambiente, el mosto o los paisajes marismeños» 

 

Además de elegante, Pañero demuestra ser un cantaor dulce, pues consigue que a pesar de la crudeza de las letras por fandangos se aparezca ante mí un paisaje con olor a canela y azahar. Y tal como se dice en la presentación, este cantaor entronca lo mejor de Triana con lo mejor del Campo de Gibraltar. Así que, acordándose un poco de Triana y con un compás ciertamente más festero, comienza con unos tangos del Titi. Entonces, mecidos en sus letras, recorremos la calle Betis y cruzamos el puente de Triana al ritmo del coqueto juego de compás con el que Fran de Algeciras acompañaba a Perico. Así llegamos al final de la primera parte. En este caso, las protagonistas son unas letras por bulerías con mucho repizco. El cantaor se levanta. Pues ese momento merece disfrutar de su metro noventa meciéndose al compás. También nosotros deleitarnos con su baile de losa. Con sus movimientos cortitos y suaves pero repletos de maestría y destreza. El público se anima a acompañar a los artistas con el compás de sus palmas.

 

Recital de Perico el Pañero (Algeciras, 1974) en la Peña Flamenca La Trilla, Trebujena. Foto: Vicente Pachón

 

Parece que la segunda parte también trae cositas buenas. Perico Pañero y Fran de Algeciras comienzan de nuevo. Esta vez con un aire muy diferente a la atmósfera que han creado al acabar la primera parte. Paradójicamente, la potencia vocal del cantaor sale a relucir a través de un quejío ahogado por seguiriyas. Entre sus letras se refiere a Triana. Y es de esperar, pues tiene presente de una forma u otra al barrio sevillano durante toda la actuación. De la interpretación de este palo, me quedo sin duda con la letra que entona acordándose de Paco la Luz.

 

«Perico el Pañero canta y baila. Se agarra la chaqueta para relatar los cantes. Y se baila por bulerías. Lo envuelve una elegancia natural. Un traje de chaqueta y un pañuelo amarrado al cuello. Y tiene hechuras de torero. Un Rafael de Paula con quejío antiguo y voz clara»

 

Reina a continuación una atmósfera serena y acompasada. Una atmósfera que daba la mano, en este caso, a unas letras por soleá por bulerías entre las que se encontraban Las minas de Egipto de Rosalía de Triana. Y sin duda, para poner el broche, el cantaor retoma unas letras festeras por bulerías con las que se mueve a compás, disfruta y se aferra con fuerza a su chaqueta para recitar el último tercio de cada letra. El tono flamenco empasta a la perfección con el timbre de su voz, además de darle un toque muy añejo que embelesa y acuna a los asistentes a esta actuación. Pero ahí no acaba todo. Pañero y su cuadro se arrancan de nuevo en uno de los flamencos recovecos de esta peña. Y de repente todos quedamos absortos. Se consigue volver a despertar al duende. El duende. Que esta vez llevaba consigo su propio duende. Doble ración una vez que han abandonado las tablas del escenario. Por eso logramos entender este momento único e íntimo como el verdadero broche de esta tarde tan flamenca. Tarde que se alarga un poquito más de lo esperado. Mateo Soleá se siente tan a gusto en la sobremesa que quiere deleitarnos con unos cantecitos que yo vivo como un recital más.

Por último, imprescindible subrayar que la actuación de Perico el Pañero fue especial porque consiguió rescatar letras que muchas veces los artistas dejan en el olvido. Y por mucho que vayamos a recitales diferentes, parece que estamos siempre en el mismo. Pero diferente día y a diferente hora.

Había mucha gente esperando ese día desde hacía algunas semanas. Y podemos decir que se cumplieron las expectativas. Todo el mundo quedó satisfecho porque el arte, el duende y el pellizquito flamenco resonaron en cada esquina del pueblo de Trebujena.

 

Recital de Perico el Pañero (Algeciras, 1974) en la Peña Flamenca La Trilla, Trebujena. Foto: Vicente Pachón

 

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Bailaora madrileña. Graduada en Comunicación Audiovisual por la Univ. Rey Juan Carlos. En Amor de Dios, Casa Patas y Cristina Heeren desarrolló su gusto por la danza y el flamenco. «No somos atletas. Estamos empezando a cometer el triste error de ofrecer al público una confección enlazada de complejos zapateados a una velocidad desorbitada sin la modulación propia de la música que estamos adornando y que nos adorna».

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