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Gaspar de Holanda: «He intentado cantar con la guitarra como si fueran mis cuerdas vocales»

Gaspar de Holanda presenta su ópera prima, 'Quejíos'. El músico holandés –afincado en Huelva– transmite su pasión por el flamenco en todo un disco de guitarra de concierto. «Cuando vi por primera vez a Paco de Lucía en directo decidí dedicarme a la guitarra en serio», dice.

Gaspar de Holanda (Jasper Lockefeer) es un guitarrista y compositor holandés afincado en Huelva que hace bandera de su sencillez. Convierte en música muy personal el amor que le tiene al flamenco y en especial a la guitarra, ese pozo con viento, en vez de agua, según Gerardo Diego, al que se abraza cada día como si fuera la última vez. No hay pasión si no hay amor, y el flamenco es un arte pasional. Quejíos, la ópera prima de Gaspar, en cedé y elepé de vinilo, es una obra que llama antes de entrar, sencilla, con esa sencillez tan difícil que hay que cazar con lazo en estos tiempos tan de aparentar. Son ocho piezas que escuchándolas una sola vez te enganchan, y esto es algo raro en la música.

 

– ¿Quién es Gaspar de Holanda?
– Nací en Holanda y desde chico me ha fascinado la música, sobre todo la guitarra. Allí empecé a estudiarla, desde la clásica hasta la eléctrica y terminé viviendo de ella por Europa como concertista de guitarra clásica, profesor de varios estilos de guitarra y actuando con grupos de rock hasta que me embrujó el flamenco. Todo lo que ganaba lo iba gastando en clases privadas y cursos de verano por Andalucía, hasta que finalmente recalé en Huelva, donde me pusieron el apodo Gaspar de Holanda y donde encontré mi amor, mi paz interior, mi felicidad. Aquí llevo ya más de veinte años viviendo y cada vez me dicen más que me cambie mi apodo por Gaspar de Huelva.

– ¿Sabe ya por qué recibió la llamada de la guitarra y no de un balón o una moto de carreras?
– Sin duda por la educación de mis padres. Me llevaban a museos, conciertos de todo tipo, galerías de arte, eventos culturales, etcétera. Gracias a ellos, siempre me he visto rodeado de amantes de la cultura en general. Luego mi abuelo era profesor de música y director de varios coros y orquestas. Y ya que todos en mi casa tocaban el piano y siempre estaba ocupado, me regaló una guitarra y un libro de solfeo. Ahí empezó todo. He tenido mis vivencias jugando al fútbol y con el atletismo, pero la guitarra y la música siempre han sido lo más en mi vida.

– ¿Podría decirme qué guitarrista al que admira le animó a coger una guitarra? ¿Recuerda ese momento tan importante?
– Cuando empecé con la guitarra clásica adoraba la música de Bach, no tanto la guitarra en sí. De hecho me sigue fascinando el inmenso legado musical que ha dejado. Luego en mi adolescencia me impactaron rockeros como Gary Moore o Eddie Van Halen, pero cuando vi por primera vez a Paco de Lucía en directo me quedé tan perplejo que puedo decir que a partir de ese momentazo decidí dedicarme a la guitarra en serio.

– ¿En qué espejo se mira, si se mira en alguno en particular?
– En el más difícil: mi alma. Compongo o grabo cosas y al día siguiente las escucho. Muchísimas veces resulta ser un espejismo, algo que pensaba que era un oasis. Soy mi peor crítico, mi peor espejo. Muchas veces me cuesta avanzar con un tema por lo mismo y me entran ganas de romper ese maldito cristal que se ríe de mí. Nunca he querido compararme con otros guitarristas o músicos, porque cada uno tiene que intentar reflejar su alma, su forma de mirar a su propio espejo, tener algo que decir e intentar trasmitir las voces de su alma a través de su instrumento. Mi espejo me muestra a diario una lucha interior constante pero a la vez fascinante, porque me gusta retarme musicalmente.

 

«El pellizco lo posee aquel que tiene la impronta de quejarse con personalidad y de trasmitir. En una ráfaga hacer un detalle, un remate que trasmite. Y de ahí viene el olé»

 

Quejíos, su primer disco, es una preciosidad flamenca. ¿Lo sabe?
– ¡Muchas gracias! Simplemente he intentado trasmitir mi pasión por el flamenco. Cantar con la guitarra como si fueran mis cuerdas vocales. Por eso lo he llamado Quejíos. Le he dado mucha importancia a la melodía pegadiza y no quería perderme en armonías demasiados modernas o en una constante muestra de técnica que muchas veces hacen perder el verdadero sentido de los palos flamencos. Me enorgullece que a un gran entendido del flamenco le guste y al mismo tiempo también a un público que no suele aguantar un disco entero de flamenco.

– Con tantas figuras de la guitarra como hay, ¿no le ha dado miedo sacar un disco de concierto?
– Las grandes figuras de la guitarra me inspiran, las admiro. Después de haber escuchado obras maestras como por ejemplo Tauromagia, de Manolo Sanlúcar, es casi imposible atreverse a sacar la valentía de grabar algo. Sin embargo, la música no es una competición como el deporte, por ejemplo. Aquí se trata de tener algo que decir a tu forma. Cada guitarrista es un mundo de emociones. Por eso mismo puede haber tantos discos como guitarristas, tantos libros como escritores, tantos cuadros como pintores.

– Ocurre en el arte en general, ¿no?
– En el arte en general, cada artista intenta plasmar su belleza interior en sus obras y a todos los niveles cualquiera te puede sorprender. Por eso creo que no debe existir tanto miedo a la hora de sacar un disco.

 

El guitarrista Gaspar de Holanda. Foto: Diego Encinas

El guitarrista Gaspar de Holanda. Foto: Diego Encinas

 

– Defínase como guitarrista, sin adornarse mucho…
– Siempre me he considerado un guitarrista de acompañamiento. Donde más disfruto es al lado de un cantaor en una peña o tocando para el baile. Muchas veces hasta me olvido de mi sonanta disfrutando en primera línea de los cantes. Allí soy el centrocampista dando pases para que el bailaor o el cantaor meta goles. Esa escuela del acompañamiento es primordial para poder llegar a ser un buen solista de la guitarra flamenca. Hay que ser muy aficionado al cante, sobre todo, para que en tus toques como solista luego se note la esencia de cada palo, un camino muy largo lleno de dedicación. Luego, tras mi formación clásica y mis pasos por el rock, muchas veces me considero más bien un músico que se comunica a través de una guitarra flamenca.

 

«Se nota que prevalecen los tutoriales de YouTube y falta mamar el flamenco horas y horas en las peñas y las tabernas. Lamentablemente, la época que vivimos no deja otra opción»

 

– ¿Componer le resulta divertido o es duro para usted?
– Divertido y maravilloso es cuando te sale la primera idea y el boceto de un tema. Pero después siempre viene la parte dura: trabajar y darle muchas vueltas hasta que lo termine de dar forma. O también muchas veces deja de gustarme o no me convence y lo dejo para más adelante. En general es un proceso alucinante que disfruto mucho. Tengo mi pequeño estudio de grabación, y el software de hoy en día de grabación, instrumentos virtuales y para escribir partituras ayuda muchísimo.

– ¿Cómo compone? ¿Encerrado en una habitación, viendo el mar, la montaña, a oscuras?
– A oscuras, escondido muy dentro del alma, creo que salen las primeras ideas, las melodías en bruto. Surgen con emociones fuertes como pueden ser el amor/desamor, la muerte, la alegría, la tristeza… Pero también imaginando pintar un paisaje que me ha impactado, con notas musicales. A mí me suelen surgir sin tener la guitarra a mano, pero la idea principal se queda a oscuras, guardada, maquinándola y cantándola en mi mente hasta poder sacarla a la luz, encerrado en mi estudio. Y a partir de allí toca trabajar duro para pulir esa idea. Componer es fascinante. Hay ideas que las termino de montar en muy poco tiempo. Luego tengo otras en el cajón desde hace veinte años y no soy capaz de terminarlas… ¡El misterio de la mente!

– ¿Qué espera de esta obra?
– Sobre todo quiero que se note el cariño hacia mí que han plasmado todos mis amigos músicos, el técnico y el productor, en la grabación. Han dado todo de sí y más para ayudarme a hacer mi sueño realidad. Quería hacer algo fresco, algo distinto sin salir demasiado de las leyes flamencas, y con ese apoyo incondicional la grabación ha sido una experiencia maravillosa. He podido sacar un disco que refleja bastante bien lo que tenía en mente, pero espero que se note esa dosis extra de amistad y cariño

– ¿Sabría decirme algo corto sobre cada una de las piezas? Curiosidades, detalles, aportaciones…

  • Chiringuito El Loro. Una rumba dedicada a la fantástica gastronomía onubense y el ambientazo que se vive cada verano en el Chiringuito El Loro (Punta Umbría), de mis suegros. Por eso compuse una rumba con sones veraniegos, casi rozando la bossa nova… Quería que sonara a playa, verano y a alegría andaluza.
  • Serenata para Moraíto. Una bulería dedicada a Moraíto. Lleva un preludio bastante lento antes de convertirse en bulerías. Y en la parte media intento imitar como he podido ese toque tan peculiar que tenía ese gran guitarrista, con el soniquete jerezano de José Méndez al cante. Es una pieza larga con varios movimientos, por eso la llamo Sonata para Moraíto.
  • Tarsis. En la minera es donde más he buscado el quejío de una guitarra. Un solo donde quería que hablase mi guitarra con las voces de mi alma.
  • A Victoria. Un reto difícil, pero para mí necesario. Con el cariño que mi suegra, la gran cantaora onubense Victoria Prieto, y su familia me acogieron en su Huelva y lo bien que vivo aquí entre tanta buena gente que tiene esta maravillosa provincia no podía faltar un tema por fandangos de Huelva. Aquí el elenco es cien por cien onubense y mi amigo Jeromo Segura le ha dado una emoción tremenda a mis letras. Al final del tema se puede apreciar un fandangazo de Victoria.
  • Soniquete. Otra dedicatoria, esta vez al gran Enrique Morente. Los tangos de Granada no son muy típicos en un repertorio de guitarra solista, pero metiéndoles un poco de mandola y el laúd árabe de mi amigo marroquí Alaa Zouiten y las voces por Graná de mi mujer, Virginia Gómez, y nuestra amiga Yolanda Sousa han hecho que la misma Estrella Morente se haya conmovido con este tema, para mí una gran satisfacción.
  • Salitre. Unas alegrías en una afinación poco usada (re mayor), pero siempre me ha inspirado tanto la Tacita de Plata que quería, aunque fuera una tonalidad poco usada, que sonase a lo mucho que me gustan Cai, sus pueblos y su gente.
  • Mi choquera. Empieza por rondeña como solo de guitarra –como lo empezó a hacer Don Ramón Montoya–, y después iba a meter alguna letra por abandolao o bien por bulerías. Pero cuando vino mi amigo Rafael de Utrera a grabar escogió otras letras mías y me grabó un fandango natural al principio. He trabajado varías veces con él y con la amistad que tenemos desde hace más de veinte años sabía que iba a surgir algo curioso. Este tema lo montamos él y yo estando en el estudio en muy poco tiempo. Por eso creo que tiene algo mágico, algo que nos surgió allí mismo.
  • Zurraque. El último tema, por soleá, como se solía grabar antes: una guitarra sola y a compás lento, casi libre de compás a veces. La tendencia es grabar soleá por bulerías, porque se puede meter cajón, palmas y más instrumentos, pero la soleá es algo tan grande que no quería que faltara en este disco.

 

«Donde más disfruto es al lado de un cantaor en una peña o tocando para el baile. Muchas veces hasta me olvido de mi sonanta disfrutando en primera línea de los cantes. Allí soy el centrocampista dando pases para que el bailaor o el cantaor meta goles»

 

– ¿Como ve la guitarra en general?
– La guitarra llegó a tener una época dorada en los años 80 y 90, con Paco, Manolo, Niño Miguel, Riqueni, Núñez y Vicente, entre otros. Un increíble nivel de técnica y composición. Y al mismo tiempo, también Pepe Habichuela o Moraíto con una flamencura impresionante. Creo que han dejado el listón tan alto que hoy en día muchos jóvenes al darse cuenta de que ese nivel es casi inalcanzable se pierden en tocar armonías incomprensibles sin melodías claras para de alguna forma poder destacar. Se nota que prevalecen los tutoriales de YouTube y falta mamar el flamenco horas y horas en las peñas y las tabernas. Lamentablemente la época que vivimos hoy en día no deja otra opción.

– Dígame un nuevo valor que le guste y al que vea ya mismo en las nubes.
– Sin duda alguna mi amigo Antonio Rey. Es muy trabajador, está repleto de pasión y de talento, tiene una técnica de diez y, sobre todo, lo que compone tiene sentido musical. Ya he mencionado que a unos cuantos guitarristas les falta una melodía fuerte, algo primordial en la música. Pero el toque de Antonio sí tiene melodías pegadizas y muy flamencas, con armonías que cuadran perfectamente y un compás perfecto. Lo une todo y por eso va a ser uno de los más grandes si no lo es ya.

-¿Sabe ya lo que es el pellizco? Me refiero a usted.
– Jajajaja. Me chiflan Andalucía, el flamenco y sus expresiones tan típicas como pellizco, chispa, duende, aire… El pellizco lo posee aquel que tiene la impronta de quejarse con personalidad y de trasmitir, como decía el maestro Morente. En una ráfaga hacer un detalle, un remate que trasmite. Y de ahí viene el olé. Son esos momentos mágicos que se pueden vivir sobre todo en las peñas, las tabernas o las juergas. Y por eso creo también que el flamenco es un arte tan apreciado universalmente. Si un flamenco desnuda su alma y trasmite, engancha a cualquiera aunque no entienda la letra. ¡Por algo es patrimonio de la Humanidad!

– Defina a Paco de Lucia con una palabra.
– Inigualable.

– Manolo Sanlúcar.
– Esencia.

– Niño Miguel.
– Genio.

 

Fotos: Diego Encinas

 

Portada del álbum ‘Quejíos’, del guitarrista Gaspar de Holanda.

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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