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Rocío La Serrano: «El flamenco lleva tiempo sin estar en el sitio que debe tener»

La sevillana Rocío La Serrano presenta su espectáculo 'Flamenco Cara a Cara', con letras del poeta Francisco Mármol. Cantaora y saetera, en esta obra reivindica la representación del hombre y de la mujer en el cante, el baile y el toque.

Rocío La Serrano es sevillana, sangre trianera. Pasó por la escuela de baile de José Galván y pulió su pasión por el cante bajo las batutas de, entre otros, José de la Tomasa y Calixto Sánchez en las aulas de la Fundación Cristina Heeren, donde llegó a ser monitora. También recibió formación en técnica vocal de María José Lamas y Liliana Vall. En 2013 fundó la compañía Tierra y Alma Flamenca, que paseó el espectáculo Flamenco hecho pasión. Ha participado en numerosos concursos de cante flamenco y saetas, incluidos primeros premios en Hospitalet y Cartagena. Precisamente como saetera ha alcanzado gran repercusión durante el último lustro: «Grandes cantaores de la historia han interpretado saetas: Mairena, Caracol, La Paquera, La Sallago…», nos recuerda. Ahora presenta su espectáculo más ambicioso, Flamenco cara a cara. Cante jondo con versos del poeta morisco Francisco Mármol. «El papel de un cantaor no solo está en subirse a un escenario a cantar, sino en estudiar, crear, aportar cosas al flamenco», dice. 

 

* El baile. «Ante todo, soy una gran aficionada al cante flamenco. Mi primer contacto con el arte flamenco fue cuando tenía ocho o nueve añitos, que empecé a bailar en la academia de José Galván. Yo lo que quería era cantar y sabía que no me iba a dedicar al baile. Es cierto que no me intimida cantar, pero sí me intimida bailar. Puedo pegar una pataíta, pero me veo muy sosa. Lo mío es el cante».

* La búsqueda. «Mejor cinco palos flamencos bien hechos que diez mal hechos. Me gusta entrar en lo más profundo de cada palo, sacar sus matices, buscarme y rebuscarme. Porque si yo me rebusco sé que las personas que van a verme van a ver en mí lo que yo estoy buscando».

* La fuerza. Me defino como una cantaora de fuerza. Cuando me subo a un escenario siento miedo, respeto, pero cuando empiezo a cantar me relajo, me crezco, y siempre busco la apreciación del público. Me autoexamino siempre tras un recital para seguir mejorando. Cuanto más estudio menos sé. Voy a ser siempre una adicta al flamenco: estudiar, prepararme, crear… El papel de un cantaor no solo está en subirse a un escenario a cantar, sino en estudiar, crear, aportar cosas al flamenco».

 

«Al flamenco le falta publicidad. Los programas se emiten a la una de la noche. Los vemos solo los que somos muy aficionados. Si queremos que la gente se enamore de esta cultura tan rica tenemos que trabajar más»

 

* Los concursos. «La plataforma de los concursos es muy buena para los cantaores que se quieren dar a conocer en determinados sitios a los que no han sido capaces de llegar por otras vías. Te obliga a estudiar, a prepararte cantes con más profundidad, matizarlos, desglosarlos… Cuando ganas un primer premio en un concurso de cante flamenco, esa sensación se te queda siempre marcada. Eso me ocurrió en Hospitalet, Barcelona. Luego gané otros premios. Conozco las sensaciones de ganar un primer premio, un segundo premio, un tercer premio… y ni siquiera ser seleccionada. Y todas te enseñan. En la saeta, el premio que más me marcó fue el Concurso de Cartagena. Allí hacen un gran trabajo con ese concurso y te da una gran repercusión. Gracias a eso pude cantar en Las Minas de la Unión».

 

La cantaora Rocío La Serrano, en el escenario de la Casa de la Memoria, Sevilla. Foto: perezventana

 

* El duende. «La de Hospitalet fue una noche mágica para mí. Yo desconocía la gran afición al flamenco que hay en Barcelona. Sé que de allí han salido grandes cantaores, como Miguel Poveda o Mayte Martín, a la que adoro. Pero cuando lo vives desde dentro es cuando lo sientes de verdad. Fue una noche de duende. Canté siguiriyas, alegrías, y antes de finalizar ya me estaban aplaudiendo. Fue una conexión que no la voy a olvidar en mi vida. Esos sentimientos son aún más grandes que el premio en sí».

* La Macarena. «Mi relación con la saeta ha sido desde pequeñita. Yo viví la Semana Santa muy de cerca, porque además la he vivido en Campana. Fue Manuel Gonzalez Rubito quien me animó a prepararme para interpretar saetas. Mi ilusión era cantarle a la Macarena. Dicen que los sueños no se cumplen, pero yo tuve la gran suerte de que ocurriera. En la Madrugada me escapaba siempre para ver a Pastora Soler cantarle la saeta a la Esperanza Macarena. Cuando me vi en aquel balcón, no sé ni cómo pude cantarle. Al año siguiente, José Antonio Fernández Cabrero, hermano mayor de la hermandad, me llamó para cantarle en el balcón de Juanita Reina. Otro sueño cumplido. Desde entonces, me han abierto las puertas de Sevilla. En cuatro años le he cantado a grandes procesiones».

 

«A veces el mundo se confabula para que salga lo que una va buscando después de tanto tiempo»

 

* La saeta. «Yo creo que es un cante paralelo al flamenco, aunque venga de las raíces de las siguiriyas, las tonás… La gente no lo identifica como un palo flamenco. Pero grandes cantaores de la historia han cantado saetas: Mairena, Caracol, La Paquera, La Sallago… Ellos dejaron su sello en la saeta, así que forma parte también del flamenco, claro que sí. Es que depende de quién la cante. Si la canta una coplera, suena de una manera. Y si la canta alguien que ha mamado el flamenco de lleno, ahí se le ve el pellizco. Para cantar una saeta y que suene flamenca hay que ser gran aficionado al flamenco y saber cantar flamenco. Esa es mi opinión».

* La crisis. «Todos los sectores lo están pasando muy mal. Lo que nos compete a nosotros, el flamenco, se está viendo muy afectado. Los artistas que vivían del tablao no llevan ese sueldo a casa. Pero el flamenco ya lleva un tiempo sin estar en el sitio que debe tener. Le falta publicidad. Los programas se emiten a la una de la noche. Los vemos solo los que somos realmente grandes aficionados. Pero si queremos que la gente se enamore de esta cultura tan rica tenemos que trabajar más. Que el flamenco se pueda convertir en un producto musical que pueda gustar a más gente. Y no solo lo comercial. La pandemia ha afectado, pero debemos tirar más para atrás. En mi caso, me gustaría estar en algún que otro festival. Me gustaría tener más oportunidades de ir a una peña y poder cantar, dar un recital».

* El proyecto. «Para Flamenco Cara a Cara, tenía la experiencia de un primer espectáculo y esta vez quería hacer algo de creación propia. Empecé con letras populares. Lo único que tenía claro al empezar es que quería la representación del hombre y de la mujer en el cante, el baile y el toque. Un día estaba en casa de Manuel González Rubito y vi en una mesa el libro Letras flamencas de la campiña morisca, de Francisco Mármol Moreno. Como soy muy curiosa, lo ojeé y me llamó la atención. Cuando ya llegó a mis manos, me di cuenta de que el espectáculo que yo había preparado durante cuatro meses tenía que pararlo y empezar de cero. Cogí las letras de Mármol y las adapté a mi espectáculo. Además, incluí un cinco por ciento de letras mías para el baile, porque las de él no encajaban con algunas estructuras. Fue un reto y me lancé a hacerlo».

 

«Conozco las sensaciones de ganar un primer premio, un segundo premio, un tercer premio… y ni siquiera ser seleccionada. Y todas te enseñan»

 

* El poeta. «Yo no conocía al autor. Cuando leí el libro, mi intuición fue muy cierta. Vi un hombre sensible, sincero, muy conocedor del flamenco. El destino me llevó a La Puebla de Cazalla, la tierra de Manuel González Rubito y el propio Francisco Mármol, y a Hospitalet. Me presenté al concurso, tuve la suerte de ganarlo, conocí al poeta, que vive en Prat de Llobregat. Ahí comenzó todo. A veces el mundo se confabula para que salga lo que una va buscando después de tanto tiempo».

* La gestación. «Han sido muchos meses de insomnio. Todo tiene un porqué. Yo no quería un espectáculo con el típico cantaor sentado, escuchando una siguiriya con desgarro. Yo quería un poco más. Quería una interpretación del cantaor y la cantaora delante. Una interpretación del bailaor y la bailaora. No es algo innovador, ya lo han hecho muchos, pero sí puede ser nuevo en las formas».

* El elenco. «He elegido al maestro Antonio Carrión, Eduardo Muñoz a la guitarra, Guillermo Ruiz a la percusión, Laura de los Ángeles al piano, Carmela Riqueni y Rubén García al baile. Todos ellos han hecho una gran aportación. Agradezco que hayan confiado en este proyecto. En especial tengo que agradecer a Manuel Gómez Torres El Ecijano, el cantaor que me acompaña en ese dúo de todos los palos flamencos, el esfuerzo que ha hecho para aprender todos los cantes. Muchos meses de estudio para compaginar voces, letras, siempre de la mano de Eduardo Muñoz».

 

 

La cantaora Rocío Serrano. Casa de la Memoria, Sevilla. Foto: perezventana

 

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Sevilla, 1969. Periodista andaluz de intereses etéreos y estrofas cabales. Tres décadas de oficio en prensa musical y cultural. Con arrimo y sin arrimo, para seres de cualesquier afecto.

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