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Utrera y su Potaje

Este año no habrá Potaje Gitano, ni cuchara de palo para añadir a la colección en casa. Pero el flamenco de Utrera no es un fenómeno fugaz que va y viene. Es el sustento diario del alma en esta ciudad donde el arte jondo se siente sutil, natural e intensamente.

Tiempos locos estamos viviendo. De aquí a décadas, el año 2020 será recordado y estudiado, y jóvenes eruditos escribirán sus tesis basadas en recuerdos de las vivencias de sus bisabuelos. El año que suspendieron la Semana Santa. Así como así. Después de blanquear los pueblos de Andalucía y erigir los palcos, hubo que desmontarlo todo.  Tampoco había Feria de Abril en Sevilla. Ni la Feria del Caballo en Jerez… De hecho, casi cualquier evento, público o privado, incluyendo bodas, bautizos y otras celebraciones que los seres humanos disfrutamos tanto, se ha suspendido.

 

«Fue casi audible la formación de nudos en las gargantas de todos los presentes en el espacioso campo atlético cuando Bernarda, llorando, aceptó el ramo»

 

Y entonces, hace solo unos días, la Hermandad de los Gitanos de Utrera publicó la noticia que todos esperamos como inevitable. Un microscópico fragmento de proteína, un virus, le está privando a Utrera de su Potaje Gitano por primera vez en 63 años. El festival pionero que comenzó tan humildemente, llegó a definir una época que ahora puede estar en vías de extinción. El formato del Potaje llegó a ser el modelo para muchas docenas de eventos similares en toda Andalucía y otros sitios. Los festivales de verano que finalmente aportaron nóminas generosas, reconocimiento y dignidad a los artistas que ya no estaban obligados a actuar en el circuito de teatros con espectáculos de variedades que a menudo incluían cómicos y vedettes, han sido suspendidos por motivos de la salud pública.

Aquel primer Potaje se celebró el 15 de mayo, 1957, con un puñado de artistas y unas mesas para 60 comensales. Fue una época de evolución para el flamenco. En Francia, la primera antología de cante flamenco de la historia estaba a punto de ser editada, y en Madrid el primer tablao flamenco de la época moderna, Corral de la Morería, abrió sus puertas. En Algeciras, un niño de diez años, Paquito de nombre, soñaba la música de guitarra destinada a ser la banda sonora del flamenco que nos conduciría al nuevo milenio. Carmen Amaya estaba demostrando su extraordinaria intensidad a un público extranjero que todavía confundía el baile flamenco con el Jarabe Tapatío, y un cantaor llamado Antonio Mairena estaba gestando su plan maestro para rescatar el cante de la indiferencia pública, mientras los primeros turistas de ultramar empezaban a explorar las playas ibéricas y a aprender a pronunciar “paella”.

 

Manolo Caracol y su hija Luisa. Potaje Gitano de Utrera. Foto: José Jiménez

Manolo Caracol y su hija Luisa. Potaje Gitano de Utrera. Foto: José Jiménez

 

Desde los humildes comienzos, el festival ha crecido exponencialmente para incluir casi todas las figuras de cada época, y homenajes para los más relevantes. Con el paso del tiempo, el formato crecía hasta abarcar más de dos mil personas, muchas de las cuales seguirían las actuaciones en pantallas gigantes como en los conciertos de rock.

Quizás el momento más conmovedor que recuerdo de los muchos Potajes que he presenciado fue en el año 2004 cuando a Bernarda de Utrera le fue presentado un gran ramo de flores “de parte de Fernanda”, su ilustre hermana, gravemente enferma en aquel momento. Fue casi audible la formación de nudos en las gargantas de todos los presentes en el espacioso campo atlético cuando Bernarda, llorando, aceptó el ramo.

 

«Un microscópico fragmento de proteína, un virus, le está privando a Utrera de su Potaje Gitano por primera vez en 63 años»

 

Hace 50 años, en 1971, se celebró el decimoquinto Potaje Gitano de Utrera, dedicado a Manolo Caracol. Manuel Peña Narváez, uno de los fundadores del Potaje, recordó la ocasión como una de las mejores ediciones del festival. Caracol llegó acompañado de Melchor de Marchena, Pilar López, sus tres hijas e hijo Enrique, además de su yerno, Arturo Pavón, para quien fue colocado un piano en el escenario por primera vez en un Potaje.

Los mejores momentos de aquella edición están recogidos en una grabación, XV Potaje gitano de Utrera en directo (1971), incluida en la serie Cultura Jonda. Se escucha a Fernanda y Bernarda en su mejor momento con bulerías que demuestran el poderío de estos cantes, sin frivolidad, paquetitos de flamencura que se te meten en la cabeza. El decir de Gaspar de Utrera por siguiriyas y martinete alcanza otro nivel elevado, y por tientos entrega su personal interpretación. También intervienen Pepa de Utrera, Miguel Funi, Jesús Heredia o Enrique Ortega, hijo de Caracol, entre otros.

Este año no habrá Potaje Gitano, ni cuchara de palo para añadir a la colección en casa. Pero el flamenco de Utrera no es un fenómeno fugaz que va y viene. Es el sustento diario del alma en esta ciudad donde el arte jondo se siente sutil, natural e intensamente.

Imagen superior: Fernanda, Bernarda y Gaspar de Utrera. Fotos gentileza de Antonio Torres.

 

Portada del álbum XV Potaje Gitano de Utrera, 1971.

Portada del álbum XV Potaje Gitano de Utrera, 1971.

 

Cartel del Potaje Gitano de Utrera 1971.

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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