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El agua fresca, en los festivales

Éxito extraordinario de la XXXV edición del Festival de Cante Flamenco “El Búcaro” de San José de la Rinconada. Sus aficionados saben escuchar y paladear el cante jondo y por derecho.

A Manuel Bohórquez Casado.

 

El Festival de Cante Flamenco El Búcaro cierra tradicionalmente la época de los festivales de la provincia de Sevilla. Desde hace unos años tiene lugar en la Hacienda Santa Cruz, la antigua azucarera situada junto a la estación de ferrocarril, en torno a la cual se fue formando el núcleo de San José, una pedanía del municipio sevillano de La Rinconada. Treinta y cinco ediciones dan fe de su categoría y de la de sus aficionados, que saben escuchar y paladear el cante jondo y por derecho.

Qué es un búcaro, papá, dice el niño de los ojos grandes que están fijos en el mástil de la sonanta de Antonio Carrión. Es para mantener el agua fresquita. Son cosas de campo, en la ciudad ya no se ven. A trece quilómetros de allí, la Bienal de Flamenco de Sevilla se empeña en cegar pozas y pozos, arrumbar botijos y botijas, cántaras y cántaros, por no sé qué que dicen de la paridad. En la Bienal de Flamenco no conocen los búcaros.

Y sale a escena el manantial de agua que sí has de beber. Es José Antonio Carrión Sánchez Carrión de Mairena, nacido en Mairena del Alcor hace ochenta y seis años. Es el padre del anfitrión de la velada, el guitarrista Antonio Carrión. Sobrino de Cancuna, primo hermano de Cascabel de Mairena y del Niño Segundo, aquel bendito trianero que servía vino por soleá en la calle Castilla. Con su sombrero blanco y la cara sin una arruga, viene al festival a despedirse del cante, a dejarnos el agua fresca de sus soleares:

Y amanecí esta mañana
a pedirle al Nazareno
que me quiera esta gitana.

Tras sendos actos de homenaje, a Carrión por parte de sus nietas, las palmeras Concha y María Carrión, y del Ayuntamiento de La Rinconada hacia la Diputación Provincial de Sevilla, vivan las administraciones que dan dinerito para el flamenco, entra un bicharraco del cante en el patio de la Hacienda. Es Alfredo Tejada, que viene con su Lámpara Minera encendida en su garganta.

Malagueño aunque afincado en Granada desde los diez años, Alfredo se dejó la camisa hecha jirones cuando soltó fuelle con la soleá de La Roezna y el cierre de Joaquín el de la Paula estilo Tomás. Lo hizo con la cejilla puesta en ocho, y con un Antonio Carrión manejando su izquierda en el espacio donde apenas cabe la mano de un niño, ese de los ojos grandes que no pierde detalle. Antes demostró sus portentosas facultades por cantiñas, tientos de clásicas letras, muy bien llevados a su forma, y los de La leyenda del tiempo de Enrique Morente, para terminar la tanda con una serie de tangos del maestro granadino. Y por bulerías, se dejó querer entrando y saliendo de Santiago a San Miguel sin pasar por la Porvera, sin firmar un documento y con el amor roto de tanto usarlo, según Fernanda y Bernarda de Utrera.

El baile del joven rinconero Isaac Tovar, que sorprendió gratamente a Manuel Bohórquez, presentador del festival, “por salir vestido de bailaor, cosa que ya apenas se estila” barrió las empolvadas tablas antes y después del intermedio. Estuvo bien por alegrías, llevado por el cante de Juan Mairena, y mejor por soleá, donde nos regaló bellísimas estampas y una elegancia que recuerda a tiempos pasados.

La expectación se palpa cuando se anuncia la actuación de David Palomar, el rey indiscutible del cante de Cádiz, al filo de las dos de la madrugada. David sabe dominar la escena desde su silla, a la que parece atado por un elástico invisible cuando parece querer levantarse en el cierre de cada tercio por alegrías. Alegría en su rostro, que se refleja en las caras de los asistentes, cuando se acuerda de Chano Lobato, de la Perla, de su maestra Mariana Cornejo. Impresionantes los tanguillos de Cádiz, en los que hoy por hoy no tiene igual. Y anoche supo cambiar el rictus cuando cosió la solemnidad al grito escalofriante de la seguiriya, yo no sé por dónde me ha venío este gran nublao.

Y cuando ya parecía que la noche no podía sino declinar, con tantos pellizcos con oles, y tanta azúcar cande, en fin, tanta agua fresca saliendo del búcaro empinado, viene un palaciego con otra Lámpara Minera, ohú, mare mía, con un guitarrista de San José. Son Miguel Ortega y Manolito Herrera, respectivamente. Cuando terminaron la serie de soleares apolás, servidor se había quedado ya sin tiritas. Voy a cantar por seguiriyas, dedicadas a Manolo Bohórquez, que acaba de anunciar que el próximo lunes veinticuatro sale por última vez El Correo de Andalucía. Grito de escalofrío, cornada en el bajo vientre. Con el compás marcado, falsetas de colores y ovacionadas por el respetable. Y cuando ya parecía que estaba todo el pescado vendido, fandangos de Paco Toronjo desde el proscenio. Vamos para Sevilla, a ver qué ponen en la Bienal.

 

Ficha artística:

Espectáculo: XXXV Edición del Festival de Cante Flamenco “El Búcaro”

Lugar y fecha: Hacienda Santa Cruz, San José de la Rinconada, Sevilla. 21/9/2018

Al cante: Carrión de MairenaAlfredo TejadaDavid Palomar y Miguel Ortega.

A la guitarra: Antonio CarriónManuel Herrera y Juan Quirós.

Al baile: Isaac Tovar y su cuadro: Juan Mairena (cante), Tino Van der Sman (guitarra) y Raúl Botella(percusión)

Palmas: Concha CarriónMaría Carrión, Gilberto de la Luz y Mariano Cortés

 

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Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

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