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Anzonini: reportaje especial sobre el bohemio portuense

Ni cantaor del todo, ni bailaor del todo, sino ambas cosas. Anzonini del Puerto, artista legendario para los de cierta edad, nació en 1917 y abandonó el planeta en 1983. En esos 66 años iba enriqueciendo el ambiente con su original manera de flamenquear. Su nieto Antonio Macías Bermúdez ensalza su figura.

Foto superior: Tony Keeler

Manuel Bermúdez Junquera, ‘Anzonini del Puerto’. Artista legendario para los de cierta edad, y prácticamente desconocido en el mundillo flamenco más actual de promoción en las redes, festivales internacionales y convocatorias públicas. Nació en 1917, abandonó el planeta en 1983 y en esos 66 años entre una fecha y otra iba enriqueciendo el ambiente con su original manera de flamenquear. Ni cantaor del todo, ni bailaor del todo, sino ambas cosas y mucho más.  Un festero, aquella especialidad flamenca tan difícil de definir, tan imprescindible.

Ahora, más de tres décadas después de su fallecimiento, un nieto de Anzonini ha asumido la cariñosa tarea de rescatar y ensalzar el arte irrepetible de su abuelo mediante una serie de conferencias al respecto. Antonio Macías Bermúdez nos habla del proyecto.

 

Antonio, ¿desde cuándo tienes constancia de que tu abuelo había sido un personaje conocido del flamenco?  

Desde que tengo uso de razón. En El Puerto era un personaje muy conocido y tanto a la gente de la calle como dentro de la familia no les faltaba ocasión para referirse a él: su baile, su aspecto,  rubio con ojos azules, su altura, su baile quieto y elegante con un compás extraordinario, fuera de lo común  y que tocaba los palillos con todos los dedos. Mi abuela solía repetir la típica frase “es artista de los artistas”. Desde que era un niño he escuchado historias y anécdotas de los artistas que han pasado por casa de mi abuelo: La Perla de Cádiz, El Beni, Miguel Funi, Paco Valdepeñas, Los Paulera de Jerez, Los Sordera, Terremoto, Lola Flores, un jovencísimo Rancapino y su hermano Orillo, Pansequito, El Negro del Puerto y un largo etc., que iban a buscar a Anzonini. Cuando tuve conciencia para valorar a todos estos artistas es cuando me di cuenta de la dimensión artística de mi abuelo.

¿En El Puerto de Santa María es recordado? ¿Llegaste tú a conocerlo?

Cada vez quedan menos personas que tuvieron contacto directo con él, ya que sus contemporáneos sobrepasan los 60 años, pero cuando te encuentras con alguna de estas personas suelen rememorarlo con emoción y nostalgia. Las nuevas generaciones que son aficionados al flamenco sí le conocen, pero diría que los profanos del flamenco no saben quién es. Ahora bien, me sorprende cuando te encuentras con personas extranjeras, principalmente americanos, que le han conocido o han escuchado hablar de él.

La razón por la que realizo la conferencia Anzonini del Puerto, Cien años de Compás es precisamente para no dejar en el olvido la figura artística que representaba, incluso a veces creo que debiera tener un reconocimiento por parte de la administración, pero claro, la administración es la principal desconocedora de quién era Anzonini.

Mi abuelo falleció en el año 1983, cuando yo acababa de cumplir 14 años. Le recuerdo con mucho cariño. Nos hacía visitas esporádicas muy espaciadas en el tiempo, ya que a principios de los años 70 se encontraba entre Morón de la Frontera y Málaga, y a finales de la década se trasladó a California, pero venía a vernos de vez en cuando.

Has juntado una hermosa presentación acerca de tu abuelo, ¿dónde la estás presentando? ¿Cómo responde la gente?

La Asociación Cultural ‘El Ermitaño’ de El Puerto de Santa María me propuso realizar una conferencia sobre flamenco en el año 2016 dirigida para aquellas personas que no saben diferenciar los cantes. Esta conferencia, que se denomina El ABC de los Palos Flamencos, tuvo un gran éxito de público y una gran aceptación. En el año 2018 me propusieron que realizara otra, siempre con la temática de flamenco de fondo. Les propuse la idea de realizar la conferencia Anzonini del Puerto, Cien Años de Compás aprovechando el centenario del nacimiento de mi abuelo. Estrené la ponencia el verano de 2018 en la Tertulia Flamenca Tomás el Nitri en El Puerto de Santa María, para amigos, allegados y familiares, donde asistieron personas que convivieron con Anzonini en España y en Estados Unidos.

Gracias a Jerónimo Velasco de Morón de la Fra., que realizó gestiones y ofreció a la comisión organizadora del Gazpacho llevar la conferencia a los actos culturales que se celebran previos al festival de flamenco del Gazpacho de Morón 2018, esta vez pusieron el broche de oro dos grandes cantaores, Antonio ‘El Carpintero’ y Antonio Chacón, ambos compañeros de juerga.

La próxima cita será en el Museo Municipal “Hospitalito”, acto que se ha organizado dentro la XXI edición de la Fiesta de Los Patios de El Puerto de Santa María dedicada al Baile Flamenco.

¿Cuál fue la relación de Anzonini con Morón de la Frontera?

Morón adoptó a Anzonini y fue absorbido por la sociedad flamenca moronense allá por el año 1965.  Anzonini buscaba un lienzo donde pintar su alma bohemia y lo encontró en Morón.  Su amistad con Diego del Gastor, Fernandillo de Morón, Joselero, Andorrano, Agustín Rios, Juan y Paco del Gastor y otros, además de la cercanía a Utrera con Fernanda, Bernarda, Perrate, y Alcalá de Guadaira, con Manolito de María, fue un marco inmejorable para desarrollar un flamenco libre, de inspiración, espontáneo y fresco.

En el flamenco de esa época los mecenas tienen un papel muy importante, pues son los que organizan fiestas donde trabajaban este elenco de artistas, Cabe destacar especialmente la relación de gran amistad de Anzonini con los empresarios Antonio y Ángel Camacho de Morón.

A todo esto hay que añadir la revolución que supuso la gran asistencia de americanos que venían a aprender flamenco, sobre todo atraídos por la guitarra de Diego del Gastor, muchos de ellos alojados en la finca El Espartero que regentaba Donn E. Pohren y donde se organizaban fiestas que también dieron soporte, tanto económico como artístico, a los flamencos de la época.

¿Cómo has logrado reunir datos al respecto de esta historia?

Desde pequeño, en casa, siempre estábamos a la espera de noticias del abuelo Anzonini, siempre había alguien que lo había saludado en alguna corrida de toros o en alguna fiesta. Siempre hemos estado recopilando documentos, fotos, carteles que nos iban llegando. En el año 2001 conocí a Andrés González Gómez a través de un foro sobre flamenco, y tras llevar a cabo una exhaustiva investigación, publica en 2013 su libro Al compás de Anzonini del Puerto. Tuve la oportunidad de colaborar con el autor en la parte relacionada con la época de Anzonini en El Puerto de Santa María, aportando y buscando información, organizando encuentros con amigos y familiares de Anzonini, lo que me permitió ahondar y conocer más de cerca sus amistades. La investigación realizada por el autor tanto en España como en EEUU me ha permitido acceder a mucha información de la que antes no tenía constancia.

Por otro lado, en la presentación del libro conocí a Jerónimo Velasco de Morón de la Frontera, uniéndomos desde entonces una gran amistad. Jerónimo ha participado en la organización del Gazpacho de Morón desde sus inicios. Mucha información procede del Fondo Flamenco de Jerónimo y muchos datos facilitados por los flamencos de la época que me han permitido tener una idea de lo que fue aquella época.

Tú tocas la guitarra, y también tienes nociones de cante y baile. ¿Aspiras a hacer lo mismo que el abuelo Anzonini?

El flamenco me fascina desde pequeño, toco la guitarra desde los ocho años y ya de mayor estudié en la escuela jerezana de ‘El Carbonero’.  Canto y bailo como me sale, en este aspecto soy muy poco disciplinado. Para mí supone una gran responsabilidad, y rara vez me subo a algún escenario, creo que a mi abuelo le pasaba algo parecido. Prefiero el flamenco de cercanía, de la juerga improvisada, del rato de inspiración y de pasarlo bien en una reunión. En este sentido sí aspiro a ser como Anzonini a disfrutar del flamenco que surge y no se encuentra premeditado. Por otro lado, Anzonini no hacía flamenco a secas, no era su trabajo, él desarrollaba una filosofía de vida utilizando como vehículo el flamenco.

¿Gusta el flamenco en tu familia? ¿Hay algún artista?

El flamenco está arraigado en mi familia, he nacido escuchando flamenco. La familia que desciende de Anzonini ha sido poco extensa: mi madre (3 hijos) y mi tía (4 hijos). A todos de una forma o de otra les llega el flamenco, pero ninguno nos hemos dedicado a ser artista profesional.

¿Creó escuela Anzonini, o siguió una línea establecida?

Está claro que Anzonini imprimía su personalidad en el baile y que hacía algo especial y genuino, en la misma línea pero distinto al resto de artistas festeros.  De alguna manera ha aportado estilo y pautas a los actuales artistas festeros.

Aunque no puedo corroborar este aspecto, una prima suya, María Bermúdez, de Jerez de la Frontera (no guarda relación con la actual bailaora así llamada), hablando de su infancia cuando los primos vivían juntos a la edad de 13-14 años, me comentaba que él se llevaba todo el tiempo haciendo compas, tocando palillos, ademanes y recortes de baile.

Por otro lado existen referencias de que Anzonini seguía el corte de baile que realizaban ‘Las Coquineras’, destacando la bailaora festera Antonia Gallardo ‘La Coquinera’ (1874-1942).

¿Qué sabes de sus años en Estados Unidos?

Esta es una pregunta extensísima. He tenido contacto con algunos de los norteamericanos que compartieron historias con Anzonini. Paul Shalmy, por ejemplo, fue uno de ellos, acompañaba a mi abuelo y estuvo en su última visita en mi casa en la primavera de 1983. Sé que fue quien ayudó a Anzonini a trasladarse a California a mediados de los años 70. Una vez allí fue muy bien acogido y se hizo un sitio en Berkeley. Daba clases de baile flamenco y hacía gala de sus aptitudes de cocinero y carnicero, vendiendo embutidos que fabricaba artesanalmente, que le permitía subsistir económicamente. Hay un completo anecdotario al respecto.

Estando en EEUU participó en un documental sobre la repercusión del ajo en las distintas culturas y claro, él representaba a la parte española. El documental fue producido por Less Blanc, Garlic is as good as ten mothers, ¡una verdadera joya!, no tiene desperdicio.

Sé que también tuvo relación con las Universidades de San Diego en California y Washington, dando conferencias en las que se hacía acompañar de la bailaora Marcia Sánchez ‘La Romera’, los guitarristas Kenny Parker, Gerardo Hayes, David Serva o Chris Carnes, entre otros. Tuvo especial conexión con el departamento de etnomusicología de la universidad de Washington donde colaboraba en bastantes ocasiones. Además, me consta que tuvo contacto con Sabicas.

¿Qué es el legado flamenco de Anzonini? ¿Es relevante para la generación actual?

La nueva generación de artistas festeros, por muy jóvenes que estos sean, tienen referencia de Anzonini y lo especial de su baile, sobre todo en el triángulo Sevilla, Cádiz, Málaga. Pero lo realmente sorprendente es la comunidad de aficionados flamencos que creó en California, dando continuidad al germen que se produjo en los años 60.

¿Crees que el arte del festero flamenco está en vías de extinción?

Pienso que existen tendencias que se desarrollan más en una época que en otras. Está claro que el flamenco evoluciona como evoluciona la sociedad, ya que obedece a una forma de exteriorizar sentimientos. Actualmente se entrecruza la gran industria con un componente económico que es difícil sortear, y puede ser que no todo el flamenco pueda encajar en esa vorágine de producción. Esto no debería ser la espada de Damocles de los artistas festeros, pero está claro que pone en peligro su desarrollo. El festero seguramente perdurará en su propio hábitat en el flamenco de corta distancia, en el de inspiración y estará reservado solo para los afortunados que puedan ser testigos, como siempre ha ocurrido.

 

Anzonini con Fernanda de Utrera. Foto: Robert Klein

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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