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Manolita de Jerez: un tesoro olvidado

La tesitura de su voz y el decir poderoso recordaban a La Paquera, pero luego, su capacidad de llevar la voz hacia dentro te sonaba a la Niña de los Peines.

Todos sabemos que muchos artistas grandes del flamenco se pasan la vida trabajando y sacrificándose para perfeccionar su arte, esperando ganarse la vida dignamente, aunque la mayoría nunca llegan a ser figuras. Otros logran cierto éxito, para luego quedar olvidados después de llevar sus actuaciones por el mundo entero.

He aquí un breve pero sincero homenaje a uno de aquellos intérpretes olvidados. Me quedé prendada de la voz de Manuela Cauqui Benítez, Manolita de Jerez, allá por el año 1962 cuando la escuché en una grabación de la compañía de José Greco. En los primeros años sesenta pude comprar discos de cante en una tienda en Nueva York llamada Casa Moneo, y allí fue que descubrí la grabación del bailaor/bailarín José Greco, con el sonido evocador de Manolita. La tesitura de su voz y el decir poderoso recordaban a La Paquera, pero luego, su capacidad de llevar la voz hacia dentro te sonaba a la Niña de los Peines. Con cierto deje orientaloide, el compás de Jerez y la influencia de don Antonio Chacón fue una receta irresistiblemente flamenca.

Sin embargo, tan olvidada ha sido esta cantaora en tiempos actuales que cuando mencioné su nombre en una mesa redonda de expertos en el cante jerezano, me aseguraban que no había tal artista en esta ciudad, y sin duda sería alguien queriendo aprovechar el nombre de Jerez.  No obstante, descubrimos que Manolita no pudo ser más jerezana, con raíces tanto en el barrio de Santiago, donde nació, como en San Miguel, donde vivía más tarde, muy cerca de la casa donde nació Paquera, además de pasar los últimos años de su vida en el barrio de La Plata.

El padre de Manolita trabajaba en un típico tabanco jerezano donde la gente se reunía para compartir copas y cante. Cuentan que su madre y hermanas cantaban muy bien.  Con 15 años, cantó en el Teatro Villamarta de Jerez, y con 18, grabó algunas canciones populares con la guitarra de Manuel Bonet, aunque en el Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco se menciona al guitarrista Juan González Núñez “Triguito” como “el tocaor predilecto de Manolita de Jerez”.  En estas grabaciones, no se detecta la enorme capacidad y flamencura que Manolita exhibiría sólo unos años más tarde cuando José Greco la reclutó para su recién fundada compañía.

El Greco tenia buen olfato para el talento. Los cantaores que seguirían a Manolita en la compañía en años posteriores –cuando ella no podía continuar trabajando debido a cuestiones de salud– eran Pepe de Algeciras (junto a su hermano Paco de Lucía), seguido de Juan Vallejo (sobrino de Manuel, y que no debe confundirse con el cantaor Juan Torres, de nombre artístico “Juan Vallejo”) y Pepe de la Isla, entre otros.

Manolita de Jerez le canta al Greco en dos películas muy conocidas: en 1956, La vuelta al mundo en 80 días, y en 1965, El barco de los locos. También interviene en al menos dos discos LP con el famoso bailaor: Flamenco Fury (1958) y Noche de Flamenco (1959), donde canta granaína, milonga, serrana, malagueña, alegrías y guajira.  Recuerdo como especialmente conmovedora la milonga “Guadalupe de mi alma”, pero no he podido localizarla en audio.

Manolita fue considerada una excelente saetera.  En su Gran Libro del Flamenco (Vol. 1, p. 277), Manuel Ríos Ruiz incluye su nombre en una lista corta de expertos en saeta junto a Manuel Torre, Isabelita de Jerez, el Gloria y otros intérpretes legendarios. En Madrid llegaría a compartir escenario con Rafael Farina y Porrina de Badajoz.

Con unos 50 años, una infección rara que más tarde le dejaría ciega hizo necesario su regreso a España después de décadas en los Estados Unidos. Había nacido en 1925 y, aunque no he podido precisar la fecha de su fallecimiento, hay referencias a los años finales de los 1980. Las canciones populares que se encuentran en Youtube no le hacen justicia, pero toma un par de minutos para al menos escuchar estos sorprendentes fandangos acompañados por el Niño Ricardo, especialmente el segundo, un estilo cuya autoría se disputa hasta el día de hoy por los respectivos seguidores de Juan Varea y del Niño León, y que Manolita personaliza magistralmente:

 

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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