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Miguel Ángel Fernández Borrero: «El fandango es patrimonio cultural de la gente»

La Fundación Cajasol acaba de publicar la obra 'Huelva, tierra de fandangos', que repasa el pasado y presente de este cante flamenco. Sus autores son Luis Soler, Manuel Romero Jara, Faustino Núñez y Miguel Ángel Fernández Borrero, que ejerce de interlocutor con ExpoFlamenco.

El periodista onubense Miguel Ángel Fernández Borrero ejerce de coautor y coordinador de Huelva, tierra de fandangos (Fundación Cajasol, 2021). Junto a él, Luis Soler Guevara, Manuel Romero Jara y Faustino Núñez en la sagrada misión de mostrarle al mundo el poderío de uno de los cantes grandes del arte jondo. Un cante que en Huelva «está en todas partes y a cualquier hora», en sus palabras. Con una larga trayectoria en prensa flamenca, que incluye conferencias, producciones discográficas y cargos de responsabilidad flamenca en Canal Sur Radio, Fernández Borrero presenta una obra de lujosa edición, con más de setecientas páginas, portada del gran pintor sevillano Juan Valdés y minucioso repaso a los orígenes del fandango, sus distintas etapas en la discografía, el análisis musical de los distintos estilos y las reseñas biográficas de los artistas. «Ahora en Huelva hay más de un centenar de jóvenes que se están preparando para ser artistas. Son los que yo llamo la generación Arcángel», dice. 

 

– ¿Qué es el fandango dentro del universo flamenco?
– El fandango es una madre. O una fuente, como se prefiera. Desde el punto de vista musical, es una madre prolífica de la que ha salido una descendencia tan generosa que ocupa casi la mitad de los cantes que existen. Y desde el punto de vista sociológico, es un palo que los muchos prejuicios y valoraciones ideológicas que hay en el flamenco han querido arrinconar, dejar fuera, echarlo a las cunetas del cante, pero que ha sobrevivido por el gusto de la gente, porque, como decía un señor que sabía de qué hablaba, porque se llevó cuarenta años paseándolo por los escenarios –Pepe Marchena–, “es lo que más le ha gustado siempre a la gente”. Y yo no tengo argumentos para decirle a la gente y a Marchena que están equivocados.

– ¿Este libro de edición tan deslumbrante viene a saldar alguna deuda con ese cante, que ya es bien de interés cultural?
– Modestamente, creo que por ahora así es. El fandango de Huelva necesitaba de un estudio en profundidad y aquí está. Nos pusimos a aportar ideas al objetivo que nos propuso Luis Soler, fuimos añadiendo capítulos y al final nos ha salido casi una enciclopedia. Así que nosotros hemos trabajado por amor al arte y con la ilusión de montar una obra consistente sobre el fandango. En un momento tuvimos que decir “hasta aquí” para cerrar el libro, porque estábamos ya en más de 700 páginas. Ahora bien, nuestra idea ha sido aportar al panorama del fandango. Es un trabajo de más de cuatro años y creo, modestamente, que hemos puesto el listón bastante alto. Y respecto a la declaración BIC, pues bien, vale… El fandango es patrimonio cultural de la gente, del pueblo, y a partir de ahí lo que ayude vendrá bien, pero tengo mis dudas. No se sabe todavía lo que pueda aportar esta decisión administrativa a las ganas de cantar de la gente.

 

«Solo desde la posguerra para acá se han creado en Huelva una veintena de variantes nuevas de fandangos. Esa vitalidad no la tienen otros cantes, que llevan un siglo largo sin aportar nada nuevo»

 

– Recuérdenos cuántos fandangos existen. No nos vale «muchos». Atrévase con una cifra.
– Esa es una cuestión compleja, y no trato de evadirme. Verás. De un mismo fandango puede haber varias versiones que en algunos casos han sido catalogadas como creaciones originales. Es que la historia del fandango de Huelva no está todavía bien estudiada. Falta investigación. Por ejemplo, del fandango de La Parrala he contado en Huelva hasta diez fandangos que se les llama por el nombre de su intérprete: Tomás Pavón, Manuel Torre, Cayetano Muriel, Antonio Rengel, El Carbonerillo, Paco Isidro, etc. ¿Qué hacemos?, ¿contamos diez fandangos distintos o decimos que es solo uno? De otro fandango, se han grabado dos, tres versiones y se le vende a los aficionados que son dos o tres fandangos distintos, pero en realidad son versiones de uno solo. Y luego está el cantaor que quiere hacer méritos y dice ‘he encontrado un fandango antiguo que lo voy a denominar fandango de la Sierra alta de Aracena, o fandango de Tharsis, o fandango de La Puebla de Guzmán‘, por ejemplo. Quizás sus orígenes son fandangos populares sin paternidad conocida que el listo de turno se apropia. Claro, todo esto necesita una clarificación que nos llevaría a debates nada fáciles de acabar en consenso. Ya sabemos cómo funcionan estas cosas, ¿no? Y por rizar todo un poco más, hay fandangos creados por artistas foráneos, en los años 60 y 70 principalmente, que la gente de Huelva no los considera como suyos. Pero lo son, porque cumplen los tres requisitos básicos del fandango: el compás, la medida y la temática. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los contabilizamos o no? Por ejemplo, ¿con qué criterio le decimos a la Niña de la Puebla y a Pepe Menese que sus fandangos camperos no son de Huelva? En fin, que parece que estoy buscando justificación para no decirte cuántos fandangos existen, pero es que con lo que acabo de contar ya se apunta la dificultad. En cualquier caso, no menos de setenta. Solo desde la posguerra para acá se han creado en Huelva una veintena de variantes nuevas, y esa vitalidad no la tienen otros cantes, que llevan un siglo largo sin aportar nada nuevo. ¡Anda que no tiene vida el cante de criadas que despreció don Antonio Chacón! Ahora, la creatividad anda un poco parada, pero surgirán nuevas maneras de cantar este cante popular, no tengo dudas de eso.  

– La obra aporta las partituras de ochenta fandangos, con su descripción musical y sociológica. Todavía hay quien dice que el flamenco no tiene partitura.
– Pues es como negar que el fandango es música. Lo que ha hecho Faustino Núñez ha sido encerrarse con esos ochenta fandangos y transcribirlos al pentagrama. Hay algunos que están duplicados, por así decirlo, para ver las diferencias entre cómo se cantaba en los años 20 del siglo pasado y cómo se cantan hoy. Por ejemplo, el fandango de Juan María Blanco, grabado por Centeno en 1922, y el grabado por Paco Toronjo en 1960. Es el mismo fandango, el mismo dibujo musical, pero en dos versiones que con el paso del tiempo han tomado estéticas diferentes. Si había alguna duda, el trabajo del maestro Núñez lo aclara para el presente y para el futuro.

 

Ejemplares del libro ‘Huelva, tierra de fandangos’. Foto: Fundación Cajasol

 

– Recientemente, el citado Faustino Núñez –uno de los autores del libro– decía en el presente portal que «los fandangos fueron canciones que a partir de los años sesenta del siglo XIX, y ante la popularidad que iba adquiriendo el nuevo género musical, el flamenco, no quisieron quedarse fuera y se adaptaron a la estética jonda para reconvertirse en música flamenca». ¿Se imagina cómo sonarían los primeros fandangos del siglo XVII?
– Pura descripción histórica lo que hace Faustino, porque así sucedió. Sonarían a folclore puro, como suenan todavía algunos fandangos de la Sierra y del Andévalo. Puro folclore. Bailables. Uno de los fandangos más antiguos, el del alosnero Tío Nicolás el de las patillas, que lo descubrió Manolo Romero Jara por transmisión oral, tenía el marchamo de lo folclórico. Y las primeras grabaciones de fandangos que hizo la Niña de los Peines, en 1917, rezuman el aire del folclore. O los de Teresa España y Emilia la Satisfecha… La lástima es que ningún andevaleño o serrano grabó aquellos fandangos suyos en las primeras décadas del siglo XX, y eso nos impide saber cómo eran. Hoy el baile solo queda en algunos fandangos que se interpretan en romerías y actos similares. Arqueología musical.

 

«El fandango en Huelva es como la sal, que está en todos los guisos. Es un cante verdaderamente popular, y cuando halla a intérpretes como Paco Toronjo te haces de su cofradía para siempre»

 

– El libro mira al futuro. Impresiona ver la cantidad de artistas que salen de Huelva. Que quieren vivir de esto. Que tienen el fandango en su trono particular.
– El libro tiene un afán pedagógico claro, más allá de su vertiente divulgativa. Y por eso y por la cantidad de gente joven a la que prestamos atención se puede decir que es una obra que mira hacia adelante, que da herramientas de formación para ese grupo que va a protagonizar el flamenco de mañana y de pasado mañana. Huelva, que tradicionalmente ha tenido muy buenos aficionados, nunca tuvo muchos artistas dedicados al flamenco, pero eso ha cambiado de manera total. Ahora mismo hay más de un centenar de jóvenes –¡un centenar!– que han salido de las academias o se están preparando para ser artistas. Son los que yo llamo la generación Arcángel, porque él ha sido el que pegó el tirón desde niño con la intención decidida de ser profesional del flamenco y ha sido un espejo para mucha chiquillería que quiere seguir sus pasos y los de gente como él (Argentina, Jeromo Segura, Rocío Márquez, Jesús Corbacho, Sebastián Cruz). Toda esta gente flamenca es el fruto de una decisión sabiamente tomada en los años 70 y 80, que fue la de las peñas flamencas con sus academias y otras escuelas privadas en las que la enseñanza rigurosa del cante, el baile y el toque han generado un semillero extraordinario de vocaciones flamencas. No hay milagro huelvano: hay apuesta por la enseñanza, y disciplina, ese es el secreto. Para todos ellos, la primera letra de este arte fue el fandango. Por ahí han empezado todos. Y hoy es una verdadera revolución que Huelva tenga un centenar largo, entre artistas y aspirantes a serlo, del que el 70 por ciento son mujeres y el 30 por ciento hombres. La mujer ha irrumpido en el flamenco en Huelva de una manera espectacular. En algunas academias hay lista de espera para entrar a recibir formación, que ya indica el grado de interés que permenece.

– El libro incluye una relación detallada de los discos que contienen fandangos de Huelva. Se lo han currado, disculpe la expresión vulgar.
– Es que era necesario remangarse, reunir una base de audios con aportación de todos los autores. Analizar, uno por uno, todos los discos en los que hay fandangos de Huelva. Esa labor me tocó a mí y ha sido un trabajo muy intenso, escuchando cientos y cientos de veces esa discografía, comparando, extrayendo conclusiones, consultando, desmontando adjudicaciones que necesitaban ser revisadas, descubriendo cosas… Sin prejuicios ni condicionamientos externos. Cientos y cientos de horas escuchando fandangos, que había días que me salían por las orejas. Verdaderas borracheras de fandangos.

 

«Es una verdadera revolución que Huelva tenga un centenar largo de intérpretes, entre artistas y aspirantes a serlo, del que el 70 por ciento son mujeres. La mujer ha irrumpido en el flamenco en Huelva de una manera espectacular»

 

– A nivel personal, ¿es el fandango su cante favorito?
– Hombre, siendo andevaleño, nieto de abuela de familia alosnera, con mi madre y mis tíos que me enseñaron desde niño la emoción de cantarlo…, no podía ser de otro modo. El fandango en Huelva, y sobre todo en la comarca del Andévalo, es como la sal, que está en todos los guisos, en todas partes y a cualquier hora. El fandango es un cante verdaderamente popular, que todos lo practican y que cuando halla a intérpretes como Paco Toronjo te haces de su cofradía sin pensarlo y para siempre. Y como gusto personal que me preguntas, pues la soleá, que es el cante de mi espíritu, de mi actitud vital. La soleá, siempre. Cuando salgo a pasear, me llevo grabaciones con docenas de soleares y eso es lo que me acompaña en los auriculares todo el trayecto.

– Su mayor satisfacción a la hora de coordinar esta edición.
– Pues haber contado con unos compañeros tan extraordinarios, cuyos trabajos siempre tuvieron el nivel de la excelencia. Ese Manolo Romero Jara riguroso, académico, brillante, el que más sabe del fandango de Huelva sin discusión posible. Faustino Núñez, con su enorme saber musical y su capacidad pedagógica tan extraordinaria, que captó rápido los aspectos genuinos de cada fandango y que ha dejado con sus partituras un referente para siempre del fandango de Huelva. Y dejo para el final al maestro Luis Soler, que supo impulsar al equipo para que sacásemos de la casi nada, porque poco de lo que había nos ha servido de base, una obra de primerísimo nivel. Y, cómo no, haber contado con la sutil elegancia para el diseño del libro de Joaquín Ávila y el apoyo, siempre resiliente, de Juan Antonio Romero.

 

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Sevilla, 1969. Periodista andaluz de intereses etéreos y estrofas cabales. Tres décadas de oficio en prensa musical y cultural. Con arrimo y sin arrimo, para seres de cualesquier afecto.

1 COMMENT
  • Francisco en Paris 1 junio, 2021

    Un gran estudio exhaustivo que ya es el libro de referencia para la historia del fandango.
    Enhorabuena a los autores.
    Me lo compro ya mismo 🙂

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